Pixies en el planeta del sonido. “Trompe Le Monde” treinta años después
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Pixies en el planeta del sonido. “Trompe Le Monde” treinta años después

Marcos Gendre — 22-11-2021
Empresa — 4AD
Fotógrafo — Archivo

Hoy, nuestro track by track se lo vamos a dedicar al LP que puso fin al lustro mágico de los Pixies, clausurado en un 23 de septiembre de 1991, cuando el "Trompe Le Monde” se hizo realidad.

Un trabajo que, con el paso del tiempo, ha ido ganando en consideración, hasta llegar a cuestionar lo que parecía indiscutible, que “Surfer Rosa” (1988) y “Doolittle” (1989) jamás pudieran ser igualados o superados en críticas entusiastas. Sin embargo, de entrada, “Trompe Le Monde” se trata del trabajo más visceral y extraño facturado por los duendecillos de Boston. Y este último hecho lo convierte en su disco más personal y representativo, ya desde la misma portada, obra del genio de la ilustración Vaughan Oliver, que ya nos había regalado la cubierta de “Doolittle”, entre otras exquisiteces, y que, para la ocasión, apostó porque el primer contacto visual con su cuarto LP fuera un muro de nieve con ojos incrustados. Una nueva demostración surrealista de por qué el universo daliniano es una de las tantas características que hizo de este cuarteto una de las formaciones más peculiares y con personalidad autónoma de la historia del pop. Entre otras cosas, por las quince canciones que hoy nos ocupan.

"Trompe Le Monde"

“Trompe Le Monde” no podría empezar de forma más excepcional que con una cabalgada power pop de trote obsesivo y marciano, donde el falseto dulce de Black Francis se integra con la guitarra poseída de un Joey Santiago, sencillamente, colosal.

Por primera vez en sus discos, una canción del mismo da título al LP. En este caso, empujada por un arranque sin frenos hacia el precipicio, titulado con la frase en francés “Trompe Le Monde”, que en inglés significa “Fool the world”, y que suponía el pistoletazo de salida perfecto para un disco que, entre otras cosas, tuvo la mala suerte de ser publicado el mismo día que “Nevermind”, el álbum con el que Kurt Cobain y compañía dieron el golpe más estruendoso que se recuerda en la historia del llamado rock alternativo de los noventa. El mismo que sin grupos como los Pixies jamás habría existido tal como lo conocemos. Pero ahora, dejemos que el grupo de Bostón nos embarque en su nave hacia lo desconocido con esta primera acometida, de pulsión onírica.

"Planet of Sound"

Tras haber quedado sobre aviso de que lo que tenemos aquí es nada menos que otro clásico instantáneo de los reyes del punk-pop marciano, llega el momento de “Planet of Sound”, primer single de “Trompe Le Monde” en el Reino Unido y Estados Unidos, cuya letra están inspiradas por “Classical Gas”, canción instrumental obra de Mason Williams. De una contundencia en modo apisonadora, este tema pertenece al grupo de arreones desarbolados como “Tame” y “Rock Sound”, en las que Black Francis sacaba su vena más Stooge y Santiago se dejaba llevar por impulsos eléctricos demenciales. Tal como en las otras dos canciones mencionadas, el resultado es demoledor. Droga por aplastamiento que, en su momento, fue acompañada en un single delicioso, con caras B como “Theme From Narc”, instrumental inspirado en un videojuego de computadora, o “Evil Hearted You”, en la que Francis hace gala de su castellano macarrónico intransferible a través de líneas tan inolvidables como ese “Corazón diablo”. Cortes como estos dos últimos demuestran el altísimo grado de inspiración de un grupo que, en aquellos años, eran los Rey Midas del rock alternativo. Y es que todo lo que tocaban lo convertían en oro.

