Sábado por la noche, sala Pelícano hasta la bandera de gente con muchas ganas de un poco de garage sueco. Los músicos de este país escandinavo son conocidos por su tecnicidad y la complejidad en sus composiciones, pero The Hives, los muchachotes de Fagersta, no se rompen la cabeza, saben que su público quiere bailar, cantar y pasar un buen rato.

Y eso es justo lo que nos ofrecen tan pronto como el ya famoso ninja les da paso: Come on! de Lex Hives pone a todo el mundo a dar botes y a cantar para acto seguido entonar su premiado hit Walk, Idiot. Hecho. Asistentes en el bolsillo. Desde luego Howlin’ Pelle Almqvist sabe como ganarse a sus fans. Muy comunicativo y simpático, se pasó casi más tiempo en el foso que sobre el escenario; aceptando peticiones, creando pasillos entre el aforo y hasta moviendo un amplificador frontal para que un asistente escuchara mejor desde su sitio: todo un frontman. El resto de la banda no se queda atrás, sobre todo su guitarra Nicholaus Arson y sus caras imposibles, impresiona mirarlo, parece que va a sufrir algún tipo de síncope en cualquier momento.

Sonido correcto en una sala no demasiado acostumbrada a este tipo de conciertos, sin alardes. Temas reconocibles desde el primer acorde pero con ligeros problemas en las segundas voces y guitarra rítmica. Problemas del primer mundo que no ensombrecieron un concierto lleno de hits, desde las primeras bombas ya mencionadas, pasando por Midnight Shifter, Main Offender, Won’t Be Long (con momento estático al más puro estilo Berri Txarrak) y el celebradísimo Tick, Tick, Boom. Resultado: Cervezas por los aires, air moshing, gente bailando encima de los sofás (sí, en esta sala hay sofás en los laterales del foso), lluvia de púas… Toda una oda a la diversión musical.

Justo lo que todos queríamos. Queda patente que The Hives es una banda de directo, saben darle a su público lo que quiere y se lo da sin medias tintas: crudo y al foso. El único problema no es nada nuevo bajo el sol, es una banda que lleva ya seis años sin un disco nuevo en el mercado y eso pasa factura en cuanto a frescura del directo. Los cambios en el vestuario no son un comodín siempre válido, si no que se lo digan a Rise of the Northstar.

A mitad del concierto, Almqvist nos proporcionó el primer spoiler musical para el año que viene, al invitar a los asistentes a Santiago de Compostela en el verano de 2019. Suponemos que los veremos en la siguiente edición del O Son do Camiño. Pinta bien ¿Nos sorprenderán con un nuevo disco? Ya les va tocando…

En definitiva, The Hives es una banda a la que siempre es un verdadero placer ver en directo: garage rock sin aderezos ni complicaciones, bailable y disfrutable desde el primer acorde hasta el último; sin parones innecesarios ni tirones. Son como beberse una cerveza bien fría: el primer sorbo ya te indica que la vas a gozar entera y que al acabarla sólo tendrás ganas de pedirte otra ronda.