Hay conciertos, como el de ayer por la noche, que sirven para confirmar la enorme valía de sus protagonistas. Una apreciación personal que sitúa a John Grant en el podio de la canción emocional compuesta con la elegancia que siempre otorga el piano de cola, y aupada gracias a una voz tan sólida como aterciopelada y bella. Allí compartiría protagonismo con Antony Hegarty y Rufus Wainwright, pero mientras el primero simbolizaría el Manhattan más bohemio o arty y además parece haberse perdido por un exceso de adulación mal digerida; y el segundo estaría más cerca del Hollywood excesivo, algo banal y vacuo, John Grant sería ese chico de provincias ajeno a los fastos, sensible, frágil y próximo, muy próximo. Tan cercano que dejó a la acomodada platea del Apolo de Barcelona sometida a un lavado de karma emocional, acompañado tan solo por un músico de apoyo con el que se iba alternado al piano y un sintetizador que proporcionaba el imprescindible apoyo de los arreglos en canciones como “It’s Easier” o las cuerdas de “Marz”. Dos momentos maravillosos y mágicos que, junto a la todopoderosa “Where Dreams Go To Die” y el epatante clasicismo de “Caramel” ya en la recta final del concierto, se convierten en las canciones más destacables de su repertorio. Un set que inició con dos temas de su próximo trabajo aún por publicar, la cachonda “You Don’t Have To” y la más tristona “Vietnam”, que nos hacen prever un disco que seguirá derroteros parecidos al imprescindible “Queen Of Denmark”, que tantas satisfacciones está reportando, por fin, a su autor. A los dos temas noveles le siguió “Sigourney Weaver” con la que marca el inicio de un viaje emocional a través de un disco que casi interpretará en su totalidad y que nos deja con un maravilloso sabor de boca y la seguridad de haber visto a ese chico de provincias cuya modestia lo eleva a la categoría de maestro de la emoción y la melodía suave, tierna, conmovedora. Si hay música que sirve como bálsamo, John Grant es el médico que todos deberíamos tener. Y lo es porque ha estado en el lado oscuro, pero ha vuelto para narrarlo. Ahora a nosotros nos toca hacer los deberes y recuperar discos igualmente maravillosos como “Goodbye” de su anterior banda The Czars, porque si se me permite el chiste fácil hay que darle al césar…