"Alec Eiffel"

Después de haber vivido un episodio de furia incontenible como “Planet of Sound”, llega el tema más emblemático del LP. Asimismo, uno de los más inolvidables del universo Pixies, que, siguiendo la línea estrambótica de sus canciones, versa sobre Alexandre Gustave Eiffel, diseñador de la Torre Eiffel y La Estatua de la Libertad.

“Alec Eiffel” fue publicada como tercer single del álbum. Para el mismo, salió un videoclip que es una metáfora viva del efecto que generaban las sobredosis eléctricas de los de Boston. No en vano, en el mismo aparecen tocando en un túnel del viento, en clara alusión al genio de la aerodinámica, al que hacen alusión en este tema, perteneciente a esa clase de milagros pop para los que siempre es mejor escuchar que describir.

"The Sad Punk"

Nunca es fácil continuar un disco tras un pildorazo de efecto epidérmico tan salvaje como el provocado por “Alec Eiffel”; en este caso, prorrogado gracias a una detonación incontrolable como “The Sad Punk”, quizá la canción del álbum donde queda más de manifiesto lo desatado que se encontraba Joey Santiago durante la grabación del álbum. No en vano, estamos ante una nueva demostración del lado Stooge de los cuatro jinetes del apocalipsis pop que, para la ocasión, cuentan con un Santiago en modo liberador de tormentas, ejecutor de un feedback apocalíptico que se propaga a lo largo de tres minutos exactos de pura abrasión punk, con un Black Francis que parece estar lobotomizado durante su interpretación vocal, plena de alaridos al límite de la percepción sonora; sin duda, una de las características más representativas de un grupo también súper reconocible por canciones como esta, donde el paso de la calma pop a la tormenta eléctrica siempre resulta catártico y en modo ACME.

"Head On"

Y llegamos a otro de los singles extraídos de “Trompe Le Monde”; en este caso, una versión del “Head On” de The Jesus & Mary Chain”, que plantea el discurso respecto a qué es mejor: el original o la versión. En este caso, siempre hubo unanimidad acerca de la brillantez de la adaptación realizada por Francis y los suyos, que tomaron el clásico de los escoceses, le imprimieron una velocidad más y le abrillantaron el estribillo hasta alcanzar una nueva dimensión con respecto al tema original. Sin duda, uno de esos cortes que forman parte del gran libro de las versiones procedentes de la liturgia indie-rock, al cual también pertenecen la demonización que Dinosaur Jr hizo del “Just Like Heaven” de The Cure”, el exorcismo punk emocional que Hüsker Dü realizó del “Eight Miles High” de The Byrds o la increíble versión post-hardcore que Big Black hizo en su momento del “The Model” de Kraftwerk, los pioneros por antonomasia de la música electrónica.

"U-Mass"

Y llegamos a “U-Mass”, seguramente, la canción que mejor define el don de los Pixies para alternar caligrafía pop con descargas rock incontenibles. En este sentido, estamos ante una nueva muestra de genio, en este caso, ya cocinada desde los tiempos en que Francis y Santiago se conocieron en la Universidad de Massachusetts, Amherst, cuyo riff fue compuesto cuando aún estudiaban allí, antes de dejarlo para formar los Pixies.

“U-Mass” no deja de ser otro de los tesoros ocultos más vibrantes de “Trompe Le Monde”. Una muestra más del genio desbocado de un grupo que, en esta ocasión, parecían haber reinventado “Louie Louie” bajo sus propios parámetros de comportamiento alucinado y tendente a la bipolaridad, también con una clara reminiscencia al grupo de Mánchester The Fall, formación clave para entender la evolución del rock underground norteamericano, con grandes deudores como los propios Pixies, pero también otros gigantes como Sonic Youth y Pavement.

