Rememoramos el debut de Gorillaz por su 20º aniversario
Especiales / Gorillaz

Rememoramos el debut de Gorillaz por su 20º aniversario

Oriol Rodriguez — 07-06-2021
Empresa — EMI/Parlophone
Fotógrafo — Archivo

En un mundo en el que parece que de todo hace 20 años, rememoramos las dos décadas que han pasado desde la publicación del homónimo álbum de debut de Gorillaz. Un disco de influencia capital que catapultó a Damon Albarn como una de las más fascinantes mentes creativas de nuestro tiempo.

“I ain’t happy, I’m feeling glad. I got sunshine in a bag. I’m useless but not for long. The future is coming on”. Y entonces nos explotó la cabeza. Aquello era como si De La Soul hicieran una versión de un tema inédito de Blur en clave dub. La canción se titulaba “Clint Eastwood” y era la carta de presentación de Gorillaz, un grupo virtual salido de las ínfimamente creativas mentes de Damon Albarn y el dibujante de cómics Jamie Hewlett. Un temazo que 20 años después sigue sonando brutal. “No hemos hecho nada más perfecto que este tema, de verdad”, confesaba Albarn a la revista Vultura. “Es un híbrido impecable, una mierda extraña. Me salió un día con mi Suzuki Omnichord (un instrumento electrónico portátil), el primer reajuste fue el ritmo sobre el que se basa. Eso solo pasa una vez en la vida: enciendes un cacharro electrónico y lo primero que tocas lo usas y se convierte en un gran éxito. Me he pasado los siguientes 20 años comprando muchos instrumentos electrónicos con la esperanza de que me volviera a suceder. Tal vez el éxito nos llegó muy rápido, pero no lo creo, hacía 10 años que venía trabajando en ello”.

Damon Albarn y Jamie Hewlett, ciertamente, se conocieron en 1990. Por aquel entonces Blur eran una banda con más pretensiones que hechos tangibles. Tan solo hacía dos años que se habían formado y faltaba uno para que publicaran su primer disco, “Leisure” (Food, 1991), trabajo escondite de algunos pistoletazos certeros: “She’s so High”, “Bang” y, sobre todo, “There’s No Other Way” en el que jugueteaban a ser unos Stone Roses menores. Graham Coxon, el guitarrista de los londinenses, era fan y amigo de Hewlett. Coxon le pidió a Hewlett que los entrevistara para Deadline, la revista en la que el dibujante publicaba “Tank Girl”, el cómic que lo alzaría como uno de ilustradores fundamentales de finales del siglo XX. La entrevista fue un puto desastre. A Hewlett, Albarn le pareció un completo gilipollas. Peor aún, poco tiempo después el diseñador empezó a salir con Jamie Oliver, quien hasta hacía nada había sido la novia de Coxon. Oliver, además, era guitarrista y había formado una banda junto a su mejor amiga, Justine Frischmann. Su grupo se llamaba Elastica y también acabaría deviniendo uno de los grandes referentes del britpop. Como también lo serían Suede, cuyo cantante Brett Anderson era el novio de Frischmann. Hasta que lo dejaron y Frischmann empezó a salir con Damon Albarn.

“Puede que Gorillaz no sean reales, pero no lo son menos que esas caricaturas que son Marilyn Manson y Eminem”

