Julian Elsie y los suyos ofrecieron un gran sonido y buenos temas propios, extraídos del recetario de Tom Waits, Dylan o Neil Young, con un final de tres versiones (Pogues, Stooges y The Velvet Underground) llevadas con clase a su terreno. Los de Atlanta, por su parte, salieron atacando al cuello, apostando duro por su último disco, “Good Bad Not Evil”. “Bad Kids”, “O Katrina!” o “Cold Hands” tienen un gancho tremendo en directo. Otros, como “Lock And Key”, les cuesta más llevarlos al escenario, pero eso no supone un problema. Tampoco que su sonido no estuviera acertado. Estos tíos se han doctorado en gamberrismo escénico y cazan sus propios escupitajos sin dejar de tocar la guitarra. Esa actitud punk se vuelve contagiosa, incluso cuando hacen incursiones en la psicodelia -como el “Hippie, Hippie Hoorah”- que tanto les gusta. Agitación en las primeras filas, cerveza por los aires y ganas de diversión. Remataron rindiendo tributo a Chuck Berry y su himno anticonformista “Too Much Monkey Business”, dejando claro que, a día de hoy, son una punta de lanza para que los sonidos del garage punk subterráneo puedan llegar a un mayor numero de oídos.