1994 fue el año de la detonación definitiva de la fiebre britpop. Mientras los rostros más frescos del tenderete se dedicaban a fotocopiar logros pasados de The Beatles, The Kinks y el Bowie Stardust, Pulp renacían tras quince años de infructuosa búsqueda de identidad. De este modo, “His ‘N’ Hers” fue el resultado de una proyección inusual a la hora de juzgar las tendencias del momento.

Once cortes diseñados con la maña de quien transforma suma complejidad en chicles de concentrado jugo pop. Pero repasemos el disco tema por tema y descubramos los méritos por los que “His ‘N’ Hers” se convirtió en un clásico del pop, capaz de superar las barreras que marca el paso del tiempo.

Joyriders
Desde el hipnótico estribillo, casi deletreado, digno de los Roxy Music de Brian Eno, queda claro que la entrada de “His ‘N’ Hers” está amparada en una búsqueda diferente a las hordas revivalistas del britpop. Pertenecer a Sheffield, la misma ciudad industrial de la que brotaron tecnófilos como Cabaret Voltaire, marcó la idiosincrasia perturbadora de Pulp y grupos vecinos de Leeds como Soft Cell, avezados cabareteros de la liturgia pop.
Más allá de su glamuroso riff, digno del Mick Ronson de 1972, “Joyriders” conecta con los orígenes de Pulp a través de una atmósfera que bebe de la kosmische alemana setentera. Y lo hacen dentro de un molde de canción eminentemente pop.

Lipgloss
Tal como queda patente en el pistoletazo de salida, la banda liderada por Jarvis Cocker estaba reimaginando el glam rock de haberse cocinado en los mismos fogones de pioneros del krautrock como Can y Cluster. Más que una colisión de identidades, la bávara contra la british, “Lipgloss” suena a dimensión alternativa, donde el teclado de Candida Doyle es la brújula que arrastra al resto de instrumentos.
El aura cósmica perfilada por Doyle rezuma litros de serie B, como el marco al que parecen estar atados las vidas que protagonizan el grand guignol de barrio obrero narrado por Cocker. Temas que invocan toda clase de deseos adolescentes reprimidos en secuencias de puro ambient metronómico.

Acrylic Afternoons
Tras asentar las bases del glam de Sheffield en los dos primeros cortes, “Acrylic Afternoons” bucea en la raigambre de The Velvet Underground. Sin embargo, a diferencia de todos los abducidos por las enseñanzas reedianas, Pulp enfocan hacia aparentes personajes secundarios como John Cale, a quien recuerda sobremanera el violín que surca de babor a estribor el cuerpo de la canción. Mientras tanto, Cocker se ciñe a su papel de David Bowie de pub nocturno de extrarradio. Un ser de la noche “cuyos temas se convirtieron en postales de la época. Un retrato de la clase media británica de los noventa, que cuajaron en una sociedad en la que el sistema de clases es casi una obsesión”, comenta el periodista Cesc Guimerà. “‘La británica es la sociedad con mayor conciencia de clase de todo el mundo’, aseguraba el cineasta Lindsay Anderson”.

Have You Seen Her Lately?
En el cuarto apeadero del álbum, Jarvis Cocker prosigue con su mentalidad de cartero clandestino. Sus entregas postales exponen los pensamientos que nacen en la duermevela de toda una generación. En el intermedio entre cogorza y resaca de oso hormiguero, letras como las de “Have You Seen Her Lately?” se incrustan en el subconsciente la memoria colectiva de todo animal nocturno que ya haya transitado por himnos a la soledad en grupo como “How Soon Is Now?” de The Smiths. Pero a diferencia de la tendencia asexuada de Morrissey, Cocker expone historias guardadas en el armario de las decepciones adolescentes con el sexo opuesto. Otro británico de mentalidad norteña pero, en su caso, ceñido a una exposición altamente teatral, como aquí queda de relieve.

Babies
Y llegamos a “Babies”. Mientras Oasis y Blur se agredían constantemente entre brillantes ejercicios de estilo, Pulp se ganaban la eternidad por medio de maravillas como esta. A diferencia del efecto ralentizado en la melodía central de “Joyriders”, para esta ocasión filtran el estribillo por un acelerador de átomos pop. Y lo hacen desde la mirilla del voyeur: dentro de ese armario donde el protagonista de la canción se esconde para observar a la hermana de su novia. En este sentido, la economía narrativa de Cocker es desplegada a mayor gloria de un cuadro para la posteridad: “Bueno, pasó hace años, cuando vivías en Stanhope Road. Escuchábamos a tu hermana cuando volvías del colegio. Porque ella era dos años mayor y metía chicos en su habitación. Yo escuchaba desde fuera, la oía, sí”.
“Babies” es la demostración de cómo integrar viñetas trufadas de ironía al cubo dentro de un contexto eminentemente pop. También es la canción titular de “The Sisters EP” (1994), que añade tres gemas de gran valor a un grupo que se encontraba en plena bonanza creativa.