·Palace of the Brine·

Hablar de “Trompe Le Monde” es hacerlo también del disco más melódico de toda la carrera de los Pixies. Una obra que cobra vida a través del carrusel imponente de extremos en los que se mueve, en este caso, por medio de su producción más limpia hasta la fecha, con la mano inconfundible de Gil Norton, que comenzó a trabajar con los de Boston de “Doolittle” en adelante. El mismo que para “Trompe Le Monde” llevó a cabo su trabajo más fino gracias a muestras tan deliciosas como este “Palace of the Brine”, para la que Francis hace gala de su habilidad innata para mutar su voz entre exabruptos vocales encolerizados y tonadas celestiales de dulzura y magnetismo irresistible, donde la presencia de Kim Deal se hace más visible que nunca.

"Letter to Memphis"

Antes de llegar a su fin, el cordón umbilical de “Palace of the Brine” se conecta con “Letter to Memphis”, otra muestra certera y precisa de cómo eran capaces de contener en uno dos o tres minutos cuerpos musicales donde intensidad, rabia y pop se filtran en una misma sensación, prácticamente, orgásmica, y más cuando Santiago templaba la guitarra como si se tratara de la versión lisérgica y tormentosa de Tom Verlaine,, el corazón y cerebro de Television.

Y así es como suena en este cierre modélico a la primera cara más directa de toda su discografía. Otra cosa es lo que estaba por venir cuando le damos la vuelta al disco, con una cara B que, seguramente, sea el conjunto de canciones más policromático y surrealista que hayan grabado jamás.

"Bird Dream of the Olympus Mons"

La segunda cara de “Trompe Le Monde” toma forma a partir de “Bird Dream of the Olympus Mons”, el “With or Without You” particular de los Pixies, con ese teclado, obra del gran Eric Drew Feldman, miembro de pioneros como Captain Beefheart y Pere Ubu, dos de las grandes influencias que ha tenido el grupo a lo largo de su carrera. Y que en esta canción marca la columna vertebral de una canción que, curiosamente, pertenece al álbum con el que los Pixies fueron teloneros en la gira mundial que U2 dio con “Achtung Baby (1991), cumbre creativa de los irlandeses.

A nivel lírico, con “Bird Dream of the Olympus Mons” entramos en la apertura conceptual que se extiende la lo largo de la segunda cara del álbum, en la que la ufología va cobrando más y más presencia, aunque en esta ocasión por medio de su obsesión por el catolicismo como forma de entender los milagros provenientes de otros mundos. Y que en esta segunda parte del álbum va a llegar al punto de canciones que versan sobre la geografía de Marte.

Hay que recordar que la vena fantástico-alienígena de Pixies siempre fue uno de sus vertientes más reconocibles, hasta el punto de ser el eje rotacional de “Bossanova” (1990), su anterior LP. Otro gran trabajo, aquí mejorado por medio de canciones como esta maravilla que inexplicablemente no acabó siendo single.

"Space (I Believe In)"

Otro tema que no terminó siendo single es, posiblemente, el tema más extraño de toda su trayectoria, un “Space (I Believe In)” en el que brota el instinto psicótico de un grupo que siempre mostró un sentido del humor delirante; en este caso, por medio de un estribillo en el que Francis repite como un mantra agresivo el demencial “Jefrey with one f Jeffery!” o en otro momento de la canción, en el que explica cómo “Now I'm going to sing the Perry Mason theme (he's so) spacious”. Detrás de estas líneas y la atmósfera irreal conformada instrumentalmente, se cuece la necesidad de Francis por buscar respuestas a los secretos del espacio. Necesidad que, finalmente, queda como una de las preguntas elementales sobre las que orbita el universo lírico pixie, donde “Space (I Believe In)” se postula como uno de los pilares básicos para intentar entender lo inexplicable de su fórmula.

"Subbacultcha"

Y llegamos al momento más The Fall de todo el lote. Una canción que parece haber sido escrita por Mark E. Smith y que pertenece a su mítica “Purple Tape”, de 1987, con la que iluminaron a Ivo Watts-Russell, dueño de 4AD, que ya había puesto sus ojos en Bostón con Throwing Muses, grupo sin el que se hace difícil entender el éxito luego cosechado por los Pixies, gracias al cual recalaron finalmente en 4AD, el trampolín ideal para un grupo que, llegados a este punto, se veían capaces de cualquier cosa. Tal como en este corte que ejemplifica la vena sucia blues de una formación repleta de tantas aristas que, por momentos, se hacía incontenible, así como sucede en este álbum, compuesto de formas imposibles y sonidos tan terrenales como en este caso.

