La penúltima cita del Cruïlla de Tardor reunió este miércoles en Barcelona a dos de las bandas combativas estatales más esperadas para esta nueva temporada de salas: Tremenda Jauría y Mafalda. Ambas con material nuevo, se lanzaron la noche de Halloween, de la Castanyada, de todos los Santos… la víspera de festivo, vaya, al escenario de la sala Razzmatazz. Y, a pesar de no colgar el cartel de sold out, fue una noche redonda. Al final, ese aspecto permitió un ambiente donde se pudo bailar, perrear y disfrutar plácidamente y sin agobios.

Las de Madrid salieron primero para repasar sus éxitos y presentar, esta vez en sala, el EP “Codo con codo” (Propaganda pel Fet!, 18) lanzado esta pasada primavera. Con el autotune a tope, un par de roll ups a modo de escenografía básica y, lo que cuenta, mucha potencia, calentaron al público durante más de una hora para dar paso a Mafalda. A medida que avanzaba el espectáculo de luces fucsias y reggaetón feminista el cuarteto madrileño se fue deshaciendo de los instrumentos para acabar bailando y perreando a lo grande. A destacar de la primera tanda de temas, “Tu no eres mi papi”, con una pizca de rock duro y guitarreo que formó una mezcla explosiva con el reggaetón de base que llevan. Durante la noche las dos bandas consiguieron crear un ambiente festivo y desenfadado con un mensaje de respeto en todo momento. Tremenda Jauría llegaron hace unos años para sacarnos de la cabeza que el reggaetón es un estilo de música subordinado al machismo y así mismo lo van mostrando en cada escenario que pisan —y perrean— con temas cuyas frases se han convertido en himnos de la calle como “Esta noche” y “Con tol deskaro”.

Se apagaron las luces y era el turno de la banda valenciana, el plato fuerte de la jornada. Nueve personas en el escenario, perfectamente sincronizadas, que pasan de un estilo a otro con una facilidad y potencia envidiables. Así resumimos el nuevo espectáculo de Mafalda en la presentación del disco “Palabras forman caos” (2018). De rap a rock, de reggae a hardcore… la mayoría de las canciones de este grupo empiezan con un estilo, pero no te creas que terminarán con el mismo. Comenzaron con la explosión de versos imposibles de “Las que faltaron”, primer single de dicho disco, y a partir de ahí tanto las tres voces como los instrumentos no hicieron más que crecer. Siguió “Blood ties”, también del nuevo trabajo y después alternaron temas nuevos con otros de antiguos discos. A pesar de que no hace ni un mes que sacaron el último álbum, el público lo acogió con los brazos abiertos en forma de cánticos al unísono. Y es que casi una decena de los temas que sonaron fueron del nuevo trabajo. ¡Una presentación en toda regla! Aún así la más coreada fue “En Guerra” seguida de “La llorona” y, sinceramente, nadie de los ahí presentes esperábamos que fuera diferente.

Mafalda, a primera vista, puede parecer una banda joven y festiva que se pasea por festivales estatales alternativos de verano, pero cuando tienes la oportunidad de ver cómo se enfundan las guitarras, vientos y la pintura en la cara ves cómo se convierten en auténticos guerrilleros de los escenarios con un mensaje muy claro que difundir. Una banda sorprendente en cuanto a conjunción de estilos musicales pero que impone su fuerza a través de versos comprometidos y temas que acaban siendo cockteles molotov al patriarcado y a las injusticias sociales. Y así fue la noche del miércoles en la sala Razzmatazz. La banda valenciana se revistió con los atuendos de guerra para dejar claro una vez más que están ahí, con trabajo nuevo y en la primera línea de la escena alternativa combativa estatal.

Nos fuimos de la Razz con la sensación de haber formado parte de un perreo en toda regla, pero también de haber acudido a un garito de hardcoretas. Una noche donde el claro protagonista que ha unido a estas dos bandas y al público ha sido el mensaje de lucha de las mujeres como respuesta a esta sociedad falocéntrica en la que vivimos.