Underplayed
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Underplayed

8 / 10
Begoña Donat — 23-09-2020
Fotógrafo — Archivo

Las cifras impactan. Y soliviantan. Entre la selección de los cien mejores artistas dance publicada este pasado año por la revista Billboard, tan solo siete eran mujeres: Alison Wonderland, las gemelas Nervo, Nina Kraviz, Tokimonsta, Sophie Hawley-Weld, del dúo Sofie Tukker, y Grace Chatto, integrante del trío Clean Bandit.

No es porque no haya féminas innovando y produciendo en el ámbito del EDM, sino porque sus pares masculinos reciben todo el apoyo y el reconocimiento. Así lo demuestra el documental “Underplayed”, de la directora Stacey Lee, presentado esta pasada semana en el Festival de Toronto. “Este listado tiene un impacto masivo en la contratación y es un sistema que refuerza los estereotipos. Es un círculo vicioso que provoca que la misma gente esté en la cúspide de la pirámide una y otra vez”, plantea en la película Andreea Magdalena, del colectivo She Said So, una red de mujeres con roles activos en la industria de la música que aspira a crear un entorno que apoye la colaboración, la diversidad y la inclusión.

“Underplayed” ahonda en ese problema sistémico con las voces de artistas consolidadas y emergentes, pioneras de la música, activistas por la paridad y periodistas. El largometraje, rodado durante la temporada de festivales estivales de 2019, aborda la discriminación de género en la electrónica, con atención a los obstáculos que enfrentan las chicas que deciden volcarse en esta escena musical. De la displicencia a la sexualización, del impacto de la maternidad en sus carreras al perjuicio que las críticas y el acoso provocan en su salud mental, los óbices que salen al paso de una mujer cuando decide hacer de la música dance su profesión son lastres a la igualdad. “Más de un cincuenta por ciento de los puntos de vista, ideas y perspectivas de la sociedad no están siendo representadas en la banda sonora que suena en nuestro día a día”, expone Terri Winston, de Women’s Audio Mission, una organización sin ánimo de lucro con sede en San Francisco cuyo objetivo es promover el avance de las mujeres en la producción musical y en las artes de grabación.

La electrónica es una industria cultural dominada por el hombre. A las cifras se remite la directora. Según un informe del Instituto Annenberg, las mujeres desempeñan menos del 3% de los puestos técnicos y de producción en la industria de la música, porcentaje que se reduce a un ínfimo 0,3% si se trata de profesionales de color. Más leña al solivio, la revista digital Djane Mag apunta a que, entre los mejores ciento cincuenta clubes del mundo, el porcentaje de artistas femeninas programadas está en torno al seis por ciento.

No por casualidad, en 2019, los quince DJ’s mejor pagados fueron varones. Entre todos ganaron 261 millones de dólares. Ninguna mujer ha figurado nunca en esa lista. “Es la idea errónea de que la audiencia solo quiere a hombres. Resulta insultante porque las audiencias no solo consumen, sino que quieren ser inspiradas”, opina Maxie Gedge, de Keychange Initiative, una red global en pos de la igualdad de género en la industria de la música.

Las productoras y artistas que ofrecen su testimonio en 2Underplayed” lamentan no haber contado con antecesoras. La compositora, pianista y productora Suzanne Ciani, una auténtica referente en la música electrónica (ademñas de autora de la música que acompañaba el anuncio “Una Coca-Cola y una sonrisa”, entre otros éxitos comerciales), comparte que cuando empezó en los años setenta no conocía a ninguna mujer que se dedicara a la electrónica. Susan Rogers, ingeniera de sonido de Prince, la secunda: “Estas ausencias importan. Nadie quiere sentirse un bicho raro. Hacen falta referentes”.

Si buscas, encuentras, pero se han invisibilizado en el relato de la historia. El documental celebra a pioneras de sonidos electrónicos como las compositoras de música concreta Delia Derbyshire y Daphne Oram, la virtuosa del theremin Clara Rockmore y la pionera del sintetizador Wendy Carlos. Todas ellas artífices de sonidos tan hermosos como avanzados.

Mark Ronson, productor para estrellas de la talla de Lady Gaga, Lily Allen y Amy Winehouse, reconoce que cuando un hombre produce su propio trabajo “se acepta como algo normal, pero las mujeres tienen que luchar para ser reconocidas”. La productora y DJ de Los Ángeles Tokimonsta es consciente de ello por experiencia propia. En la película revela cómo, cuando arrancó su carrera, la crítica atribuía sus creaciones a su entonces pareja. Desde entonces, lleva por bandera ser transparente en su proceso de creación. “Cuanto más comparto con mi público, más saben que es mío”, destaca. Esa política personal no le ha servido para dejar de menoscabarse a si misma. Cuando fue nominada al Grammy por su álbum “Lune Rouge”, la artista temió que fuera por su género: “Una voz me decías que quizás no lo mereciera, que sólo soy un visto en la agenda relevante de este momento, pero me he convencido de que lo merezco porque he trabajado muy duro”.

Ben Turner, CEO de International Music Summit, un encuentro de música electrónica de baile de tres días que tiene lugar en Ibiza, analiza frente a la cámara de Lee la fruición con la que las DJ trabajan para mantener y defender sus logros, aún a costa de su propia salud. “Esta nueva generación de artistas femeninas opera como si esto fuera a terminar mañana y actúan en cada esquina del mundo tan rápido como pueden. Es muy competitivo. ¿Va a durar?¿Es sostenible? Debe ser enervante para ellas”.

Otra de las profesionales de la música club que habla de sus tribulaciones en “Underplayed” es la canadiense Rezz. A la compositora autodidacta le afectaron sobremanera los comentarios ofensivos en Toronto Rave Community, una comunidad online que aúna a los fans de la música electrónica en la capital canadiense. Entre las perlas que sus miembros le dedicaron se hallaban comentarios sexistas como que las mujeres tienen que permanecer en casa y quedarse embarazadas o que se notaba en su música que era una chica, en tono despreciativo. Aquello le supuso un bofetón de realidad. En 2018, Rezz sufrió ataques de pánico antes de sus espectáculos, en momentos aleatorios en casa… “Me afectó profundamente, hasta el punto de que antes de salir al escenario como cabeza de cartel en grandes eventos, sólo podía pensar en la opinión de esa gente”. En junio de 2019, la artista se convirtió en la primera mujer que encabezaba una jornada en el Bud Light Dreams Festival de Toronto. “Queríamos fichar a siete u ocho artistas femeninas, pero no hay muchas que hayan alcanzado el éxito. Al final del día somos un festival y un negocio, y necesitamos vender entradas”, alega, con una actitud a la defensiva, Alex Simpson, portavoz de la productora de eventos en vivo Live Nation, organizadores del evento. La programación final incluyó tan sólo tres actuaciones femeninas. Maxie Gedge le replica. “Cuando los festivales dicen que no hay suficientes mujeres, les respondemos que se esfuercen más en buscarlas. El talento está en todas partes, las oportunidades, no”.

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