Pocas bandas en el metal actual tienen una carrera tan sólida y coherente como High On Fire. El trío de Oakland se mueve hacia adelante, retorciendo un poco más su sonido en cada disco, tanto por sus propios méritos como por la cuidadosa y acertada elección de sus productores. Desde sus primeros álbumes con Billy Anderson a los producidos por figuras legendarias como Steve Albini o el clásico de la escena de Seattle Jack Endino, los sonidos más limpios y comprimidos de Greg Fidelman y el carácter contemporáneo del gurú Kurt Ballou, la discografía de la banda es el fiel reflejo de esa evolución imparable que, más de quince años después de su fundación, les mantiene en una forma inmejorable. Su nuevo álbum, “Luminiferous”, acaba de llegar a las tiendas, motivo principal para visitar nuestro país y descargar sus nuevos temas en directo.

Matt Pike, uno de los frontman más carismáticos e “hijosdeputa” de la escena, es más que suficiente para llenar un escenario. Si además tiene a un tipo como Jeff Matz a su derecha y a un animal como Des Kensel empujando todo desde la batería, no tenemos a un simple power-trío, sino a una auténtica bola de demolición. Así atacaron los primeros temas de la noche en Bilbao, con una bestial descarga de sonidos saturados que ahogaban la voz de Pike y que se superponían unos sobre otros. El sonido no era claro, pero era aplastante. Enseguida llegó “Rumors of War” y, aunque estaba claro que esa sería la tónica acústica durante el resto de la velada, también era indiscutible que la banda estaba por encima del sonido y las circunstancias. Continuaron con dos temazos del nuevo disco, “Carcosa” (que nos trajo a la mente su mención en “True Detective“, una serie tan oscura y densa como la música de High On Fire) y el brutal “The Sunless Years” y para la mitad del bolo ya nos parecía que, sonase como sonase, sonaba como tenía que sonar.

Cuando un grupo toca con semejante energía, con una compenetración tan ajustadamente sucia y cabrona, lo de menos es si suena formalmente bien. Hemos venido a que nos incrusten sus temas entre los ojos, y eso es exactamente lo que hicieron. Pike es el hijo que hubiera querido tener Lemmy y High On Fire son, ideológicamente, unos Motorhead del siglo XXI: más duros, más densos, más oscuros y más pasados de rosca a cada tema.

A pesar de tirar de su nuevo disco en casi un cincuenta por ciento del repertorio, no hubo bajones ni respiro en ningún momento. Los nuevos temas son tan poderosos como los que extrajeron de algunos de sus ya clásicos álbumes o los apabullantes “Fertile Green” y el doomero “Madness of an Architect”  incluidos en su anterior discos “De Vermisi Mysteriis”. Pike, un auténtico maestro del riff que sabe cocinar de forma acelerada su herencia doom y stoner, es también un guitarrista extremadamente personal. Tanto en las rítmicas como en sus anárquicos solos, su estilo es tan zafio como contundente, tosco y sucio, pero inmejorable en esta banda. Como ocurre con los más grandes, es imposible imaginar a cualquier otro tocando estos temas porque, independientemente de innecesarias consideraciones ortodoxas, nadie lo haría tan bien. Tiene sonido, ideas y un estilo propio, que es mucho más de lo que pueden decir la mayoría.

Después de poco más de una hora de trallazos inmisericordes, el esperado “Snakes For The Divine” puso un glorioso fin a un bolo sin bises. Un set corto, pero apoteósico, de una banda que hace honor a su nombre. Porque están muy arriba.