The Garlic Phantoms. Esplendor y caída
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The Garlic Phantoms. Esplendor y caída

8 / 10
Raúl Julián — 16-04-2022
Fotógrafo — Cartel de la película

De algún modo algo perverso, cabe entender la cinta de Juan Pérez-Fajardo como una versión castiza y actualizada de aquella mítica ida de olla que es “This Is Spinal Tap” (Rob Reiner, 84). Todo un piropo para una obra igual de descacharrante, que abre en canal aquellos entresijos que podrían mover (a todos los niveles) los hilos de la escena musical del indie-pop-rock en este país. El argumento de este rockumental se centra en la efímera pero intensa trayectoria de The Garlic Phantoms, grupo formado por Edu Molina y Alacrán Fajardo (el propio Juan Pérez-Fajardo que dirige la cinta) que, en base a una única canción de egocéntrico título homónimo, consigue reventar esa escena.

De este modo, y guiados por un representante de dudosa reputación, el dúo aparece en todos los medios de comunicación, copando portadas –de Esquire a Ruta 66 pasando obviamente por Mondo Sonoro– y actuando en salas míticas y los festivales más populares, hasta entrar en una espiral de éxito mal digerido que acabará en lucha de egos y todo tipo de excesos propios (y obligados) del rock & roll. La disponibilidad del realizador para abarcar estratos es precisamente una de sus virtudes, repartiendo a diestro y siniestro y sin dejarse nada ni nadie en el tintero. Colegueo entre bandas, la burbuja de los festivales, el fenómeno fan, críticos, prensa musical y publicidad, el hype, promotores de salas y festivales, y hasta el siempre peliagudo tema de los plagios.

Nada ni nadie se libra de la mirada cínica de estos chalados canallescos, manteniendo como constante argumental una hiriente fidelidad con la realidad en clave de humor. El metraje abarca desde el meteórico ascenso hasta el concierto de reunión al amparo del obligado gran recinto de turno (en este caso el WiZink Center), con parada en la separación intermedia y la chocante reinvención de cada uno de los músicos. La investigación del fenómeno incluye declaraciones de todo tipo de artistas –desde Ramoncín a Luz Casal pasando por Coque Malla, Rulo, César Strawberry o Andrés Calamaro–, además de empleados de discográficas, programadores, periodistas (imperdible la entrevista con J.F. León de Ruta 66) y crápulas de la vieja escuela de Malasaña.

Aunque pierda algo de fuelle en su tramo final y hubiese ganado efectividad de haber sido acortado ligeramente, ‘”The Garlic Phantoms. Esplendor y caída” resulta un producto divertidísimo y que, al mismo tiempo, da en el clavo y oferta pistas importantes acerca del sarao infinito que mueve esa mezcla de negocio y pasión que es la música. En cierta forma, cabría entender el documental como la versión visual y ampliada de la canción “Mi DNI” de Pony Bravo, tras desgranar tópicos con chispa, ironía y humor negro pero también generosa veracidad. Y es que siempre será más productivo saber reírse de uno mismo que indignarse y repartir bofetones a mano abierta. Además, qué demonios, “The Garlic Phantoms” era un puto temazo.

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