El FÀCYL –aka Festival de las Artes y las Ciencias de Castilla y León– volvía a convertir Salamanca, una edición más y durante varios días, en un mapa artístico y musical con –en el plano musical– conciertos repartidos en espacios tan esenciales como el Patio Chico, la Plaza Mayor y La Casa de las Conchas. Un festival que, en efecto, no solo programa música, sino que la acompaña de otro buen montón de disciplinas artísticas cambiando durante esas jornadas la fisonomía de la ciudad a través de ellas.
En ese plano musical, el Patio Chico abrió la programación Miniño, una banda en pleno crecimiento que, tras “La Mitad”, confirmaron su evolución hacia un proyecto más sólido y en donde conviven pop, ciertos toques de screamo y post y una sensibilidad cada vez más definida, y que en el FÀCYL firmaron un pase con hechuras ya de grandes. Allí también destacó Rosalinda Galán, quien reinterpretó la copla desde una mirada electrónica junto a Ainoa Buitrago, alternando nuevas canciones propias como “La Romancera” con revisiones de standars del género como “Farsa Monea” en un directo imperdible, durante el que asumió riesgo y control.
La Plaza Mayor vivió su primer gran lleno con Walls, convertido a estas alturas en uno de los nombres de la nueva ola pop-rock nacional, que desde “Flores Mustias” hasta “Malavida” confirmó su salto al gran formato con un espectáculo de fuerte conexión con el público, acompañado, además, de una banda de altura secundándole. En el Patio Chico, Gara Durán firmó uno de los momentos más delicados del festival con su pop elegante y sofisticado que ha evolucionado hacia sonidos más abiertos en sus nuevas canciones, todo ello sin perder identidad.
El pico llegó con Shinova, que llenó la Plaza Mayor en un momento clave de su carrera tras finalizar la gira de “El Presente” y comenzar la de “La tormenta perfecta”, reforzando su directo con un cuarteto de cuerda y consolidando un show de grandes recintos ya plenamente asentado. Las Conchas fue tomada por la parte electrónica del festival, en donde tuvo lugar el cierre de cada jornada y con el espacio transformado en pista de baile gracias a las sesiones de Skinyz, Sora Éke y BLUNTz, acertadas todas ellas tras virar hacia sus especificaciones estilísticas.

El emblemático edificio confirmaba así su papel como espacio nocturno clave en la identidad del festival al tiempo de ver potenciada su popularidad. Otra edición para recordar de UN FÀCYL cuyo mayor acierto sigue siendo una diversificación no solo estilística, sino capaz de activar la ciudad a través de distintos escenarios, públicos y formas de entender disciplinas artísticas como el teatro, la literatura y, por supuesto, la música.

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