El cumplimiento de los horarios de inicio y fin de los conciertos no es nada habitual en Valencia. Por eso cuando Stereohate, que esa noche ejercían de teloneros, aparecieron en el escenario aún había alguna gente fuera de la sala poniéndose a tono. Insana costumbre y más si te estás perdiendo a una de los combos metálicos más interesantes de la ciudad -junto a los enormes El Agente Naranja-. Esta vez, cuarenta minutos fueron suficientes para constatar que la banda está más que preparada para defender sus canciones en escenarios grandes y ante concurridas audiencias. Repasaron su carta de presentación, “Peanuts”, y tocaron dos temas nuevos, aunque enmarcados en la línea ya definida: nu-metal cantado en castellano, de inspiradas melodías y arreglos electrónicos.

Por el contrario, Hamlet, con la audiencia entregada desde el primer segundo, desarrollaron una actuación sin sorpresas ni sobresaltos. Cuidan las formas y el sonido, la imagen (todos de riguroso negro) y obviamente el repertorio, quizás hasta el extremo de que apenas queda lugar para lo espontáneo, para la frescura, lo que a algunos nos produce una grave sensación de tedio. La alargada sombra de Deftones que planea por sus dos últimos trabajos (los temas de “Insomnio” y “El Inferno” ocuparon el ochenta por ciento del show) resulta ser un lastre demasiado pesado para una banda con una trayectoria más larga que la de los cinco de Sacramento. Hora y media después, con un buen puñado de fans cantando torpemente junto a J. Molly, mantengo la misma opinión. Todo demasiado calculado y previsible. A la hora de escribir estas líneas (apenas una semana después) me resulta realmente difícil acordarme del repertorio. Será sintomático.