"Nevermind", 30 años del clásico de Nirvana
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"Nevermind", 30 años del clásico de Nirvana

Marcos Gendre — 24-09-2021
Empresa — Geffen Records
Fotógrafo — Archivo

Justo hoy 24 de septiembre se cumplen 30 años de la edición de "Nevermind", el álbum que lo cambió todo en el mundo de Nirvana y en la escena musical de los noventa. Nuestro colaborador Marcos Gendre repasa lo que supuso su impacto en este artículo especial.

Tres décadas después de haber puesto patas arriba la industria musical y cambiar las reglas del juego, “Nevermind” (1991) suena tan exuberante y poderoso como siempre. Toda una prueba de genio forjada por un trío de dinamiteros punk-pop que, tras unos inicios prometedores, jamás habrían podido imaginar el cataclismo provocado, perfectamente descrito en el fascinante “Come As Your Are”, biografía oficial del grupo, recientemente publicada por Contra Editorial, escrita por Michael Azerrad, autor del también imprescindible “Nuestro grupo podría ser tu vida”, y que contó con el encargo directo del propio Cobain, con el fin de contar la verdad de su historia.

La misma que, más allá de su debut conBleach (1989), gira en torno al nacimiento, gestación y eco, positivo-destructivo, de “Nevermind”, trabajo que vino precedido por el fichaje de Sonic Youth por Geffen Records, que en 1990 se estrenaban en la misma discográfica que Guns N’ Roses con “Goo” (1990), autopista y guía que siguieron tantos otros grupos procedentes de la vía underground, que, tras cegarse con el maná económico de los sellos mainstream, hicieron lo mismo que, en su momento, intentaron Hüsker Dü o The Replacements; en su caso, de forma fallida.

Al igual que el grupo de Bob Mould y Grant Hart, Nirvana también probaron suerte dentro de las ligas mayores bajo un mismo objetivo final: evolucionar desde sus instintos punk hacia la búsqueda de la canción pop perfecta, hecho que, si bien los Mould y compañía lograron de sobras con clásicos como “Candy Apple Grey” (1986) y “Warehouse: Songs and Stories” (1987), también es cierto que la promoción de los mismos fue catastrófica.

La generación de John Hugues y la algarabía funk de Michael Jackson aún no estaba preparada para las cargas hardcore pop de Hüsker Dü. Sin embargo, Nirvana entroncaron con la depresión adolescente de la generación X, etimológicamente descrita en las novelas de Douglas Coupland y Breat Easton Ellis, y abrazada por la MTV, que se dedicó a rotar compulsivamente el vídeo de “Smell Like Teen Spirit”, desde el mismo día de su publicación, el 10 de septiembre de 1991.

 

De himnos anti-generacionales

En base a esto, “Smell Like Teen Spirit” fue la bomba atómica en la que ardió toda una generación que, de todos modos, y tal como explicaba el propio Cobain en una entrevista inédita publicada por Los Inrockuptibles, lo entendió desde el otro extremo: “Las personas que hicieron que ‘Smells Like Teen Spirit’ fuera un éxito, que compran la música que pasan en MTV, son chicos que van al colegio y a la universidad. Sólo que no comprendieron que el mensaje era para ellos mismos, que la canción era un ataque contra el espíritu joven y no una celebración. Tengo que atenerme a la evidencia: el público masivo no entendió a Nirvana”.

El impacto de este himno anti-generacional fue tan vasto que provocó un hecho inaudito: que “Nevermind” derrocara del primer puesto al “Dangerous” (1991) de Michael Jackson.

Este hecho, fue tomado como una victoria de las minorías underground frente a la tiranía comercial del mundo mainstream. Sin embargo, esto generó un problema que acabó por devaluar la originalidad y personalidad de las generaciones posteriores nacidas desde la ética indie rock. De hecho, tras el éxito cosechado por Nirvana, cazatalentos de majors comenzaron a visitar los garajes y cuchitriles donde ensayaban grupos que, en muchos casos, aún no habían podido forjar su personalidad musical, antes de firmar contratos millonarios con compañías que, únicamente, jugaban al tiro al plato con los charts, buscando reproducir el impacto de “Nevermind”.

En su momento, esta teoría fue expuesta, y corroborada con hechos, por Chris Novoselic, pulmón rítmico de un grupo que, junto a Pavement, fue el último nacido de la generación de oro, encabezada por Hüsker Dü , Minutemen, Sonic Youth, Bikini Kill, Throwing Muses, Pixies o Beat Happening. Nunca más, la fábrica indie yanqui volvió a ver grupos con la dimensión única de los aquí recogidos, todos ellos influencia en un Kurt Cobain que, más allá de ecos tan evidentes como The Stooges o Black Flag, partía de una tan evidente y polémica como la surgida de su obsesión con los Beatles.

Los Beatles hardcore

En realidad, “Nevermind” no deja de ser la consumación de la búsqueda de Cobain por alcanzar esa canción pop perfecta, en base a los santos patrones armónicos patentados por los Beatles. Desde la misma producción de Butch Vig, tremendamente influida por George Martin y su arte doblando voces, cortes como “Lithium”, “Drain You” o el estribillo de “In Bloom” se ajustan a estos preceptos desde la contradicción claustrofóbica de unas canciones bombeadas con sangre Hüsker Dü y tapizada con riffs hercúleos y marmóreos como los de Tony Iommi.

