Entrevistamos a Pau Roca por su faceta como fotógrafo más allá de La Habitación Roja
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Entrevistamos a Pau Roca por su faceta como fotógrafo más allá de La Habitación Roja

Carlos Pérez de Ziriza — 13-12-2019
Fotógrafo — Pau Roca

Hablamos con Pau Roca de La Habitación Roja con motivo de la edición de “B” (Handshake, 2019), libro que combina fotografías del músico con textos que le han creado, enter otros, sus compañeros de profesión y amigos: Ricardo Lezón de McEnroe o Sebas Puente de los mañicos Tachenko.

Todo el mundo conoce al valenciano Pau Roca por ser el guitarrista de La Habitación Roja, pero de un tiempo a esta parte también está dando a conocer su trabajo paralelo como fotógrafo, una afición que le ayuda a sobrellevar los largos tiempos muertos entre concierto y concierto, y que en sus manos ha adquirido la suficiente madurez como para que gran parte de las fotografías que ha ido tomando en los últimos dos años se agrupen en un libro, “B” (Handshake, 2019), aderezado con textos del gestor cultural Álvaro de Los Ángeles, la diseñadora Tana Capó y los músicos Ricardo Lezón (McEnroe) y Sebas Puente(Tachenko).

Sus imágenes reflejan una cara poco conocida de la vida en la carretera, de ahí su título. Porque conforman una cara B que poco tiene que ver con los tópicos asociados al músico en gira. De hecho, posiblemente nadie se daría cuenta de que se tratan de instantáneas hechas por un músico que luego se enfrenta a varios miles de personas desde la atalaya del escenario. Todo el material fue recopilado durante el tiempo en que La Habitación Roja estuvieron presentado el que es su último álbum hasta la fecha, “Memoria” (2018). Él mismo nos lo cuenta.

Tus fotografías se alejan por completo de la clásica imagen de la banda sobre un escenario, en camerinos o en un hotel. De hecho, no aparecen personas en ellas.
La selección y secuenciación de las fotos corrió a cargo de Tana (Capó), y fue ella quien me dijo que siempre que me iba de gira, volvía con fotos en las que no aparece nadie. Lo interesante de mis fotos era eso, que se retrata algo que normalmente se obvia de las giras, y que es en realidad aquello que ocupa la mayor parte del tiempo. Hotel, viajar, esperar… fue algo casual al principio. Decidí llevarme la cámara durante toda la gira y siempre llegaba con ese tipo de fotos, sin darme cuenta. Es todo lo contrario a lo que se suele mostrar, normalmente las fotos de gira tienen como dos momentos: el glorioso, épico, del concierto, y luego el de mostrar la humanidad del músico en el camerino, sudado y con una toalla encima. Lo típico. Así que la gracia del proyecto era esa. Alejarse de ello.

Una de las cosas de las que habitualmente no se hablan mucho en los medios es de ese momento en el que el músico, estando de gira, vuelve a su habitación de hotel y vive el contraste entre el calor de una sala de conciertos y la soledad total de su habitación ¿Las fotografías pretenden reflejar también ese choque, a veces muy intenso?
Sí, eso ocurre varias veces al día. El hecho de que el texto esté impreso en papel vegetal, que casi cuesta leerlo, también responde a ese contraste, a reflejar el choque entre el silencio que plasman las fotos y el ruido que genera el papel vegetal, que se corresponde con el ruido de un festival, en el que ya hay música, pruebas de sonido… ahí hay un contraste muy fuerte.

¿Cuándo te diste cuenta de que en esa colección de fotos que ibas reuniendo había un posible libro?
He sido bastante riguroso en el sentido de llevarme trípode y cámara a todos los conciertos. He acumulado bastante material, porque a pesar de disparar en analógico, que tiene la ventaja de que supone una restricción porque mi cámara es de medio formato y cada carrete tira doce fotos, al final gastaba tres carretes, que es algo que alguien con un móvil o una cámara digital hace en diez minutos. He sido muy constante y he llevado la cámara conmigo desde la grabación del disco hasta todos y cada uno de los fines de semana que teníamos concierto. Y eso ha dado pie a que haya muchas fotos. De hecho, la última selección era de ciento y pico, y al final se quedaron en cincuenta. Más por coherencia entre ellas que por las fotos en sí.

Hace cuatro años participaste en la exposición Wasted Youth. Un autorretrato de la escena underground valenciana, que se expuso en el centro cultural Las Naves. Todas tus fotografías eran retratos de gente. Esta vez, has huido por completo de ello.
Ahí me dí cuenta de que en digital no podía hacer las fotos más grandes, y me animé a comprar una cámara. Sí que es verdad que las fotos de aquella exposición eran casi todas de gente en gira. Muy distintas a estas. He seguido haciendo retratos de personas, pero en este caso me he ceñido a esta otra vertiente.

¿Tenías referentes estéticos en cuanto al tipo de imágenes que te gusta recrear o en cuanto al tipo de libro que has hecho?
Sí, y algunos son cinematográficos: ayer estuve viendo la película Lucky (John Carroll Lynch, 2017), que está protagonizada por Harry Dean Staton. Es muy lenta, muy paisajística, y casi te podría decir que he visto más cine que fotografía. Me gustan esa clase de películas con cualidades cinematográficas.

Tus fotos plasman cierta sensación de abandono, de paisajes en declive, en ruina… son como no – lugares. Y hay unos cuantos teléfonos fijos, de esos que ya parecen reliquias del pasado.
Los lugares con un diseño más nórdico tienen menos historia, menos rollo, y esos contrastes que se producen entre lo viejo y lo nuevo, o lo viejo que ha sido arreglado, siguen estando muy presentes en los lugares por los que pasamos, porque La Habitación Roja nos cruzamos España cuarenta veces al año. La costa es muy distinta al interior. Me gustan los bares de carretera, según qué gasolineras o según qué hoteles… España sigue siendo así.

La foto de la piscina vacía forma parte del artwork de “Memoria” (2018), ¿no?
Hay algunas que usó Martí Perarnau para el diseño del último álbum de Mucho (“¿Hay alguien en casa?“, 2019) y sus singles, y la piscina que aparece en el libro es en realidad la piscina infantil que estaba junto a la grande que fue la portada de Memoria (2018), de La Habitación Roja. Quizá por su formato, tan cuadrado, muchas podrían ser portadas también.

Supongo que la fotografía es también una forma de sortear la rutina durante las semanas de gira, tras más de veinte años en este percal.
Sí, ese es uno de los puntos importantes. Si paras en un área de servicio, por ejemplo, te permite afrontarlo como un juego. Son momentos repetitivos, cotidianos, a los que sacarles algo más divertido. Llevar la cámara es algo muy lúdico para mí, y hace que ciertos momentos sean algo más emocionantes.

¿Y cómo lo llevan tus compañeros en La Habitación Roja?
Guay. De hecho, una de las fotos es un fantasma de cuya presencia me avisó Jorge (Martí), porque yo en aquel momento estaba dormido. Paró la furgoneta, dio marcha atrás e hice la foto. También trato de no pasarme mucho, en plan “oye, desviémonos por este camino, que he visto una cosa que … “. No, porque normalmente vamos con el tiempo justo, y no es plan.

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