She’s A Lady
¿Cómo integrar un rollo electrónico colindante a los The Fall de Fontana Records, el “I Will Survive” de Gloria Gaynor” y los Abba de “The Visitors” (1981) sin salir trastabillados en el intento? “She’s A Lady” es la respuesta. Un nuevo atentado contra la horizontalidad britpop que no desentonaría en el fabuloso álbum con el que World Of Twist, sus vecinos de Sheffield, se adelantaron prácticamente al Screamadelica (1991) de Primal Scream. De hecho, este corte define en qué podría haber derivado tal sobredosis de orgullo nacionalista si el britpop se hubiera gestado desde los estertores de una ciudad deprimida del cinturón industrial norteño como Sheffield.

Happy Endings
“His ‘N’ Hers” está plagado de invitaciones al estribillo de alto vuelos. Casi se puede decir que es un tratado de cómo armar crescendos melódicos sin caer en el arquetipo ni la épica de escuadra y cartabón. Por ejemplo, en “Happy Endings”, Cocker se propulsa por el efecto breliano de un crescendo que busca los límites del sonrojo sin llegar nunca a traspasarlos. Al igual que grandes equilibristas entre emoción a flor de piel y ampulosidad sobre azucarada como Sparks y Abba, Pulp siempre caen del lado positivo. Y más con el embriagador colchón sintetizado, digno de los Roxy Music de “Stranded” (1973), sobre el que Cocker desgrana palabras perezosas, infectadas por su deje sardónico tan relamidamente british.

Do You Remember The First Time?
Tras un paso corredizo como “Happy Endings”, llega el turno a la euforia hormonal de “Do You Remember de First Time?”, el single con el que propulsaron “His ‘N’ Hers” hasta el top ten de ventas británico de álbumes. Y es que, más allá de las hechuras de single de este corte, las escenas retorcidas que pueblan sus canciones describen el paso sexual de la infancia a la adolescencia de buena parte de la juventud británica; asimismo, tangencial con la mayorías de países occidentales. Vergüenza y patetismo como el descrito por el propio Cocker en esta entrevista concedida a New Musical Express en 1994: “Recuerdo una vez, cuando era niño, que yo y un amigo estábamos fuera en el parque. Había unas chicas en los columpios que nos dijeron: ‘Hey, ¿os masturbáis?’. Nunca había oído hablar de eso antes, pero me reí porque sabía que era algo grosero. Así que contesté: ‘Yo podría hacerlo’. Y se rieron aún más. Corrí a casa y busqué la palabra en el diccionario. Y ahí estaba, ‘masturbarse’, definido como ‘abusar de ti mismo’. Así que desde ese momento pensé que sólo significaba decirte todo el tiempo a ti mismo que eres un hijo de puta”.

Pink Glove
En “Pink Glove”, Pulp prosiguen con su tendencia natural a transformar laberintos estilísticos en rutilantes piezas de orfebrería pop. Al igual que Saint Etienne bebían de su ADN cosmopolita (donde cabía pop francés femenino de los sesenta, italo-house, el dub experimental de A.R. Kane, la Motown y Dusty Springfield), Pulp se mofaban de la endogamia que exudaba el britpop por medio un crisol de influencias que, así como se advierte en “Pink Glove”, se nutren de su afinidad por coser medios tiempos donde se confunde minimalismo electrónico y enfoque espacial krautrock. Sin olvidar esa explosión melódica, digna de los Sparks producidos por Giorgio Moroder.

Someone Like The Moon
De repente, nos abocamos al tramo final de un álbum que no va a dejar de sorprender hasta su último aliento. Al igual que Denim, Momus y The Auteurs, Cocker había jugado hasta aquel momento en la liga de los malditos de mirada mordaz y lengua viperina. Sin embargo, el hombre Pulp también contaba con una vena altamente romántica. Aunque uno de sus valores más estimables fue poner en tela de juicio el típico modelo de canción de amor en materia pop, también jugaba a agente doble por medio de exaltaciones walkerianas como “Someone Like The Moon”. Un nuevo ejemplo de cómo jugar con la tradición; en este caso, por medio de un corsé instrumental donde convergen espectros velvetianos y tecno crepuscular digno de alquimistas nipones de los códigos binarios como Iaso Tomita.

David’s Last Summer
El caramelo final de “His ‘N’ Hers” se nutre de una versión norteña de funk british, empujada por el fraseo de un Cocker que se convirtió en el spoken word-man más teatral de su generación. Para muestra, este “David’s Last Summer”, donde Pulp vuelven a sonar como un puente perdido entre los momentos más transgresores de la historia del rock; en este caso, fundiendo la cadencia onírica a lo Sonic Youth del meridiano de la canción con un crescendo que no hubiera desentonado en “Soon Over Babaluma” (1974), el verdadero opus estilístico de Can. Con semejantes mimbres, “David’s Last Summer” son siete minutos que refrendan la rica complejidad interna de un trabajo que fue mucho más que una simple avanzadilla hacia hitos como “Different Class” (1995) y This Is Hardcore (1998).