Aprovechamos el estreno reciente de “It: Capítulo 2” y la llegada en octubre de “En la hierba alta” a Netflix –película inaugural de la nueva edición del Festival de Sitges- y de “Doctor Sueño” a los cines, la esperada secuela que Mike Flanagan ha dirigido de “El resplandor”, todas basadas en obras de Stephen King, para repasar las mejores adaptaciones cinematográficas y televisivas que han partido de textos originales del escritor de Maine. Bienvenidos al universo audiovisual y, casi siempre, terrorífico de Mr. King.

“Carrie” (1976)

La primera traslación en imágenes de una novela de King y una de las obras maestras indiscutibles del terror de los setenta. Brian De Palma supo mostrar de forma descarnada la pesadilla que para muchas personas supuso la vida en el instituto (esa primera secuencia en slow motion de la menstruación de Carrie) y la educación de una madre beata y castradora (inolvidable Piper Laurie). Las partes de terror de la historia, los episodios telequinéticos de la protagonista y su sangrienta venganza en el baile de fin de curso, pueden parecer crueles, pero están filmados con una belleza plástica que produce síndrome de Stendhal.

“Salem’s Lot” (1979)

Estrenada en España con el título de “Phantasma II” para aprovechar el tirón del “Phantasma” de Don Coscarelli, esta miniserie de dos capítulos y tres horas de duración que en Europa se estrenó en cine –en una versión reducida– supo captar la atmosfera decadente y macabra de la novela original de King. Dirigida por Tobe Hooper, creador de “La matanza de Texas”, “Salem’s Lot” renovó el género vampírico de los setenta a la vez que incluía guiños clásicos: las películas de Drácula de la Hammer y el “Nosferatu” de Murnau. La secuencia del niño vampiro volador en la ventana reclamando la atención de su amigo sigue poniendo los pelos de punta.

“El resplandor” (1980)

La mejor película que ha salido de un libro de Stephen King aunque se trate de una adaptación completamente libre de la novela homónima de King. El escritor de “El umbral de la noche” no siente mucho cariño por el filme de Stanley Kubrick, pero el director neoyorquino supo armar un escalofriante y sublime relato de terror sobre el descenso a la locura de su protagonista, interpretado por un Jack Nicholson en estado de gracia, y la interacción de este con un hotel maldito lleno de fantasmas. De una perfección formal apabullante y llena de imágenes poderosas que no aparecen en el libro como la ola de sangre del ascensor, “El resplandor” es una de las obras maestras inapelables de Kubrick.

“La zona muerta” (1983)

La unión de los universos fantastique, ambos retorcidos, de David Cronenberg y Stephen King que se produjo en “La zona muerta”, ha ganado prestigio con el paso de los años. En el momento de su estreno fue considerado un trabajo menor de Cronenberg, pero “La zona muerta”, además de ser una adaptación fiel del material de King, es una película que funciona de maravilla a un montón de niveles: como relato de creación de un monstruo antiheroico (ese Christopher Walken que parece un conde Drácula de la videncia), como thriller de terror (la secuencia muy Mario Bava en la casa del asesino en serie) y como distopia política anclada en la realidad (ese presidente de los Estados Unidos interpretado por Martin Sheen que ahora parece un trasunto de Trump).

“Christine” (1983)

Como “La zona muerta”, otro trabajo considerado menor en su momento y ahora convertido en un clásico de su director, el gran John Carpenter. Carpenter, que venía de “La cosa” (una obra maestra que fue masacrada por la crítica y el público de la época), convirtió el original de King en una historia de terror con sabor añejo protagonizada por un coche asesino de género femenino, la Christine del título, capaz de poseer el alma de su dueño. Rodada como dios en formato panorámico y con una clase brutal –apenas hay sangre y el terror surge de la perfecta planificación visual de las secuencias-, esta pequeña joya de horror vintage donde no paran de sonar temas clásicos rock and roll tiene también una de las mejores bandas sonoras originales compuestas por Carpenter.

“Misery” (1990)

Una de las más icónicas adaptaciones al cine de un libro de King. De puesta en escena teatral, la acción está situada casi en un solo espacio y centrada en el tête à tête interpretativo que mantienen unos fenomenales James Caan y Kathy Bates, Rob Reiner, director también de la notable “Cuenta conmigo” –otra buena adaptación de King–, supo sacar todo el jugo a una historia sencilla pero llena de locura y vitriolo. Las torturas de Annie Wilkes a su escritor favorito, ese Paul Sheldon al que le revientan los tobillos con un mazo, forman parte ya del imaginario colectivo del terror moderno. La nueva temporada de “Castle Rock”, la estupenda serie que adapta de forma libre el universo literario de Stephen King, estará basada en los orígenes del personaje de Wilkes.

“It” (1990)

La primera adaptación de la que para muchos es la mejor novela de King sigue estando un poco por encima del díptico reciente y súper taquillero de Andy Muschietti. Esta miniserie de dos capítulos dirigida con pulso por Tommy Lee Wallace que en España salió directamente en VHS posee al mejor Pennywise de la historia, un Tim Curry disfrazado de payaso que con tan solo un maquillaje simple y una sonrisa terrorífica es capaz de hacerte llorar de miedo. Secuencias de pesadilla como la de Pennywise con los globos apareciendo en el lago (una instantánea de una belleza macabra alucinante) o la set piece de las duchas son hitos del horror de los noventa.

“Cadena perpetua” (1994)

Stephen King no ha escrito solo novelas de terror, también ha firmado relatos y novelas fuera del género fantástico que, en algunos casos, están a la misma altura de calidad que su producción sobrenatural. Uno de los mejores relatos de su lado realista, “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, se convirtió en 1994 en “Cadena perpetua”, una obra maestra del subgénero carcelario adaptada y dirigida por Frank Darabont, amigo de King y uno de los cineastas que mejor han sabido traducir en imágenes el universo literario del autor de “Cujo”. Protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman, la película de Darabont suaviza la dureza del original de King, pero logra captar su esencia trágica pero a la vez esperanzada y humanista.

“El aviador nocturno” (1997)

Las novelas y los relatos de Stephen King han dado forma a un montón de películas de terror de serie B que poblaron los videoclubs de los ochenta y noventa. Una de esas pequeñas joyas que conviene reivindicar con urgencia es “El aviador nocturno”, un filme sobre un vampiro ancestral que recorre la América profunda en avioneta. Un cuento de terror old school (esa secuencia final alucinante en blanco y negro que hace pensar en las mejores imágenes del “Salem’s Lot” de Tobe Hooper) que además funciona como una crítica-sátira al periodismo sensacionalista de sucesos. Dentro de esta categoría de series B, también son muy recomendables títulos como “Cujo” (1983), “La fosa común” (1990) y “The Thinner” (1996).

“La niebla” (2007)

Frank Darabont, tras tocar el King menos terrorífico en las estupendas “Cadena perpetua” y “La milla verde”, se atrevió con uno de los mejores relatos de horror y volvió a dar en la diana. “La niebla”, muy cercana en espíritu a “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero –existe una versión en blanco y negro del filme de Darabont donde esa deuda–homenaje consciente es más que evidente–, equilibra de forma magistral el terror físico (su galería de muertes y monstruos grotescos y lovecraftianos) con el terror existencial (como se resquebrajan la humanidad, la empatía y la esperanza en situaciones de crisis). Una obra maestra absoluta con uno de los desenlaces más demoledores y valientes del cine americano de la pasada década.