¿Se puede seguir queriendo a Eddie & The Hot Rods en 2018? La respuesta es que sí, pero aquí se acabaron las oportunidades de verlos en directo. El domingo al mediodía a lo largo de una hora exacta de reloj, fuimos testigos del adiós definitivo de esta legendaria banda que lleva más de 40 años sobre el escenario, sobre los que Joe Strummer afirmaba haber visto la palabra punk por primera vez, asociada a los mismos, y aunque ya viniesen pregonando que era el “Beginning ot the End” desde el año 1977 ese final ha tardado en llegar.

El único componente original a día de hoy es el vocalista Barrie Masters, partícipe en el debut de los Sex Pistols en el ‘Marquee’, miembro de una de las bandas que transitaron desde el pub rock hasta la explosión del punk británico en el año 77, que giraron con los Ramones y compitieron con AC/DC por un llenazo de local, en definitiva, un músico que estuvo presente en momentos históricos y que el domingo mostró un total y humilde agradecimiento hacia el público tema tras tema. Coincidencia curiosa además, que Dean Rispler de los Dictators, coetáneos de esa misma época al otro lado del océano, estuviese también entre el público del Satelite T.

Dipster Dean aprovechó los primeros minutos pre-concierto para repartir varios CD’s del grupo Headline Maniac, donde el propio Dipster (bajo), Simon Bowley (batería) y Chris Taylor (guitarra) tres de los músicos que durante estos años han girado con Eddie & The Hot Rods siguen con su trayectoria y dan continuación al mismo estilo musical.

Con un público balanceado entre nostálgicos, fans primigenios, ingleses y gente más joven, la banda ofreció un repertorio de temas breves pero concisos, fieles al estilo original, con una energía que por lo visto no se había visto mermada tras la noche anterior en el Hell Dorado.

Tras tratarnos de ladys y gentlemen dieron comienzo con “Get Across To You”, tema con el que también abrían su primer LP con el que dieron el pelotazo en el 76. No podía faltar la “Teenage Depression”, lema incontestable en el Teenage Top, que en su día motivó a Riff Randell contra cualquier amenaza de detención en la Rock’n’Roll High School, sacudiéndonos también a nosotros cualquier preocupación de encima. Acertaron en acortar “I Might Be Lying”, mientras Richard Holgarth (guitarra) nos daba una clase de solvencia al plasmar parte de esos temas que primeramente fueron interpretados y grabados a doble guitarra, sin que echásemos nada en falta. “Quit This Town”, incorporada al repertorio por petición del público, daba paso al boogie característico y poderoso de “Telephone Girl” mientras Dipster y Richard mantenían el groove. “Better Without You”, “Life On the Line” y “Why Should I Care”, siguieron sin grandes pausas.

A destacar la pátina de punk rock con la que barnizaron la versión de “Steppin’ Stone” de los Monkees, con un incansable Simon Bowley a la batería, la rockera “Bad Time Again”, y la versión de la visceral “Hard Drivin’ Man” de J. Geils. Exponentes todas ellas de una banda que no encaja en ninguna etiqueta. A un Barrie Masters casi descamisado le caían chorros de sudor por la frente cuando nos hizo corear “Do Anything You Wanna Do” y la sesentera multi-versioneada “Gloria”, que los presentes conocían al pie de la letra.

Acabaron con un “Born To Be Wild” como firma de despedida y autoafirmación de su condición, sin dar paso a bises y con un “Who Will Save Rock And Roll?” saliendo a todo trapo de los altavoces del local. Cuarenta años después algunos se lo siguen preguntando.