Quince años sin Tom Waits... o casi
EspecialesTom Waits

Quince años sin Tom Waits... o casi

Marcos Gendre — 29-04-2026
Fotografía — Fotograma del vídeo de "Boots On The Ground"

Después de quince años desde "Bad As Me", (11) no habíamos tenido noticias de Tom Waits hasta que, por sorpresa y con un objetivo común, ha unido fuerzas con Massive Attack para lanzar "Boots On The Ground". Aprovechamos este inesperado lanzamiento para preguntarnos por qué echamos cada vez más de menos al que sigue siendo el más grande entre los heterodoxos de la canción americana.

Quizás...
Quizás lo echamos de menos porque, por culpa de la IA, han salido tropecientas imitaciones sin alma del genio de Pomona.

Quizás porque tras su prolongado silencio discográfico el hecho de verlo actuar magistralmente en films recientes como “Father, Mother, Sister Brother” (25) no nos permite olvidar su eterna ausencia musical.

Quizás porque, en todo este tiempo (y el anterior), no ha tenido una onda de influencia palpable como la que tienen Johnny Cash, Bob Dylan o Neil Young, cuyo espectro se encuentra tanto en MJ Lenderman como en Big Thief, entre otras propuestas memorables de hoy en día.

Quizás porque su universo musical es tan intransferible que resulta imposible curar el mono con posibles sucedáneos.

El beatnik enamorado de Bertold Brecht
El porqué de una personalidad creativa tan hecha a sí misma se puede deducir de un sinfín de rasgos que comienzan desde una propuesta que está tan anclada en la generación beatnik de Jack Kerouac como en la estética heredada de un cruce imposible entre “Freaks, la parada de los monstruos” (1932) de Todd Browning y las primeras películas de Jim Jarmusch.

Su inventario de musas recorre un mapamundi referencial único que se ancla en el subconsciente de todo el que escucha sus salvajes bramidos vocales. Un aspecto tan reconocible como lo es su imagen de beodo surrealista atrapado en una película expresionista de cine mudo alemán. Por ello es de los pocos artistas cuya escucha resulta imposible de disociar de una imagen visual. Y menos con clásicos iconoclastas de una narrativa tan particular como la que empapa cada gramo de “Swordfishtrombones” (1983), “Rain Dogs” (1985) y “Frank Wild Years” (1987).

En un pasado paralelo
Fue en esta terna de LPs cuando arrancó su particular reinvención del pasado. Una forma tan transgresora como inusual de garabatear renglones torcidos en la semántica blues sin necesidad de entrar en derivas electrónicas. Lo suyo se adecúa siempre a una versión proto de las variables estilísticas; en su caso, del propio blues a la música de cabaret, la polka, el son caníbal y otros estilos al margen de la semántica pop que él ha conseguido anudar a través de su voz estruendosa, pero igualmente sensible cuando muestra las cicatrices de sus cuerdas vocales en bocanadas de emoción como “Day After Tomorrow” o “Who Are You This Time”, e incluso de hacernos soñar en una versión agreste de Bruce Springsteen en rock de barrica embotellado como “Downtown Train” o “Hold On”.

En cierta manera, si grupos como Animal Collective o Radiohead nos ofrecieron en el siglo XXI las posibilidades del futuro, Tom Waits nos proporcionó una dimensión alternativa del pasado, si fuera concebida en su cerebro circense, cincelado entre el cut-up alucinado de William Burroughs y el Berlín musical de comienzos de siglo XX de Kurt Weill. Precisamente tanto el primero como el segundo fueron adaptados en algún momento por Waits.

Dimensión desconocida
Las particularidades tan personales de una manifestación sonora tan inclasificable es también la razón por la que su sombra se encuentra en los lugares menos reconocibles. De Jon Spencer Blues Explosión a Tori Amos, su espectro también se puede rastrear en polkas circenses como “Underneath The Bunker”, firmada por R.E.M. en “Lifes Rich Pageant” (1986) o en la forma de buscar la vertiente menos cómoda de la caligrafía pop por parte de Thom Yorke. El líder de Radiohead llegó a declarar a The Guardian sobre la profunda impresión que le generó “Rain Dogs” en su momento: “Me quedaba dormido escuchándolo en mi walkman, solo para despertar por la mañana con la repetición automática del disco en la cabeza. Cada canción era un cortometraje ambientado en una América misteriosa, circense y decadente que apenas entendía, con diferentes personajes tanto en la letra como en los instrumentos; un universo entero se me revelaba durante unos minutos solo para dejarme en el otro extremo de la calle, sin tener ni idea de cómo había llegado allí.

Cada letra era una rima natural que solo podrías soñar con escribir. Se desprendía de la lengua con una belleza inigualable, pero nunca se desvanecía fácilmente, guardándose la mitad de la historia para sí misma. Waits interpretaba a un personaje con una oscuridad y un humor que parecían mucho más genuinos que cualquier cosa que intentara ser, no sé, genuino en 1985... Este disco nunca me ha cansado, aunque lo he escuchado una y otra vez a lo largo de mi vida, al igual que mis hijos cuando eran pequeños”.

Cabaret de lo trivial
Por declaraciones como la de Yorke la mitología asociada a Tom Waits también bebe del slogan asociado a otros seres extraños y fascinantes como Will Oldham, o lo que es lo mismo: “el músico favorito de los músicos”.

Explorador del blues cubista, portavoz del góspel cavernícola, inventor del cut n’ paste aguardentoso, portavoz de la canción tabernaria heterodoxa, el reggae taciturno e incluso del funk abstracto, y siempre clásico al mismo tiempo, el altísimo nivel de toda su producción musical nunca ha bajado a lo largo de una trayectoria que durante cuatro décadas nos ha brindado el sabor de un misterio arraigado en virus discográficos como “Bone Machine” (1993), “Real Gone” (2004) o “Bad As Me” (2011), hijos bastardos de sus respectivas décadas que siguen esperando a que nuestra telaraña normalizada del micronicho pop se vea de nuevo infectada por su enigmático cabaret de lo tribal.

Y entonces...
Llegó la sorpresa: Los británicos Massive Attack y Tom Waits comparten un tema conjunto titulado "Boots On The Ground" en el que abordan el clima actual de tensión global y la deriva de la sociedad, tomando como referencia la idea de los “Masters of War” popularizada por Bob Dylan. Una canción que representa un doble regreso a la acualidad porque, si para el colectivo de Bristol se trata de su primer material inédito desde 2020, para el de Pomona la canción supone también su regreso a la grabación después de tres lustros.

"Boots On The Ground" llegaba acompañada de un videoclip creado por Massive Attack junto al fotógrafo estadounidense thefinaleye. Con un montaje que retrata una época aún por identificar que surge tras las mayores protestas públicas de la historia de los EUA. Centradas en la oposición a las redadas del ICE, la militarización de las fuerzas internas y el autoritarismo estatal.

Un buen motivo para regresar que esperemos no se quede en anécdota.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.