Linkin Park, veinte años de teorías híbridas
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Linkin Park, veinte años de teorías híbridas

Oriol Rodríguez — 21-10-2020
Fotógrafo — Archivo

El 24 de octubre de este 2000 se cumple el 20 aniversario de “Hybrid Theory” de Linkin Park, el disco de rock de más éxito comercial del siglo XXI. Piedra angular del nu metal más accesible, es uno de los discos definitivos y definitorios de toda una generación.

En un dormitorio. Esta historia, la de uno de los discos más relevantes de las primeras décadas del siglo XX, empieza en el dormitorio de un crío de trece años. Sí, este cuento de teorías híbridas comienza en el cuarto del jovencísimo Mike Shinoda, con su mesa de cuatro pistas barata, un micro malo y un montón de ideas buenas para trasformarlas en canciones. Aquellos primeros esbozos poco a poco fueron cogiendo forma, más cuando unos años después Shinoda montó Xero junto a su bff y guitarrista acnéico Brad Delson. Si Shinoda había crecido escuchando hip hop, Delson lo había hecho a base de una estricta dieta de discos de hard rock y metal, con especial predilección por los dos titanes del género: Guns N’ Roses y Metallica. A la pareja se les unió el batería Rob Bourdon, que a su vez compartía piso con Dave ‘Phoenix’ Pharrell, el bajista de una banda de ska-punk cristiano llamada Tasty Snax. Cuando se lo pidieron, no dudó a sumarse al proyecto. Tampoco se lo pensó mucho Joe Hahn, un DJ que iba a la misma clase que Shinoda en la escuela de arte. La primerísima alineación del embrión de Linkin Park la completaba Mark Wakefield, cantante que con los años seguiría vinculado al mundo de la música pero desde el ámbito de la representación. Actualmente es el mánager de grupos como Taproot, The Smashing Pumpkins, Deftones o Korn. Como curiosidad, destacar que también es el autor de la portada del disco Toxicity de System Of A Down.

La entrada de oro para la fábrica de chocolate

Chester Bennington era un jovencísimo cantante de Phoenix de voz mesmerizante y carisma desbordante. Había tenido sus cinco minutos de éxito como líder de Grey Daze, una banda de post-grunge con la suficiente capacidad de convocatoria como para llenar salas de 2.500 personas en Arizona. “Más allá de Arizona nadie nos conocía”, recordaría años después en una entrevista evocando sus primeros pasos en el mundo de la música. Pero el sueño de Bennington iba mucho más allá de Arizona incluso de Estados Unidos. Él pensaba a lo grande, pensaba en el mundo. “Era difícil ser el tipo que escribe y canta las canciones y compartir el crédito con una panda a la que todo les importaba una mierda”. Antes de consumirse decidió abandonar la música. Tenía veintiún años y se puso a currar como agente inmobiliario.

Jeff Blue era un joven abogado licenciado por la Universidad de UCLA especializado en la representación artística. Tras trabajar en diversos despachos de picapleitos importantes, Blue se lanzó a montar su propia editorial, Zomba Music Publishing, contratando a Brad Delson como su ayudante. A los cinco minutos de conseguir su trabajo, Delson ya le estaba hablando a Blue de su banda, Xero. Delson le llevó una maqueta. Sorprendido con lo que oyó, Blue les fichó. Pero les faltaba una pieza: un cantante de corte más melódico que se complementara con los fraseados rap de Shinoda. Entonces recordó aquel vocalista de aquella banda de Arizona con la que había trabajado una vez. ¿Cómo se llamaba? Chester Ben…

Cuando Chester Bennington recibió la llamada de Blue, su primera reacción fue más bien de escepticismo. Su opinión cambió cuando le llegó una maqueta que Xero habían grabado con sus primeros temas. Aquello sonaba más que bien. “Rápidamente me di cuenta de que Mike era un rapero muy bueno y que yo podía ayudar con las partes vocales más melódicas. Algo me dijo al momento que aquello era el ticket de oro para poderme colar en la fábrica de chocolate de Willy Wonka”. Chester volvió a grabar aquellos temas, ahora con su voz añadida. “Aluciné”, admitiría Jeff Blue en una carta abierta publicada veinte años después de aquel instante de epifanía. “Cada declinación de su voz explicaba una historia. Era genuina y vulnerable, preciosa pero urgente y con rabia”. Cuando Jeff les propuso a los miembros de Xero la incorporación de Chester Bennington al grupo, no pusieron ningún pero. Todo lo contrario, llevaban cinco o seis meses de infructuosa búsqueda de un cantante y aún no habían dado con la persona ideal. Chester tampoco se lo pensó demasiado. Hacía pocos meses que se había casado con Samantha Marie Olit y además tenía un hijo, Jamie, de pocos años de una relación, pero hizo las maletas y cogió el primer vuelo a Los Angeles, se plantó en las oficinas de Zomba Music Publishing, en Sunset Strip, justo en frente del mítico Whisky A Go Go y, por fin, conoció a sus futuros compañeros de grupo. “Recuerdo que me parecieron muy majos, serios e inteligentes. Pero lo más importante, es que tenían un plan. Sabían a dónde querían llegar”.

