Origen: Chapel Hill (Carolina del Norte). Desde 1993

Justo cuando se cumplen veinticinco años de su formación, Squirrel Nut Zippers están a punto de editar un nuevo disco, “Beasts Of Burgundy”, el primero tras la que parecía su separación definitiva en 2010. Liderados por la magnética presencia y el savoir faire de Jimbo Mathus, el grupo fue englobado en los noventa en aquel movimiento llamado neo swing, en el que un montón de bandas se miraban en el espejo de las orquestas y los grupos anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Aunque como el propio Mathus nos aseguraba hace unos años “no estaba convencido de encajar totalmente con el resto de bandas del neo swing. Sentía que nosotros teníamos algo más cercano a la música de raíces. También nos influían las jug bands, el blues del Delta, el klezmer o hasta el country, algo aparentemente bastante alejado del swing”.

Squirrel Nut Zippers nacen como un proyecto entre Jimbo y su entonces esposa Katharine Whalen, al que se unen Chris Phillips, Don Raleigh y Ken Mosher, en un primer momento, y Stacy Guess y Tom Maxwell después. Dos años después de su creación, en 1995, publican su primer disco, “The Inevitable” al que sucederá un año más tarde “Hot”, con el que llegarán a ser certificados como disco de platino. Rápidamente son considerados parte del neo swing que llevó a primera plana a bandas como Royal Crown Revue, Big Bad Voodoo Daddy o Cherry Poppin’ Daddies. Su repercusión mediática fue tal que llegaron a actuar en la Ceremonia Inaugural de los Juegos Olímpicos de Atlanta, en el verano de 1996. En 1998, ya con el neo swing en clara recesión, llega su tercer disco, “Perennial Favorites“, que aguanta con dificultades la disminución de ventas. Algo que ya no harán “Christmas Caravan” (1998) y “Bedlam Ballroom” (2000). Su momento parece haber pasado y el grupo parece condenado a la desaparición. Una situación que tomará forma cuando a principios de la nueva década Whalen y Mathus rompen su relación y se divorcian. En apenas unas semanas el grupo se desintegra, Kat lanza su primer disco en solitario, Katharine Whalen’s Jazz Squad, y Jimbo inicia una interesantísima carrera solista.

Cuando nadie lo esperaba, y gracias a la mejora de la relación entre sus dos miembros principales, Squirrel Nut Zippers anuncian su retorno en 2007. Chris Phillips, Je Widenhouse, Stuart Cole y Will Dawson completan una banda que en los dos años siguientes girará de manera habitual por Estados Unidos y Canadá. Los conciertos darán lugar a un disco en directo, grabado en diciembre de 2008 en Brooklyn, que acabará publicado como “Lost At The Sea“. La banda aprovecha el momento para anunciar la grabación de un disco en estudio que nunca llegará a realizarse porque en 2010 deciden, de nuevo, separar sus caminos. El motivo de su nueva, y hasta ahora última reunión, es la celebración del veinte aniversario de la publicación de “Hot” en 2016. A la evidente gira conmemorativa se une el baterista original Chris Phillips, pero causa baja uno de sus miembros básicos: Katharine Wallen. Algo que se repetirá en “Beasts Of Burgundy“, donde Mathus y Phillips son acompañados por un elenco inacabable de músicos que incluyen, entre muchos otros, a Dr. Sick, Cella Blue, Vanessa Niemann, Tamar A. Korn, Dave Boswell o Neilson Bernard III ¿Volverán a vender tres millones de discos como a finales de los noventa? Probablemente no, pero a buen seguro nos lo harán pasar muy bien.

Disco Imprescindible:
“Hot”
Hollywood/PolyGram (1996)
No es solo que las doce canciones que integran el segundo disco de Squirrel Nut Zippers tengan una calidad fuera de toda duda, sino que además, entre ellas, encontramos un single tan apabullante como “Hell”. Cargado de humor casi adolescente, el álbum es un dechado de temas bailables que giran su mirada hacia cualquier estilo imaginable, para acabar dotando al grupo de una personalidad aplastante. Con los temas lentos como “Twilight, Meant To Be” y “Blue Angel” perfectamente intercalados para dar un respiro al oyente entre tanta vorágine, todo parece pensado al milímetro, aunque eso no repercuta en la sensación de frescura y fugacidad que transmite. La voz, entonces nítida de Jimbo Mathus, se combina a la perfección con el timbre sensual de Katharine Wallen, y tanto los vientos como la sección rítmica brillan a un nivel estratosférico. Por algo se hincharon a vender copias.