Hace unas semanas tuvo lugar la segunda edición del Ibiza Swing Fun Fest en las costas de la Isla Balear. Esta cita sirvió como punto de encuentro para gente de toda clase que buscaba disfrutar de buena música en directo, pero sobretodo, de bailar swing. El público de este festival es realmente dispar, pero lo único que tuvo todo el mundo en común fueron las jornadas maratonianas de baile sin freno, más allá de la necesaria pausa para comer, que alguno seguro se olvidó.

Horas y horas de música y horas y horas de fiesta que se sucedieron a lo largo de tres jornadas y en tres localizaciones diferentes, una para cada día y todo auspiciado por el Ajuntamente de Sant Antoni de Portmany, el Consell d’Eivissa e Ibiza Travel.

Según iba avanzando el fin de semana, la logística del festival fue acercándose cada vez más a la costa. Partiendo desde la plaça del Nord para un ambiente más acogedor y familiar, perfecto para un primer día de contacto con la Isla, la gente y el ambiente. El segundo día se desarrolló en Passeig de ses fonts, en el puerto deportivo: un lugar más abierto y que dejaba a todo el pueblo, locales y turistas, ser testigos de la fiesta. Finalmente, el tercer día llevó el escenario a la localización más especial: Punta des molí. Todo planeado por la organización, para ofrecer a su público una experiencia distinta. Esto fue porque la pista de baile se situó en un mirador con vistas al mar desde donde el atardecer pudo verse toda claridad en el momento de cierre del festival, amenizado por músicos de la banda madrileña Madrid Hot Jazz Band en el paseo marítimo. Sin duda un se consiguió el efecto buscado y pocos asistentes olvidarán el momento.

Si bien es cierto que a menos que fueras un amante empedernido de la música swing, tantas horas de este tipo de música y de baile podían hacerse algo duras, físicamente hablando; estos cambios de localización dotaron al festival de un dinamismo poco común en eventos de este tipo. Daba una sensación de renovación día tras día, con lo que la experiencia no era nunca la misma y lo hacía disfrutable para todo tipo de público. Fue una experiencia realmente increíble ver cómo la comunidad apasionada por este estilo musical no paraban ni a descansar, y ya podían ser jóvenes veinteañeros o sexagenarios que daba lo mismo. Llevaban tiempo esperando a que llegaran las fechas y eran incombustibles. Bailaban horas y horas sin cansarse, cambiando de pareja constantemente en un ambiente de absoluta diversión y despreocupación en el que lo que importaba no era un cartel de artistas de renombre, si la cerveza era muy cara o si habías colas insoportables, sino el mero hecho de pasarlo bien.

Los conciertos de las bandas se desarrollaron sin mayores contratiempos más allá de algún leve cambio de programación o retraso y cartel estaba bien equilibrado entre bandas locales, nacionales e internacionales, a cada cual con su propio estilo. Todas ellas de calidad. Había swing para todos los gustos: bandas de jazz vocal de tono más ameno y relajante como Pinup Sound (Ibiza), bandas como Ghost Number (Donosti) que parecían salidas de Nueva Orleans en la época dorada del ragtime y otras bandas de jazz europeo con influencias balcánicas o francesas como fueron Hot Sugar Band (Francia) y The Schwings band ft. Migloko (Lituania). No faltaron por supuesto grupos de swing al estilo más clásico de Glen Miller o Count Basie, mezclando grandes temas instrumentales para bailar sin freno con piezas más vocales, clásicos de la época.

Aparte de los conciertos, el festival ofrecía múltiples actividades, como clases de baile para todos los niveles, (previa inscripción), varias master class en las que podía participar cualquier interesado, o actividades de ocio como una pool party matutina con música en directo el día de cierre. Esperemos que la edición del año que viene, que ya está en marcha, deje tan buenas sensaciones a su publico como está y cumpla en ofrecer una cita indispensable una vez más para los amantes del swing, el jazz y el baile.