El Palmar de Troya
Cine - Series / Israel Del Santo

El Palmar de Troya

9 / 10
Oriol Rodríguez — 13-03-2020
Empresa — Movistar + / 93 Metros / 100 Balas

Producida por los hermanos Mark y Jay Duplass, el 16 de marzo de 2018 Netflix estrenaba “Wild Wild Country”, serie documental que nos acercaba a la figura del controvertido gurú Bhagwan Shree Rajneesh y sus seguidores, los Rajneeshees, destacando la siempre intrigante Ma Anand Sheela, durante mucho tiempo mano derecha de Rajneesh. La historia se iniciaba con la llegada de Osho y sus devotos al medio de la nada en el Condado de Wasco, en Oregón, donde acabarían erigiendo una verdadera urbe (Rajneeshpuram), momento en el que empiezan a acontecerse todo tipo de hechos: abusos, tentativas de asesinato, malversación de fondos… Fue uno de los éxitos de la plataforma aquella temporada. Dos años más tarde, Movistar +, en asociación con 93 Metros y 100 Balas, han producido “El Palmar de Troya”. Dirigida por Israel del Santo (tiene su coña que esta historia la lleve a la pequeña pantalla alguien de apellido Del Santo), es nuestro particular “Wild Wild Country”.

El 30 de marzo de 1968, cuatro niñas (Ana García, Rafaela Gordo, Ana Aguilera y Josefa Guzmán) afirmaron haber vivido la aparición de la Virgen María. La visión, dijeron, se había producido en La Alcaparrosa, una finca de El Palmar de Troya, en aquel tiempo una pedanía de Utrera, en la provincia de Sevilla. A partir de aquel momento las apariciones y las experiencias místicas se fueron sucediendo y multiplicándose, congregándose cada vez más devotos y curiosos en el lugar. Entre estos, Manuel Alonso Corral y Clemente Domínguez. A propósito, aviso para quienes sigan leyendo: el texto contiene spoilers.

Manuel Alonso era abogado y trabajaba en una correduría de seguros. Clemente Domínguez, trabajador de la Compañía Sevillana de Electricidad; motivo por el cual en los ambientes homosexuales de Sevilla se le conocía como “La voltio”. Clemente Domínguez no tardó en tener experiencias místicas. Vivencias religiosas -entraba en trance y decía hablar con la Virgen María, Jesucristo y gran parte del santoral- que cada vez eran más asiduas e intensas. Domínguez no tardó en convertirse en el “pastor” de todos los pobres desangelados que cada día acudían al Palmar de Troya.

Aquella comunidad de devotos palmarianos fue creciendo. Tomó tal entidad que acabaron teniendo, primero, su propia congregación, la orden de los Carmelitas de la Santa Fe. Después su propio credo, la Iglesia Palmariana, escisión de la iglesia católica oficial (el vaticano excomulgó y tildó de herejes a los palmarianos), con sus propios papas. El primero de ellos, evidentemente, fue Clemente Dominguez, por todos conocida su afición desmesurada por el alcohol y los jovencillos. Desde entonces ha habido tres más: Pedro II, Gregorio XVIII y Pedro III. Con fieles repartidos por todo el mundo, la Iglesia Palmariana, que sorprendentemente ahí sigue con su actividad, es una secta en la que se han cometido todo tipo de abusos y atrocidades.

Anteriormente militar y seminarista, el Papa Gregorio XVIII, de nombre real Jesús Ginés, abandonó su cometido de gran patriarca de la Iglesia Palmariana en 2016. Se casó casi de inmediato con Nieves Triviño, antigua monja de la congregación. La pareja sería detenida y encarcelada tiempo después por asaltar con violencia el Palmar. Con esta hoja de servicios no resulta extraño que declarara que El Palmar fue desde el principio un montaje. Tras tres años de trabajo de investigación, la serie documental de Movistar + decodifica en cuatro capítulos esta gran farsa.

Aunque le sobran algunas recreaciones ficcionales, “Palmar de Troya” es una serie facturada de forma magistral: con abundante material de archivo hasta ahora inédito, y el testimonio de un plantel de testimonios relativamente pequeño pero, con Ginés y Triviño al frente, de gran interés; redescubre la historia (a los que tenemos más de cuarenta todo esto del Palmar de Troya ya nos había causado más de una pesadilla en nuestra infancia) como ninguna otra producción lo había hecho hasta ahora. Tremendamente adictivo; un relato por momentos de tintes terroríficos, delirante e inverosímil. Vais a flipar.

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