"Distance Equals Rate Times Time"

Tras la crudeza mostrada en “Subbacultcha”, es el momento de mutar en otro golpe de efecto sideral, a través de una muestra de power-pop atómico, definido por uno de los estribillos más contagiosos y vitalistas de todo el imaginario pixie, aun por encima con letras tan descacharrantes como "I had seen a vision, there wasn´t any television, from looking into the sun... we got to get some beer, we got no atmosphere...".

"Lovely Day"

“Lovely Day” es uno de los ejemplos más claros de que, a pesar de tratarse de un disco esencialmente pixie, también estamos ante un trabajo con el que Black Francis marca con tiza la línea de salida a su carrera en solitario. No en vano, salvo en momentos como “Space (I Believe In)”, el bajo de Kim Deal está más enterrado que nunca. La presencia de la breeder por antonomasia se palpa, básicamente, por sus aportaciones vocales en segundo plano. Y es que por algo estamos ante el último álbum con la formación original, antes de que Kim volara definitivamente con sus Breeders y pegara el pelotazo con el impepinable “Cannonball”, con la que cosecharon más éxito que en sus tiempos con la banda nodriza, la cual anunció su disolución definitiva en 1993, aunque su fin ya se podía leer entre líneas en este disco, donde ya no caben más conflictos de los que habían acerca de la supuesta democracia de un grupo liderado con mano firme y dictatorial por el entonces conocido como Black Francis, antes de reinventarse como Frank Black.

"Motorway to Roswell"

Tras otra vuelta al lado más sucio del sonido pixie, retornamos al juego de los contrastes que tanto les gustaba ejercer. No en vano, en “Motorway to Roswell” es todo purpurina semi-eléctrica. Una atmósfera mágica para la que el clímax es alcanzado desde que prende el primer acorde de la guitarra de Santiago. Todo lo que viene de ahí en adelante es una fantasía deliciosa para la que se erige como la canción de amor definitiva al Área 51. Un corte descrito desde la perspectiva de un extraterrestre, que debería ser adorada por todos los fans de “Expediente X” e incluso “Twin Peaks”, serie que influyó tanto a Francis que, durante la gira de “Trompe Le Monde”, no era extraño verle introducir los conciertos disfrazado de agente Cooper.

De vuelta a “Motorway to Roswell”, estamos ante otro de los picos más deslumbrante del universo pixie. Y, sin duda, uno de sus momentos estelares de pálpito pop más increíbles, incluso superior a clásicos imperecederos como “Here Comes Your Man” o “Dig For Fire”.

"The Navajo Know"

Y llegamos al final con la extrañamente adictiva “The Navajo Know”, fantasía pop infantil, que parece robada de la habitación de los juguetes de Pee Wee Herrman, con la que terminan una experiencia total única como “Trompe Le Monde”, aunque tristemente soterrada por el caudal desbordante que tuvo la cosecha discográfica de 1991. Y es que ese fue un año difícil para destacar, y más con obras como “Loveless” de My Bloody Valentine, “Screamadelica” de Primal Scream, “Blue Lines” de Massive Attack, “Out of Time” de REM, “Nevermind” de Nirvana o el “Laughing Stock” de Talk Talk. No en vano, estamos ante uno de los años clave en la historia del pop.

Treinta años después, “Trompe Le Monde” no solo reluce como una de las obras capitales de los Pixies, sino que, tal como lo describió el periodista Tom Ewing para Freaky Trigger cuando lo eligió como su disco favorito de los noventa, se trata de “pop metal de ciencia ficción de líneas limpias, perpetuamente subestimado”. Poco más que añadir a una descripción tan certera.

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