En 1997 Blur ya eran una de las bandas más populares del planeta tras haber dado el pelotazo con su tercer largo, “Parklife” (Food, 1994), una de las piedras angulares del britpop. Tres años más tarde, Albarn y compañía publicaban el homónimo “Blur” (Food, 1997), almacén de hits totales como “Beetlebum” y “Song 2” y ese whoooo whoooo que aún hoy resuena tremebundo. Seguramente sea uno de los trabajos más oscuros de los británicos. Tristeza yuxtapuesta por la ruptura entre Albarn y Frischmann. El cantante se sacó de encima la pena escribiendo canciones y se olvidó de la líder de Elastica en las fiestas que montaba en su apartamento de Westbourne Grove. Un piso que compartía con… ¡Jamie Hewlett! Tras la antipatía mutua inicial, cantante y dibujante fueron aproximando posiciones hasta convertirse en grandes amigos. Aquella casa en el barrio de Notting Hill se convirtió en el epicentro de ocio de la Cool Britannia. Las estrellas del pop y la cultura inglesa del momento se dejaban caer noche tras noche en jaranas interminables. Y si alguna vez la fiesta llegaba a su fin, la pareja de residentes se dejaban caer en el sofá y se olvidaban de mundo tragando horas y horas de MTV. “Si mirabas la MTV durante mucho tiempo era como si te enviaran al infierno: no había nada sustancial allí. Fue así como se nos ocurrió formar una banda virtual que fuera una especie crítica a eso con sus mismas cartas”, exponía Hewlett sobre la génesis del proyecto que acabaría formando con Albarn. Este recordaría que en aquella época se vivía “una especie de explosión de boy bands. Todo aquello parecía muy prefabricado. Así que pensamos, bueno, hagamos una banda prefabricada, pero hagámosla de forma interesante”. Conjugando sus principales virtudes, Albarn y Hewlett formaron una banda virtual. El primero se encargaría de la música y el segundo de todo lo visual. Originalmente la llamaron Gorilla (aún sin la Z final) y las primeras canciones que crearon fueron “On Your Own”, que finalmente acabó formando parte del repertorio de Blur, y “Ghost Train”, tema que publicarían como cara B del single “Rock the House”.

Albarn y Hewlett, en realidad, no inventaron nada nuevo (de hecho, años antes a la gestión de Gorillaz, Hewlett ya había fantaseado con formar una banda facticia virtual) junto a Graham Colxon y Chris Gentry de Menswear a la que iban a llamar Sour Grapes. Las bandas virtuales existen desde finales de los años cincuenta, con la aparición de Alvin and the Chipmunks, sí, el grupo de las ardillas. Su single de 1958 “The Chipmunk Song (Christmas Don’t Be Late)” arrasó en las listas de éxitos. Luego vinieron The Archies y Josie and the Pussycats, ambos gozando de gran popularidad. E incluso bandas reales como The Beatles, The Jackson Five y The Osmonds tuvieron su versión virtual. Lo que hizo diferente a Gorillaz fue la aspiración artística con la que nacieron, tanto en lo musical, como en lo visual.

“A veces lo hacemos bien, a veces no lo hacemos tan bien. Pero nunca nos equivocamos. Porque nada es un error”.

Buena parte del éxito de Gorillaz reside en la genialidad del concepto, los cuatro personajes ficticios salidos del lápiz afilado de Hewlett: 2-D (personaje cuya inspiración es una mezcla de Damon Albarn, Chris Gentry de Menswear y Stuart Lowbridge, amigo común de Albarn y Hewlett y posteriormente técnico de escenario de Gorillaz), Murdoc Niccals (una especie de versión distópica de Keith Richards), Russel Hobbs (representación animada de la influencia del hip hop en el proyecto Gorillaz inspirada en Ice Cube) y Noodle, la única chica del grupo (originalmente iba a ser un personaje caucásico de nombre Paula Cracker, idea que acabaron desarrollando para distanciarse de la prota de “Tank Girl”, hasta dar con esta chica de ascendencia japonesa que acabaría convirtiéndose en el personaje favorito de Hewlett). El trabajo del ilustrador no se limitó a diseñar las portadas. En un proyecto total, sus personajes cobraban vida en ruedas de prensa, videoclips, actuaciones en directo e incluso en una página web animada. Y eso que estamos hablando de 2001, cuando el 93% de la población mundial aún no disponía de Internet en casa. “Puede que Gorillaz no sean reales”, declaró Hewlett a The Guardian en 2001, “pero no lo son menos que esas caricaturas que son Marilyn Manson y Eminem”. Cuando le preguntan a Albarn por su creación favorita de Hewlett, el cantante apunta al vídeo del tema “Tomorrow Comes Today”, uno de los momentos más destacados de su álbum de debut. De hecho es el primer videoclip de Gorillaz y la primera vez en que aparecieron en público los personajes virtuales del grupo. “Soy un gran fan de ese video. Amo su estética. Ya sabes, cosas como “El Mañana” son tan hermosas. (Hewlett) Es como yo, le gusta probar cosas diferentes. A veces lo hacemos bien, a veces no lo hacemos tan bien. Pero nunca nos equivocamos. Porque nada es un error”.

