No falla. José Ignacio Lapido, sin ser –lamentablemente- una cara excesivamente conocida del panorama, logra agotar las localidades en un corto periodo de tiempo. Eso es, en parte, gracias a su notorio cancionero derrochado en “De Sombras Y Sueños”, “En Otro Tiempo, En Otro Lugar”, o en el excelso “Ladridos Del Perro Mágico” y el misterioso “Cartografía”, entre otros.

Por otro lado, quedaría constante su impronta en directo, difícil y complejo arte para llegar a los últimos seres escépticos y reticentes de su música.

La noche en el acogedor Teatro Lara no necesitaba de un empujón extra, para nada, pues los incipientes acordes de “No Sé Por Dónde Empezar” se valieron del sentimiento popular; incluso pasados cinco temas más del repertorio se mantenía esa primitiva llamarada por obra y gracia de “Nada Malo” y “El Carrusel Abandonado”. Antes de que “El Más Allá” echara a andar, el granadino saludó pasados los veinte minutos: “gracias por haber venido y más siendo un viernes después de un consejo de ministros. Está la cosa para echarse a temblar”.

Lapido tampoco alardea de ciertas virtudes psicosomáticas con aquello que interpreta y desarrolla, sino que fortalece el vigor de su carácter templado, sentado y con la guitarra acústica, absolutamente durante toda la velada.

Un vasto golpe poético con “El Principio Del Fin” condujo al dolor de “Por Sus Heridas” con el objetivo de ir más allá de su propia conciencia y la de su público allí presente, quienes además disfrutaron del regalo de “Pájaros”, pues como el propio músico explicó “nunca se interpretó en directo”.

“En El Ángulo Muerto”, “Cuando El Ángel Decida Volver” “La Antesala Del Dolor” y “La Canción Del Espantapájaros” (esta última con la colaboración de Paco Solana) acercaban los minutos al final del bloque principal antes de los bises, copados por el protagonismo de Quique González, el cual fue presentado para repartirse méritos haciendo “En Medio De Ningún Lado” a dúo y “Algo Me Aleja De Ti”, íntegramente cantada por el cantautor madrileño. Una admiración y respeto mutuo plasmados, ambos, en escasos diez minutos totales.
La seguridad era total, así que nada pintaba negativo, salvo un nuevo envite de Lapido hacia la política: “nuestro bienamado Ministro de Cultura dijo que la solución a todo era que los músicos cobraran menos”. Seguidamente entonaba “La Hora De Los Lamentos”.
Prácticamente dos horas de concierto que tuvieron en la guinda de un segundo bis a “Olvidé Decirte Que Te Quiero” acercándose al final, no sin antes degollar demonios con “La Torre De La Vela” en un emotivo homenaje a 091 para desangrar las dudas que pudieran quedar en el aire.