“Hecho, es simple” se publicó en 1997, hace casi veinte años, en un momento en el cual el rap nacional empezaba a enseñar la patita por la puerta de las listas de éxitos. Por aquél entonces algunos estábamos todavía en el instituto y el lanzamiento de este disco supuso el darnos cuenta de que el hip hop en castellano de calidad era posible, y que podía mirar de tú a tú sin arrugarse al que nos llegaba de los Estados Unidos o Francia. El magnetismo y ese flow tan característico y único de Mucho Muchacho, con esos versos ya míticos y ese toque vacilón y cercano; esas bases minimalistas y alucinadas de Dive Dibosso, y todo ese ambiente bien cargado de humo y de referencias al día a día de cualquier chaval de extrarradio, hicieron que muchos cayésemos en el influjo de este disco y que aún lo visitemos de vez en cuando, tanto como ejercicio de nostalgia como de reafirmación de la calidad y perdurabilidad de este disco.

Tras él llegaron un par de álbumes más, la separación del proyecto 7 Notas 7 Colores y el disco en solitario de Mucho, que ya no llegó a calar tanto como ese primer LP. Aun así, Mucho ha ido dejando últimamente perlas en forma de colaboraciones, pero estaba claro que si había algo que reivindicar era el lanzamiento de ese primer disco, que ha sucedido justo este año en el que está a punto de cumplirse el 20º aniversario de su lanzamiento y que se ha reflejado en una reedición del disco en vinilo (las pocas copias que se podían encontrar estaban a precio de caviar iraní) y una gira por salas por todo el territorio nacional que de momento ya ha visitado Madrid y Barcelona.

La formación actual no se queda coja, con Mucho como estrella del show y Mbaka – su reciente acompañante en sus giras en solitario – acompañándole a las voces, y Zemo Ese (que también puso su voz) y el ruso DJ Vadim como DJs, a Dive Dibosso se le recordó al comienzo del show, mostrando respetos y agradecimientos. Antes de nada tocó mini DJ set de Tony Touch al comienzo, con un set plagado de éxitos y lugares comunes que vinieron bien para ir caldeando el ambiente y hacer que la gente terminase de abarrotar la sala Penélope.

Un poco antes de las diez de la noche comenzó a salir el grupo y al poco apareció Mucho Muchacho rodeado de una buena ovación y ya se lanzaron hacia un atemporal “Buah!” que puso toda la sala del revés. Todo parecía ir bien, la voz no parecía que estuviese demasiado cascada, el flow intacto y el sonido bastante aceptable para la sala en la que se celebraba, pero al rato comenzaron a asomar las dudas: Mbaka parecía que era quien hacía casi todas las voces y Mucho se entretenía demasiado intentando controlar también el tema de la música, metiéndose de vez en cuando en la cabina para parar el tema o pasar al siguiente, haciendo que el show quedase algo ensombrecido por esa aparente descoordinación. Aun así la gente lo disfrutaba y coreaba cada una de las míticas letras y se fueron sucediendo casi todos los temas del ese disco, con un “Con esos ojitos” que volvió a hacer que la gente se viniese arriba. Por el camino algún arranque en falso, nuevos acercamientos a la cabina para cambiar el tema y un poco de vacile con un público que tenía ganado desde hacía bastante tiempo.

De sus otros discos solo cayeron ese genial single “Tenemos Droga” – uno de los mejores temas post-“Hecho, es simple” – y alguno de sus temas en solitario como “Aquí te pillo, aquí temazo”, que fueron recibidos casi con tanta euforia como los temas de los 7 Notas. Por lo hablado y leído a posteriori el show se desarrolló de forma parecido dos días después en Barcelona y la gente salió con la misma sensación agridulce de haber podido ver de nuevo a un grupo al que se le tenía muchas ganas por estos lares, pero de haberlo hecho en un momento que quizás no era el más adecuado. Nos queda la esperanza de que dentro de un par de meses, cuando ya tengan todo más rodado, todo el espectáculo se suceda con mucha más suavidad, sin tantos parones ni momentos de confusión; y también que Mucho recupere ese fuelle que pierde ahora a medio concierto, porque por lo demás lo tienen todo de cara para mantener el nivel de ese legado que se va pasando de generación a generación.