Neummotórax aplastante
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Neummotórax aplastante

8 / 10
Reuben Weedianaut — 27-05-2021
Empresa — Cosmic Tentacles
Fecha — 22 mayo, 2021
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Eider Iturriaga

Finalizado el estado de alarma a principios de mayo, durante todo el mes hemos ido viendo cómo la cultura empezaba a dar pequeñas bocanadas de aire tras aflojarse levemente la presión del lazo institucional en lo que a normativa y horarios se refiere. A pesar de que muchos se han apresurado a vender su moto al grito de “¡vuelven los conciertos!”, la realidad es que son muchos más los promotores que llevan toda la pandemia bajando a la mina del underground a diario para seguir manteniendo a pico y pala el tejido cultural que llevamos apuntalando años, con la esperanza de que lleguen otros tiempos y no encontremos solamente cenizas donde antes había música, carretera y corazones.

Mikel Cthulhu y Jimmy Jazz son dos de esos mineros inasequibles a cualquier forma de pulmón negro, y tras haber tenido que cancelar la actuación de Adrift en noviembre debido al primer cierre de la hostelería, nos citaban de nuevo con ellos en la capital para la segunda edición de las Cosmic Sessions. Esta vez, los acompañantes de los madrileños (el trío sin rostro UMMO) serían, según sus propias palabras, un “capricho personal” del Primigenio, conformando un cartel cuanto menos peculiar y que veía agotado todo el papel un mes antes de la fecha. Por todos estos motivos, la expectación era evidente a las puertas de la sala antes de la apertura de puertas, donde se concentraba un nutrido grupo de parroquianos de los bolos de antaño (durante toda la tarde pudimos ver y participar en multitud de reencuentros en los cuales la gente se ponía al día de lo acontecido en sus vidas desde que no nos vemos en estos saraos) venidos de todas partes de Euskal Herria; junto a un puñado de ummitas, fácilmente reconocibles por el llamativo merchandising que vestían (y del que al final se daría buena cuenta en la mesa de merch) y que venían desde tan lejos como Castellón, solamente para ser testigos de la ascensión a las tablas de Sagan y Cía. por primera vez después de que WAAM cambiase para siempre en 2020.

Una luz verde alien (o verde Mountain Dew) se cierne sobre la totalidad del escenario, mientras una previsible humareda invade la nave, con toda la cacharrería propia del metal ortodoxo de la que se haría uso después dispuesta en retaguardia, y el flycase que serviría de puente de mando extraplanetario a la derecha. Por allí aparecería el primero de los UMMO, Mr MiLL, ante la decena de irreductibles del culto de su OYAA de origen y otro puñado de curiosos que aprovechaban la barra y parecían no tener idea de la que se nos venía encima. Unas diabólicas carcajadas anunciaban el aterrizaje del comandante en jefe y su tercero de a bordo y así, Sagan y WOA se sumaban al abordaje de la Jimmy dejando claro que no venían en son de paz. Mr MiLL soltaba las bases y corría con sus compañeros (el más enérgico de la tripleta esa tarde) para enfrentarse como hermanos a una audiencia en aumento al ritmo de los subgraves que iban arrancando la pintura de las paredes y empezaban a agrietar las baldosas de la calle, haciendo las veces de trompetas del averno llamando a los rezagados a la ceremonia.

Actuando como un solo ente, la trinidad no mostraría piedad alguna a lo largo de todo su set, poseídos por la rabia que imprime un año en barbecho en el que nunca vieron ni pisaron la calle, con el abanico en los dientes permanentemente por si hiciera falta rajar un pentáculo en la tarima para invocar al Anticristo si fuera preciso. Desde fuera puede parecer que están como una cabra, pero si prestas atención a esas letras que sus estajanovistas aullaban palabra por palabra sin desfallecer, verás que no dejan de ser unos bichos raros al igual que lo son los metaleros que poblaban la sala y que doblaban en edad al público objetivo del combo. “El Caso UMMO”, su última referencia llamada así por los sucesos de los que toman prestada su idiosincrasia junto a todo lo que huela a frikismo (sci-fi, comic, manga…), vio la luz (y no por casualidad, su modus operandi tiene más de profesional que del gamberrismo que los caracteriza) justo el día anterior, y en él se centraron y se condensa toda la rabia de una generación que no tenía futuro y a la cual le están robando también el presente. Jaleando sin parar al público, te gritan a la cara y te obligan a aceptarlos como son, te quieren hacer pensar y si piensas, la has cagado, ya no hay remedio y te han inoculado su veneno. Hablan de calle como si hablaran de las aceras de su exoplaneta en su idioma natal OEMII, pero ante un público repleto de ovejas negras, fueron capaces de empatizar con un respetable que empezó a creer y crecer según se sucedían los temas. Imposible no sentirse identificadas con la misantropía que emana su mensaje, se vuelven narcóticos a voluntad para darnos del soma que se trafica también en la Vostok 1 de Urano, y clavan todas las balas con libertad absoluta enfundados en sus perennes balaclavas; constantemente dinámicos, incansables, pasando ágilmente de las descargas eléctricas de hi-hats trap a la crudeza con la que te vomitan el rap más hardcore, para después llevarte a una suerte de Stranger Things 90’s a base de drum ‘n’ bass de barricada. Con el público rendido a su misa negra (los más hooligans parecieron elevarse en sus asientos, abducidos), nos postulan al averno cual padre Karras queriendo devolver el demonio al interior de nuestros cuerpos con esas voces abisales y la fuerza de esos bajos que pusieron a prueba nuestras cervicales. Intensos, apocalípticos, intimidantes, enormemente agradecidos y emocionados por haber podido dar un concierto aun faltando a sus propias barras; cumplieron mucho más de lo prometido y se ganaron el respeto que merecen tres ronin que portan micros por katanas.

