Probablemente La Maravillosa Orquesta del Alcohol sea la banda nacional más querida. No la más famosa, rica o codiciada, pero sí la más querida. Esto no se mide en las listas de discos más vendidos, sino en las salas de conciertos, como anoche en el Hivernacle del Poble Espanyol.

Los catalanes Animal fueron los encargados de abrir la noche y de quitar la vergüenza al público que se amontonaba cerca del escenario. No éramos muchos, pero dimos la primera sudada con “Bam bam”, “Només amb tu” y “Si tot va bé”. En los veinte minutos del cambio de escenario nos dispersamos, unos a saludar a los amigos y otros a buscar cerveza para recuperar el aliento.

Y entonces sonó Johnny Cash y acudimos a la llamada. Aplausos, silbidos, “Nubes negras” y que empiece la fiesta. En cuanto sonó la primera nota de “Mil demonios” todos los cuerpos allí presentes empezamos a latir a un mismo ritmo. Los burgaleses no dieron tregua durante la primera media hora, en la que interpretaron temas de sus tres últimos discos en castellano. Durante el -literalmente- minuto que pararon, David Ruiz agradeció en catalán (¿cómo no se les va a querer?) al público su presencia y le dedicamos una ovación. Rápidamente reanudaron con “PRMVR” y nos regalaron otra media hora sin pausas en la que sonó desde el clásico “Los hijos de Johnny Cash” hasta una (re)versión mucho más rítmica, latina y explosiva de ese “Flores del mal” que grabaron en Cal Pau en 2016, maracas incluídas de la mano de Álvar de Pablo.

La M.O.D.A. Poble Espanyol Barcelona Andrea Algarra 2018

El momento más esperado del concierto fue cuando interpretaron por primera vez en directo “Altamira”, de su nuevo EP “7:47 (ni un minuto más)”. Quizás sea la canción más rítmicamente polémica de su discografía, pues es donde se nota más la mano de Steve Albini y eso ha dividido a los seguidores de la banda. Pero eso es solo en las redes. En el Hivernacle la interpretaron con tanta soltura y naturalidad delante de un público tan receptivo y entregado que caló como calaron el resto de canciones. Después del éxtasis de “Altamira”, los temas que encaminaron el final del concierto se interpretaron y corearon con una emoción especial, como de identidad, de pertenecer. David Ruiz bajó a cantar la emocionante “Hay un fuego” al foso, y luego nos regaló en solitario “Campo Amarillo”, una canción con tanta conciencia social que nos hace sentir a todos un poquito de Burgos. Y la banda volvió al completo y sonaron con mucha fuerza “Himno Nacional”, las clásicas “Gasoline” y “Nómadas”, y la gran “Héroes del Sábado”, que no podía faltar en esta gira de “Salvavida (de las balas perdidas)” (PRMVR, 17).

Y pasó una hora y media, y se acabó el concierto y nos supo a poco, pero no porque echáramos de menos algo, sino más bien por todo lo contrario. La entrega de La Maravillosa Orquesta del Alcohol en los escenarios es total, brutal, y la pasión que le ponen es correspondida al instante por un público que ha tenido el valor de aprenderse al dedillo unas letras con una retórica que, aunque a veces roza lo gongorino, qué versos, oigan. Y con ese calor recibido y ese frenesí que quemamos con premura, fuimos desalojando el Poble Espanyol no sin dejar de corear las canciones que para más de uno son ya un himno nacional.