La fundación del loto de platino

Una de las primeras decisiones que tomaron con la incorporación de Chester fue cambiar el nombre del grupo. La primera tentativa fue la de llamarse Hybrid Theory, pero descubrieron que ya había otra banda que se llamaba así. “Y me alegro de que no fuera nuestro nombre”, confesaría Mike Shinoda. “Con el tiempo lo de hacer música híbrida se convirtió en una moda. Era casi una broma decir que tu grupo lo que hacía era una mezcla de estilos”. Los chicos plantearon llamarse Plear y Platinum Lotus Foundation, hasta que Chester llegó con la sugerencia de Linkin Park, una deformación del Lincoln Park de Santa Monica.

“Durante tiempo tuvimos la fama de ser más un negocio que una banda real”, admitiría Shinoda. “No era verdad. Lo que sucede es que teníamos muy claro lo que queríamos y debíamos hacer para llegar a lo más alto y tener éxito a todos los niveles”. El camino a la cima, como dicen los hermanos Young, es largo, pero a Linkin Park no les hizo pereza recorrerlo, aunque eso incluyera protagonizar cuarenta y un showcases para otras tantas discográficas con la idea de convencerlas de que publicaran su disco de debut. “Actuamos para todos los putos sellos habidos y por haber y todos nos rechazaron. Nadie quería trabajar con nosotros, pero no nos desanimamos, sabíamos que teníamos algo especial”, recordaba Chester Bennington. “Lo seguimos intentando. La mayoría de los grupos hubieran tirado la toalla a la tercera negativa. A nosotros nos dieron calabazas más de cuarenta discográficas y lo seguimos intentando. Nunca dudamos de nuestro talento”. Para Linkin Park todo cambió el día que Jeff Blue fue contratado por Warner Records. Una de las condiciones que puso a la major para pasar a trabajar para ellos es que Linkin Park debían convertirse en artistas de la multinacional.

Un paso más cerca

Linkin Park se encerraron en los NRG Recording Studios de Hollywood a inicios de marzo de 2000 con Don Gilmore, hasta entonces un productor más bien desconocido más allá de un par de discos para Lit y Eve 6, pero que a partir de ese momento pasaría a ser uno de los arquitectos sonoros más codiciados. Las sesiones iban tal como estaba planeado hasta que una intromisión de la discográfica casi acaba no solo con el disco sino con el grupo. Warner no tenía nada que objetar sobre la dirección musical de Linkin Park pero sí que tenían algunas sugerencias que hacer sobre el liderazgo de la formación. Así fue como con nocturnidad y alevosía citaron a Chester Bennington. En la reunión se le planteó la posibilidad de encabezar un golpe de estado que tuviera como resultado la expulsión de Mike Shinoda y su consolidación como único cantante de la banda. Ignorando que era el genio detrás de las canciones de Linkin Park, desde el sello creían que Shinoda era un tipo anodino y carente de carisma, todo lo contrario a Chester Bennington. Para Bennington no hubiera sido demasiado difícil rendirse a los deseos de la discográfica, al final y al cabo estaba a punto de materializar su sueño y a los chavales de Linkin Park les acababa de conocer. Contrariamente, envió a la mierda a la gente de Warner: si lo querían a él, tenía que ser con Mike Shinoda en el grupo.

“Hybrid Theory” se publicó el 24 de octubre de 2000 convirtiéndose desde el día de su publicación en el zeitgeist de su generación. Aparecido en plena eclosión del nu metal, el álbum de debut de Linkin Park correspondía a las fórmulas del género pero iba mucho más allá. El secreto del éxito de temas como “Papercut”, “One Step Closer”, “Points Of Authority”, “Crawling” o “In The End” es que son canciones totales: tiene la contundencia del metal perfectamente ensamblado con el flow del hip hop, pero también hay algo de pop en sus melodías que las hace irresistibles, fórmula que se completa con préstamos perfectamente ensamblados de la música electrónica.

“Hybrid Theory” debutó en el número 29 del Billboard 200 tras vender 50.000 copias en su primera semanas en las tiendas de discos. Tan solo cuatro semanas más tarde se convirtió en disco de oro alcanzado más de medio millón de copias despachadas. Durante los dos siguientes años, Linkin Park venderían 100.000 ejemplares de su primer disco cada semana hasta convertirse en el disco de rock más vendido del siglo XXI con más de treinta y dos millones de copias vendidas, el disco de debut de más éxito comercial desde “Appetite For Destruction” de Guns N’ Roses. Coincidiendo con su veinte aniversario, su discográfica ha lanzado una edición especial en diversos formatos.

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