Adrift son una de las mejores bandas metal de Europa. Punto. 20 años de carrera los avalan, a pesar de que sólo tienen tres LPs editados y de que, tras tanto tiempo en activo, hay una tendencia generalizada a darlos por supuestos, sobre todo en el Madrid del que provienen. Con la calma que da la experiencia, empiezan a colgarse los instrumentos mientras Jaime se acomoda tras su tanque, que ve elevada para la ocasión su torreta con una tarima desde la que poder acometer sin temor a dejar supervivientes. La descarga comienza a toda potencia (¿acaso saben tocar de otra manera?) y según avanza “Pure” (con la que abren fuego también en su homónimo último disco) parece que no haya ser humano capaz de controlar semejante derroche de decibelios. Pero con el cuarteto siempre viaja un quinto miembro de confianza en la retaguardia, y con la pericia que le proporcionan las batallas vividas codo con codo (también como técnico para los Toundra, en los que militan desde “IV” Macón a la guitarra y Jaime al volante y lo que se tercie), sumada al habitual buen hacer de la escrewdrilla local, Raúl tiene la situación dominada para cuando la pausa del medio tiempo de “Mist” anticipa la niebla. Desde el centro de la avanzadilla, Jorge arenga las hordas con unas partes vocales que parece provenir de los mismísimos Neurosis, con un timbre blacker tan personal y versátil que a ratos, y si una cierra los ojos, da la impresión de tener a Kelly y Von Till comandando a la tropa voz en grito. Para cuando visitan “Monolito” (su debut en largo) con “Berzocana’s Bells”, su sección rítmica ya nos tiene diezmados por medio de un virtuosismo contenido y liberado con nada más que el aplastamiento en su mira; Dani señalando el paso sin desfallecer con un headbanging marcial, y las baquetas marcando los objetivos a velocidad de crucero. Esta mirada atrás resulta tan cruda y primitiva como los primeros Sepultura , pero “Embers” nos devuelve al presente como si tuviéramos la Armada Mastodon delante resoplando, sonando progresivos como sólo Maca sabe hacer sonar, con esa forma de tocar la guitarra tan característica, como si no la tocase en absoluto; siempre vertical, casi estático, y poco dado a deleitar a las cámaras con los escorzos imposibles que se suceden a su izquierda. Del sludge-prog de Atlanta al latineo de El Paso en la misma canción, pareciera que Theodore o Pridgen estuvieran a los parches, y nos ponen a bailar metal (figuradamente, protocolos y eso) con la seguridad que da la veteranía y la profesionalidad de quien se ha curtido kilometro a kilometro de furgoneta. Su plan de ataque resulta intrincadamente simple, y si no conoces el repertorio es posible que te pierdas en sus desarrollos, pero entonces llega “Soldier of my Words” (el “single”) a salvarnos. Circular, laberíntica, con vericuetos que atraviesan sin despeinarse, pero que impactan como metralla y dejan cicatrices. Doom espeso, de una densidad que parece alterar el estado de la materia y que transmuta el (post-)metal en algo propio.

Con “Walk” llega un respiro y entendemos por qué su cantante ha elegido una camiseta de Loop para la ocasión, un uniforme que delata la pasión de la banda por grupos como Motorpsycho (según las palabras de Maca en camerinos, “los nuevos King Crimson”) y que deja claro el manejo de los tempos que atesoran sus cuatro miembros, aunque soy incapaz de discernir quién es el mariscal de campo que esconde la batuta orquestal. Porque van todos a una, y se nota. Son una escuadra que se apoyan los unos en los otros para llevar la misión a buen puerto; amigos, hermanos, familia en definitiva, como demuestran también fuera de los focos entre las ramas de ese árbol genealógico que hemos dado en llamar “escena”, le pese a quien le pese la palabra. Y cuando más relajadas estábamos, con la sensación de que el humo comenzaba a disiparse y de que el final del bolo estaba llegando para proceder al recuento de bajas, estalla “Black Heart Bleeds Black” y aquello ya parece Apocalypse Now. Impresionante cómo a estas alturas de la película todavía son capaces de alcanzar nuevas cotas, llevando la tensión a límites casi insoportables como el teniente coronel Kilgore oliendo a napalm de buena mañana. No quieres que paren. No saben parar. Son una máquina de guerra que solo sabe avanzar, un bulldozer pesado pero que también es capaz de ejecutar la blitzkrieg con la dupla final (“Abracadabra” y “Lush Lands”) que apenas tiene diez días de vida y que forma parte de esa locura Levante que es el “Grados. Minutos. Segundos.” de Berto (Spinda Records), su primo al sur del sur. Más directos y mucho más cortos que sus predecesores, no se resienten en comparación con el resto del setlist y nos muestran el lado más hardcore de una banda que ya forma parte de la Historia. La de nuestras vidas.

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