Charlamos con Miqui Otero de ‘Simón’ (Blackie Books, 20), su nueva novela
Especiales / Miqui Otero

Charlamos con Miqui Otero de ‘Simón’ (Blackie Books, 20), su nueva novela

Oriol Rodríguez — 15-11-2020
Empresa — Blackie Books
Fotógrafo — Archivo

Lo nuevo de Miqui Otero es un novelón. Un novelón porque su cuarta entrega de ficción es un mesmerizante tocho de más de cuatrocientas cincuenta páginas. Más importante todavía, porque “Simón” (Blackie Books, 20) es la obra más perfectamente ambiciosa del escritor barcelonés, trabajo en el que ha sublimado y elevado al cuadrado todas sus excelencias y virtudes como narrador de universos y personajes.

Me pasa con tus libros que solo con leer las primeras páginas sabes perfectamente que son tuyos: hay una marca y un estilo propio ya inconfundible.
Es mi cuarta novela y todas tienen algo en común. Todas son novelas de medio iniciación, con personajes en la adolescencia o post adolescencia. Aun así, puede que transite por un territorio parecido al de “Rayos”, pero si tiras más atrás…

Es cierto, pero hay motivos en todas tus novelas que se van repitiendo.
A mí me interesan los autores que funcionan de este modo. Lo mismo con los grupos de música, que oyes un acorde de guitarra y ya sabes quiénes son. El reto siempre es ampliar el universo y hacerlo cada vez mejor pero sin perder la emoción y la frescura de los inicios. En “Rayos”, por ejemplo, sí que los dos protagonista provienen de familias gallegas, pero esa es una novela que transcurre durante seis meses, un año a mucho estirar; y “Simón” son treinta años. En “Rayos” cojo al protagonista que marcha de casa; en esta cuando aprende a andar.

Lo que decías, ampliando el radio y el discurso.
Exacto, pero conservando las señas de identidad. Cuando acabo una novela siempre pienso que la siguiente será algo muy diferente. Empiezo con una idea aparentemente alejada de todo lo que he hecho antes pero poco a poco me acabó llevando a determinados territorios.

Y cuando acabas una novela, ¿qué sentimiento te embarga?
Sería cómico montar un vídeo con las veces que he creído que he acabado una novela, especialmente esta última.

“Seguramente sea mi novela más ambiciosa hasta el momento. Me encapriché mucho de los personajes. Tardé mucho en enseñarla a mi gente más próxima. No, no quería terminarla”.

¿Cómo es tu proceso creativo?
Al principio es darle forma a la idea, tomar notas, investigar… El primer borrador lo escribo muy rápido. Y luego viene la parte más larga en el tiempo, que es cuando dejo reposar la novela y la vuelvo a rescribir, y así una y otra vez. Soy muy crítico con mis textos: termino, los dejo en cuarentena durante dos meses, me los vuelvo a leer, vuelvo a escribirlos, los dejo en cuarentena… Hay grupos de música que entran al estudio de grabación con los deberes hechos y lo graban todo a la primera y otros que van a experimentar y tocar botones. Yo soy de los que va a tocar botones. Más en una novela tan coral como “Simón”. Una novela muy importante para mí que nunca quería dar por acabada.

¿Por qué?
Seguramente sea mi novela más ambiciosa hasta el momento. Me encapriché mucho de los personajes. Tardé mucho en enseñarla a mi gente más próxima. No, no quería terminarla.

¿Hasta qué punto los personajes cobran vida y son reales para el autor?
Yo me encariño mucho de mis personajes. El problema es que a medida que vas publicando novelas se te van acumulando. Tristán, Fidel, Simón… Si montara una comida con ellos tendría problemas para hacerles un hueco a todos. Personalmente, me puede gustar una novela por muchos motivos, pero el principal siempre es sus personajes. Salinger decía que sabía si le había gustado una novela si al acabarla tenía ganas de irse de copas con su autor. A mí también me pasa, pero con los personajes.

Incluidos los tuyos.
Pienso mucho en ellos. Ahora, con todo el tema de la cuarentena y la pandemia, es inevitable que estén presentes, y que me pregunte si Rico (uno de los personajes de “Simón”) sería de los que no se pone la mascarilla. Me encanta cuando se acerca un lector y me pregunta por la vida de los personajes, que ha sido de ellos.

¿En el futuro te ves recuperándolos en nuevas novelas?
Sí, por qué no. Lo ha hecho Irvine Welsh. Lo ha hecho José Ángel Mañas. Y lo ha hecho uno de mis grandes referentes, Jonathan Coe. Él ha escrito tres novelas con los mismos personajes y a cuál mejor. Los cogió en el instituto y ahora ya son mayores. Tengo que escribir otras cosas, pero no descarto volver a mis personajes. Y, como pienso constantemente en ellos, creo que no sería difícil. De hecho, hubo una propuesta de hacer una serie de televisión basada en “Rayos”.

¡Explica!
Una productora compró los derechos audiovisuales. Les advertí que yo no participaría del guion, pero sí que les pedí que me tuvieran al corriente. Así, de vez en cuando iba a reuniones de guion. En una de ellas, se habló de que si iba bien, habría segunda temporada. Y fue precioso, porque se hizo un borrador de cómo sería la vida de los personajes una vez finalizada la historia que se explica en la novela.

