Como antes
Conciertos / Eskorzo

Como antes

8 / 10
Mariona Longarón — 08-11-2021
Empresa — Rootsound
Fecha — 06 noviembre, 2021
Sala — Apolo, Barcelona
Fotógrafo — Charlie Pérez

Pasaporte Covid primero. Pienso en la última vez que vi el Apolo, abarrotado un miércoles en Caníbal o un jueves en Cupcake. Vuelvo a subir esas escaleras rojas como antaño y llego a la sala 1, con cierta emoción de aquella que regresa, después de años, a su antiguo hogar. Mi acompañante se queja, ya me avisó de que entrábamos demasiado pronto. Así que bajamos a la sala de fumadores, donde, un silencio jamás visto allí, me para en seco. Definitivamente, entramos demasiado pronto.

Una chica se acerca a pedirnos fuego y le regalamos un mechero que nos sobra. Echaba de menos este momento, el conocer y dejarse conocer con desconocidos sin mascarilla que me impida ponerles rostro. Parece que ella también lo echaba en falta y nos explica que cuando estudiaba en Granada no había fiesta alguna sin Eskorzo encima del escenario.

Porque Eskorzo tiene solera y está celebrando sus 25 años en el mundo de la música con este directo de “A Fuego Suave”.

El telón se abre. Las luces parpadean frenéticas al ritmo de “Amenza fantasma”, el séptimo tema de su álbum “Camino de fuego”. Tony Moreno, voz de Eskorzo, saluda con su carismática boina y nos da la bienvenida. Siguen con “La Pena”, aunque en la sala no hay pena alguna, que encontramos en su último álbum Alerta Caníbal. Coordinación no les falta: vientos bailando a izquierda, cuerdas a la derecha, voz animando la fiesta con ritmo a sus espaldas. ¡Ska!: pasito a un lado, pasito al otro y se crea el efecto espejo, con la respuesta de un público entregado balanceando los brazos.

Tony agradece ese momento. Las sillas y la distancia obligatoria forma parte del pasado que aquí nos queda lejos. Volvemos a “Camino de Fuego” con “Gilon”. Jose Gustavo Ppgu introduce el tema con su bajo. Negro y rojo predominan encima del escenario. Pasan a la canción “Camino” añadiéndole un inesperado solo de percusión. Zeke Olmo aguanta la baqueta con la boca y se regodea en la percusión latina que lo envuelve. Demuestra su buen hacer.

La batería frenética del ska cesa y entra la percusión con el son y la batería con la cumbia. Suena “Herida Abierta”. «Ahora sí, papi» suelta mi acompañante. Manuel Collados hace rato que anda demostrando un muy buen uso de la distorsión de su guitarra.

Zeke aparece con el tumbao al piano (¿desde cuando también lleva un piano?) mientras Jimi Gracía se marca un solo de trompeta. Sé que no se me está permitido, pero no puedo evitar sentir cierta preferencia por estos dos músicos.

Se apaga la luz y cuando vuelve... magia. Tony aparece solo con una guitarra y toca una versión más íntima de “La Tumba”, que en Alerta Caníbal acompaña Amparanoia.

La cosa hace rato que se ha animado. Hemos acabado nuestras cervezas y mi compañero me da el tono soplando la botella vacía cuando entra “Pinta la pared”, tema del álbum “Encanto de lo irreverente”. «Esto es como volver a vivir otra vez» expresa Tony con el inicio de este disco que celebró los 15 años de la banda y que brinda al directo un sonido punk. De nuevo, vuelve la percusión latina. Dedican un coro al poeta de su tierra, el granadino García Lorca, y siguen con “Los besos que me dabas” animando al público a darse besos como en las fiestas de antaño. Tony expresa un «fua» de emoción que acompañaría a la perfección con un chupito y un cigarrillo, pero mejor no, que sino lo echan.

A mitad de concierto, se crea el momento intenso de todo directo: las luces tenues, la gente abrazada haciéndose selfies mientras se balancea y canta el «ojalá estuvieras aquí...». El tema finaliza con la entrada de los vientos con un entregado Pruden Valdivieso al trombón.

Los músicos descansan y se toman la cerveza que hace dos canciones les sirvieron. Se respira un ambiente familiar que prepara el terreno a “Siete Vientos”: el último single de la banda escrito durante la pandemia y publicado el pasado 7 de mayo. Un tema que cuenta la historia de siete músicos, siete vientos que empujan, a pesar de las dificultades, con la pasión por la música como motor.

Estamos llegando al final y Eskorzo ha combinado hasta ahora ska, cumbia, rock, son y reflejos de otras músicas del sur. Un sonido variopinto que no inconexo. José Uribe alarga su repiqueteo en el charles de la batería para poder acabarse la cerveza antes de empezar el tema. Todos esperan tranquilos, pero atentos, y acaban por entrar con “Alerta Caníbal”, tema que da nombre a su último álbum.

Con un redoble de tambores desaparecen y se apagan las luces. Esto no ha sido el final, claro está, lo saben ellos y lo saben sus fans que esperan que vuelvan sin gritar «¡otra, otra!». Vuelven con la cumbia de “Suave”, donde Zeque se anima con un solo. El público lo sigue en su caminar latino hasta que, virtuoso, ya nadie puede seguirlo. Y, en una batucada, empieza “Acelera”.

Nos brindan un último tema fuera del setlist: “El que tenga el amor”. Bajan del escenario y el mayor pogo de la velada les rodea. El segurata no puede parar al gentío. Eskorzo se despide emocionado con un «gracias por estar de pie».

Esta noche, al igual que muchos de los presentes, he vuelto a tener quince años, con mi cresta y mi necesidad constante de armar un pogo. Una época en la que jamás nos hubiésemos imaginado sentados en sillas, reprimiendo las ganas de bailar, ni ocultos tras la mascarilla sin expresión alguna. Definitivamente, aunque Eskorzo no ofrezca un sonido diferente al que trajo a principios de siglo el mestizaje, creo que han ofrecido lo que ellos mismos esperaban: volver a vivir un concierto como antes.

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