Dame más, ¡hermoso! Así es como creo que nos quedamos la mayoría de los responsables del sold out del martes en el Apolo de Barcelona.
Que sí, que ya sabemos qué tipo de “espectáculo” vas a ver si te apuntas a un concierto de música psicodelico-folk-trovadoresca. Pero creo que no le hubiese costado mucho al venezolano y a su banda dar un poco más. Si no en intensidad, al menos en cantidad.

Apareció el neo-hippy espiritual, pintor, compositor, venezolano y estadounidense Devendra Banhart a las 21:20, entre un griterío de voces, (no nos vamos a engañar) la mayoría femeninas. Y no es que estemos ante una boy band o ante otro Ricky Martin o (en su debido rango) ante Justin Bieber, pero las cosas son como son. Este tipo gana fans con una carita más aseada que antaño que no le resta mérito, olé él. Pero puestos a comentar, ahí queda dicho. Este tipo no es ni McCartney ni Morricone componiendo; ni es Sinatra cantando; ni Freddy Mercury o Bruce Dickinson animando el cotarro. Devendra Banhart seduce ya con ser como es: mucha personalidad, súper genuino, único, original y como se oyó un par de veces en la sala anoche “hermoso!”. Es ese artista que tiene un nosequé místico-misterioso que hace que le des al play otra vez.

Y de esta manera, con ese misticismo espiritual de las primeras líneas de “Golden Girls” empezó todo. Cinco músicos en el escenario entonando los tres acordes del primer tema de su último disco “Mala”. Tema que define el tono del disco que Banhart vino a ofrecer en Barcelona. Y casi literalmente hablando, porque como decía antes no hubo mucho más. Los músicos interpretaron casi la mitad del disco. Pudimos, por ejemplo, oír el tema “Fur Hildegard von Bingen” (homenaje a la gran influyente alemana de la Edad Media), y ya con el tercer tema, un primer hit, con la intro de la guitarra en “Baby”. Y fue con este tema cuando el foso comenzó a calentarse tras el aperitivo del principio.

El público del Apolo disfrutaba de la presencia del artista y de sus sencillas melodías, pero fue cuando la banda ofrecía más intensidad que la gente vibraba y se emocionaba. Así es como transcurrió la velada: calma y silencio, con temas como “Mi negrita” y “Bad Girl”; y espectáculo y emoción con momentos de más energía musical como en la parte final del tema psicodélico-progresivo “Sea Horse”.

En este tono iban pasando los minutos cuando después de “Quedate Luna”, nos quedamos todos pensando: “Quedate Devendra”, pues se fue del escenario dejándonos con las ganitas de más y de que tan sólo llevábamos una hora de concierto. Y nos debieron escuchar vía ondas mentales en pentatónica menor porque un minuto después aparecieron los cinco músicos para ofrecer la ¿última canción?. Así es. Para alguien como yo que no es gran seguidor de este artista, supo a poco. Quizás fue una pena no redondear una cita con un clima tan bueno. Redondear con algo más de chicha. Hubiese sido toda una alegría escuchar y poder canturrear un “Santa Maria De Feira”, y más en una ciudad (bastante) castellano-parlante. Acabar con “Carmensita” fue alegre, y alegres nos fuimos. Pero con ganas de más.