Tras una temporada de mierda, en verano de 2003 el FC Barcelona fichó a Frank Rijkaard como entrenador. Su periplo duró hasta 2008. Con el holandés en el banquillo, los culés ganaron dos Ligas, dos Supercopas de España y una Champions League. Un palmarés mucho más que notable. Y pese a todo, hubo una época en la que la prensa especializada se empeñó a decir que el bueno de verdad no era Rijkaard sino su ayudante Henk ten Cate. Luego ha resultado que en su carrera como primer entrenador, Ten Cate no ha ganado nada especialmente relevante. En Blur pasó algo parecido. Todo el mundo se empeñó a decir que el verdadero genio detrás de su éxito era Graham Coxon y que Damon Albarn era poco más que una cara bonita. Mientras corría el bulo, Albarn abrió los 13 Studios. En el corazón del West End londinense, en el 13 de Tanner Street, ese sería el refugio en el que empezaría a moldear el álbum de debut de Gorillaz. Un escondite genial en el que combinar ese poso pop británico inherente a su ADN con esa pulsión por adentrarse en parajes de estilos como el hip hop, el dub, la electrónica, los ritmos latinos, los sonidos tradicionales africanos… que hacía tiempo que le quemaban por dentro. Con los Clash siempre como faro de guía, algo muy parecido a lo que Mick Jones había hecho con Big Audio Dynamite. Otras influencias de cabecera en este nuevo empezar eran The Specials, Massive Attack y el supergrupo de hip hop Deltron 3030 y su por entonces muy reciente homónimo álbum de debut. “Deltron 3030” (75 Ark, 2000) es una ópera rap surgida de la mente del productor Dan the Automator Nakamura junto al MC Del the Funky Homosapien y el DJ Kid Koala sobre un futuro distópico ambientado en el año 3030. Un trabajo espectacular en el que el propio Albarn había colaborado en un par de temas. Dan the Automator acabaría siendo una pieza fundamental en el debut de Gorillaz. “Llamé Dan the Automator cuando ya tenía más de la mitad del disco hecho. Llegados hasta ahí, creí que sería interesante tener otro punto de vista sobre el proyecto”, confesaría Albarm. “Así que descolgué el teléfono y le pregunté si le interesaba ayudarme a acabar al disco”. No había colgado que Nakamura ya estaba en Londres. Y con él, Del the Funky Homosapien y Kid Koala. Una lista de invitados (algo que sería un común denominador a partir de entonces en todos los discos de Gorillaz) que se completó con Miho Hatori de Cibo Matto, Tina Weymouth de Talking Heads y Tom Tom Club y el icono de la música cubana redescubierto y reivindicado por Ry Cooder en su Buena Vista Social Club, Ibrahim Ferrer.

“Gorillaz” (Virgin 2001) se publicó a finales del mes de marzo de 2001, ahora hace justo 20 años. Con “Tomorrow Comes Today” como primer single y carta de presentación, el disco escondía sencillos totales como “Clint Eastwood”, “19-2000” y “Rock the House”. Poco después, Gorillaz se lanzarían a la carretera protagonizando una breve gira por Europa, Japón y Estados Unidos. El espectáculo escénico consistía en Damon Albarn y el resto de la banda tocando en directo detrás de una gran cortina oscura sobre la que se proyectaban imágenes de las criaturas creadas por Hewlett. Fue en la entrega de los premios Britt Awards de 2002 cuando los miembros virtuales de Gorillaz actuaron en vivo por primera vez gracias a los recursos que empezaba a ofrecer la tecnología 3D. Muy probablemente “Gorillaz”, el disco, aunque disfrutó de un éxito comercial espectacular, despachando más de 7 millones de discos en todo el mundo, no sea la mejor referencia de la aventura de Albarn (ya significado como el gran talento creativo que es) y Hewlett (cuya aportación en el proyecto iría decreciendo en el tiempo, en parte debido a sus desavenencias con Albarn), pero sí una obra de influencia capital en este cambiar de siglo. Desde entonces el mundo no ha dejado de hacer el baile del gorilla.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.