La estructura de esta nueva novela: seguir a su personaje a lo largo de treinta años, ya la tuviste clara desde el primer borrador.
Sí. De hecho fue una de las cosas que tuve más claras. Tenía muy claro que quería que la novela empezara con los Juegos Olímpicos de 1992 y acabara con los atentados de Barcelona de 2017. Y si tenía este arco temporal, los protagonistas tenían que moverse en él. Tenía pequeñas intuiciones.

¿Cómo?
Sabía que tenía que ser una novela de auge y caída, como las del siglo XIX. Tenía claro que el protagonista era hijo de una familia propietaria de un bar humilde barrio. Y también tenía entre ceja y ceja que el protagonista acabaría conociendo a un rey.

¿Por qué?
Porque él está muy obsesionado con este tipo de novelas. Porque tiene una idea muy clara de lo que es el éxito, el talento y el triunfar sobre la cual quería reflexionar y para ello tenía que hacer que el personaje empezara muy abajo, llegara muy alto y volviera a caer. Para hacerlo llegar a lo más alto, en las novelas de espadachines que a mí me gustan es haciendo del protagonista humilde un gran espadachín.

Pero en el siglo XXI no hay espadachines.
¡Claro! No podía meter un espadachín porque sería la novela de un lunático. Luego pensé en hacerle estrella del rock, pero ya es aburrido y no hay tantos casos.

Y le hiciste cocinero, que hay más y son las nuevas estrellas del rock.
Estaba en las fiestas del pueblo de mi pareja y mientras tocaba la orquesta, conocí a un tipo que había trabajado durante mogollón de años de pinche y becario en un montón de restaurantes de estrella Michelín. Con las copas le sometí a un interrogatorio de tercer grado brutal. Al regresar de vacaciones, un día en casa, cogí el cuchillo de cortar el pan y me di cuenta de que aquella era la versión moderna de las espadas de los espadachines.

Todo cuadraba.
Un crío de familia gallega, que tiene un bar e irá subiendo de cocina en cocina hasta llegar a lo más alto, para luego hacerle bajar y que se pegue todas las hostias que haga falta.

“Confesiones de un chef” de Anthony Bourdain es justamente eso. ¿Lo leíste para inspirarte?
Sí. Para hacer el trabajo de investigación del mundo de la cocina, por un lado tenía el testimonio directo de este conocido, con el que volví a quedar y estuve hablando muchas horas con él. Un testimonio real más allá de mitos y leyendas. Todo eso lo complementé con muchas lecturas de biografías de chefs. Hay varias, pero la que más me gustó y más he utilizado ha sido la de Anthony Bourdain.

“En mis novelas hay mucha invención porque, para empezar, mis personajes son todos unos mentirosos, pero no puedo escribir de oída”.

En realidad es la biografía de una estrella del rock comprable a “Trapos sucios” de Mötley Crüe.
Total. Los mismos rituales… Todo es igual. De todo esto fue de donde saqué la información para la parte más de alta cocina. Para lo que sería la historia de bar de barrio, la inspiración fue mucho más vivencial y personal. Conocía del barrio a dos hermanos que tenían un bar. El hijo de uno de ellos me habló de su vida creciendo en un local así. Y junto a esto la historia de mi tía, que cuando llegó del pueblo a Barcelona, montó un colmado en el barrio de Sant Antoni y yo me pasaba todas las tardes en la trastienda escuchando las charlas con los clientes. Y mi otra tía, tenía un bar en el pueblo, en Galicia, y cuando íbamos para ahí en veranos nos echábamos horas y horas en él.

Dos de los grandes aciertos de tus novelas es que tienen algo de nostálgico sin caer en lo ridículo y que tienen algo de personal sin caer en lo autobiográfico.
Y ese es el objetivo: trabajar con hechos que me sean cercanos pero alejándome cada vez más de lo autobiográfico. “Rayos” no era autobiográfica pero…

Fidel, el protagonista, no eras tú, pero todo lo que te pasaba te podría haber pasado a ti.
Y, aunque pueda parecer una contradicción, cada vez intento involucrarme más emocionalmente, pero que a la vez haya una distancia en lo autobiográfico. En mis novelas hay mucha invención porque, para empezar, mis personajes son todos unos mentirosos, pero no puedo escribir de oída. Por ejemplo, hay un momento en “Simón” que el personaje va a un culto evangélico. No me sentiría cómodo con una escena así si no hubiera ido.

¿Fuiste?
Fui. Y muchas veces hago estas cosas sin saber muy bien si lo hago porque quiero escribir una novela o por la curiosidad de ir a un lugar así. Siempre había querido ir a un culto evangélico gitano de una iglesia del barrio de Sant Antoni, y de esta manera me obligué a hacerlo.

Barcelona vuelve a ser un personaje.
Me resulta curioso, porque es algo que los críticos destacan especialmente cuando las novelas suceden en Barcelona y no en cualquier otra ciudad. Pero lo entiendo, porque hay toda una tradición de la que esta novela ha bebido y sigue. “Simón” se puede leer así, en clave de novela de Barcelona. Hay una voluntad de explicar la ciudad a través de la vida del personaje, pero para mí la novela va de muchas otras cosas.

¿Sobre qué va?
Sobre los desfases entre las vidas reales y las vidas imaginadas. Sobre los privilegios y el dinero. Sobre las ilusiones y todo lo que has de traicionar para llegar a ellas. Sobre las amistades genuinas…

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