Respecto a esto, el propia Cobain explicaba lo siguiente durante la promoción de “In Utero” (1993): “Soy fan de los Beatles, por más que a nuestros seguidores más radicales les cueste admitirlo. No conozco nada más hermoso que sus canciones. Estuve obsesionado durante mucho tiempo con la idea de escribir la canción pop perfecta: tocaba todo el día, tirado en la cama, durante ocho o diez horas seguidas, y a la noche me dormía con la guitarra entre los brazos, agotado… Ahora todo cambió: desde que estamos tan ocupados, mi relación con la guitarra se volvió menos natural. Antes absorbía todo mi tiempo y mi energía, todo pasaba por la música, envejecía mucho más rápido (sonríe). Quería crear, crear, crear… No tenía tiempo para salir ni para encontrarme con gente: mi vida social era un desastre. Ahora ya no; me limito a esperar el momento adecuado para ponerme a componer. Durante dos o tres meses puede haber un vacío completo, la nada misma, pero al mismo tiempo sé que no debo impacientarme porque las canciones se forman en mi cabeza de manera inconsciente. Por momentos escucho melodías que desaparecen rápido pero que un día vuelven a aparecer. Estoy mucho más distendido desde que tomé consciencia de esta facultad que mi cerebro tiene para almacenar las emociones y los ambientes. Por eso no estoy obligado a escribir todos los días y puedo hacer otras cosas”.

Punk rocoso en Technicolor

Más allá de la forma inconsciente de cómo se formaban las canciones en el cerebelo de Cobain, estas provenían de una mezcolanza ecléctica, que tanto recordaba a los mentados Beatles como a Raincoats, a quienes parecen hacer un guiño en “Something in the Way”. Se trata de canciones provistas de personalidad muy marcada, ricas en cuanto sus diferentes formas de estrangular estribillos, electrocutar riffs y explosionar power-chords tan potentes como una demostración de dinamita ACME.

Al igual que el “Never Mind the Bollocks” (1977) de Sex Pistols, la producción realizada por Vig de este disco es punk rocoso en technicolor, algo que, con todos los medios provistos para la ocasión, hace que su sonido e impacto sea todavía más punk. Y la clave de todo orbita en torno al metrónomo Dave Grohl. Tal como lo explicaba el propio Vig el año pasado: “Dave es un músico increíble. Realmente lo es. La gente siempre dice: ‘¿Cómo conseguiste ese sonido en “Nevermind”?’ y el 90 por ciento es Dave Grohl… Es sólo la forma en que Dave toca y es tan, tan potente…”.

De un sitio de mierda

“Nevermind” fue el resultado de un grupo que cumplía con las características surgidas por el estigma de vivir en un sitio de mierda como Aberdeen. Este hecho se adscribe a todo grupo con la inspiración nacida con el fin de escapar de su prisión geográfica. La misma por la que Novoselic recordaba a Les Inrockuptibles cómo, antes de formar Nirvana, “Kurt tocaba en Aberdeen con Dale, el baterista de los Melvins. Cuando los conocí habían grabado dos canciones increíbles y quise sumarme enseguida. Kurt me pareció un tipo gracioso y muy cool; le gustaban los mejores grupos underground y era un enfermo del punk. Pasaba su tiempo entre sus discos y sus bocetos de dibujos; dibujaba cosas geniales… Yo estaba convencido de que a la larga él iba a ser pintor o dibujante antes que estrella de rock. Lo que nos acercó fue el alcohol, porque le gustaba el vino y la cerveza tanto como a mí y nos encantaba pasar noches interminables hablando de música en el bar. Aberdeen es una pequeña ciudad de mierda perdida en el Pacífico, a más de cien kilómetros de Seattle. Es un agujero, sólo hay bares llenos de leñadores y pescadores industriales. Es un rincón marginado, una especie de Twin Peaks sin Laura Palmer. Cuando empezamos a tocar juntos tuvimos toda clase de nombres absurdos: Fecal Matter, Ed, Ted & Fred… Pero siempre tomamos al grupo muy en serio”.

A pesar del impacto único a nivel masivo cosechado por Strokes con su primer LP y The White Stripes con “White Blood Cells” (2001), podemos decir sin miedo a equivocarnos, que “Nevermind” fue el último gran hito rock generacional que ha vivido el mundo pop. Meteorito punk que, treinta años después, es más valorado que en su momento a nivel crítico. Dicho enfoque ha mutado con el tiempo debido al propio vacío generado tras la trágica muerte de Cobain, cerebro y alma de este clásico, a altura de sus referentes: ya fueran Stooges, Hüsker Dü o Sonic Youth.

De hecho, tal como recordaba Butch Vig en una entrevista a NME: “Creo que sería difícil repetir ese momento zeitgeist. Si ‘Nevermind’ saliera esta semana, a pesar de ser un gran disco, no tendría el mismo impacto cultural. Fue el momento perfecto para publicarlo, cuando hubo un cambio en la música y se sintió como una revolución”.

Nirvana tuvieron la suerte, o no, de estar en el momento justo y adecuado, uno en el que fueron abanderados del grunge, reevaluación del ADN rock pesado de Black Sabbath, combinado con la energía autodestructiva de los Black Flag de “Damage” (1981). En este sentido, Novoselic explicaba el secreto de su fórmula a Kerrang! en 2016: “Son las melodías y los ganchos. También está su fuerza y la diversidad. No explotamos una misma idea. Hace poco estaba escuchando ‘Milk It’, de ‘In Utero’. Es una canción realmente siniestra, o amenazante, más bien, pero el punto es que logramos desarrollar ideas de modo que los resultados eran muy diferentes. Además Kurt era tan intenso, y todo eso sumó en la grabación. Esa canción es un buen ejemplo de esa intensidad y de cómo no era necesario hacer un video para ella, porque ya se pegaba en la imaginación por sí sola”.

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