Presentando su séptimo disco, llegó Lapido a una sala Wah-Wah de Valencia llena de incondicionales desde los tiempos de 091, esa banda granadina maldita que, al desaparecer en 1996, fue cuando se reivindicó todo su valor. Desde entonces su carrera en solitario, con la que lleva un recorrido similar,  no se valora todo lo que debería, aunque se ha consolidado y sigue teniendo en las letras melancólicas, tristonas y de corte profundo, unas aliadas de excepción. Su sutileza y personal manera de tocar la guitarra acompaña y ayuda a ver la luz, incluso al cerrar los ojos, apreciándose sonidos y acordes, puestos en el momento exacto de la canción que tocaba.

Jose Ignacio se plantó en Valencia con sus compañeros desde hace cinco años, batería incluido con el que grabó su primer disco, para empezar el concierto con dos temas “Nadie supo decirme la verdad” y “Algo falla”, de 2008 y 2010 respectivamente, y pasar a presentar todos los temas seguidos de su nuevo álbum , excepto “Al azar”. Cuándo la cosa estaba calentita, después de un repaso a su discografía en solitario, enfiló la recta final con “El dios de la luz eléctrica” de su primer Lp y dos temas de 091, “Un cielo color vino” y “Otros como yo”. Anteriormente sonó otro tema de esa banda que lo vio crecer como músico, “Zapatos de piel de caimán”.

 

Un público entregado que cantaba todas las canciones, con una media de edad de alrededor de 40 años y que se hizo fuerte en la primera fila sentándose en taburetes, no es de lo que se suele ver en un concierto, pero será que el rock ha muerto, que alguien llame al 091, por favor… En definitiva, no se me ocurre una mejor forma de matar el tiempo que disfrutar de un directo de Lapido, aunque eso si, tienes que ser muy fan.