En plena época del streaming, ya no basta con consultar al responsable de la tienda de discos de confianza o a las revistas especializadas para saber qué oímos y por qué. Más de setenta millones de personas pagan por Spotify y otros tantos la usan de forma gratuita. Hablamos con Glenn McDonald, la persona que categoriza la música para la plataforma, a quien entrevistamos gracias al interés que nos suscitó ya años atrás con Every Noise At Once.

YouTube Music, Apple Music o Spotify. Son muchas las plataformas que permiten la escucha al momento de una cantidad inhumana de música. Pero es la última de ellas la que más se ha expandido en los últimos años, por su cantidad de suscriptores y por su alcance casi mundial. Más de setenta millones de personas pagan por Spotify y otros tantos la usan de forma gratuita.

En plena época del streaming parece un absurdo quedarse sólo con la visión del disquero o de las revistas especializadas para saber qué oímos y por qué. ¿Cómo se alimenta al algoritmo de Spotify? ¿Cómo se organiza la infinidad de datos que maneja la plataforma? ¿Y cómo se relacionan sus más de 3.000 géneros? ¿Qué influencia tiene eso en las tendencias, en las carreras, en las canciones? Por mucha literatura de ciencia ficción que queramos escribir, esas son preguntas que –quién sabe por cuánto tiempo– tienen una respuesta con nombres y apellidos. No es tarea de un robot. Y Glenn McDonald es el hombre tag.

McDonald y su equipo se dedican a rastrear las músicas del globo para categorizarlas y unirlas bajo diferentes baremos. Lo del ingeniero poniendo palabras a aquello que escuchamos se remonta ya a varios años atrás, antes incluso de fichar por Spotify: Every Noise at Once, esa nube de géneros sin fin es cosa suya. Nos guste o no, McDonald es ahora nuestro hombre de confianza.

¿Eras de los que lo coleccionabas todo de pequeño? ¿De dónde sale sino esa fijación por clasificar la música?
Gran parte de la música que he escuchado en mi vida ha venido impulsada por el miedo a que haya otro tipo de música más buena que no haya descubierto aún.

¿Y de ahí a etiquetarlo todo?
La clasificación de géneros musicales no consiste solamente en etiquetar. Para mí, se trata de hacer uso de patrones de escucha que permitan encontrar música que compartan la misma calidad, ya sea musical, histórica o cultural. De esta manera, descubrir un artista puede derivar a descubrir un mundo entero y, al descubrir ese mundo, puedes descubrir diez mundos más que estén relacionados con él.

¿Siempre hay sorpresas?
Lo que nunca deja de sorprenderme es la cantidad de información que contiene y expresan entre sus interacciones esos mundos.

¿Esas interacciones son vuestra capacidad de influencia como Spotify? ¿Cómo se relacionan esos mundos?
No pienso en nuestro trabajo como si tuviéramos tanto peso como para influenciar.

Sin duda tu trabajo en esas interacciones tiene mucho peso hoy día.
Los oyentes y los artistas son los que hacen el trabajo, nosotros solo tratamos en ayudar a que el universo de la música se autoorganice a través de sus interacciones.

“Aunque es raro que surja un concepto nuevo como el hip hop o el metal, pequeñas innovaciones y variaciones están ocurriendo en todo el mundo constantemente”

¿Cuántos géneros musicales conocemos?
Tenemos más de 3.000 géneros en nuestra lista… Pero este es un mundo muy grande. Incluso si la gente no estuviese creando nuevos géneros, no estaríamos aún cerca de terminar de mapear todos los estilos musicales que existen.

¿Cómo sigues descubriendo nuevos géneros?
Algunos se descubren simplemente por conocimiento humano, prestando atención a las tendencias y escuchando nuevas ideas en canciones nuevas, pero también realizamos una gran recopilación de datos para dar con patrones de escucha que no hemos identificado o captado todavía. Aunque es raro que surja un concepto nuevo como el hip hop o el metal, pequeñas innovaciones y variaciones están ocurriendo en todo el mundo constantemente. La cantidad de géneros que identificamos tiene más que ver con el tiempo y esfuerzo que se puede dedicar que con la cantidad potencial que existe.

¿Y cuántos mueren?
Como tenemos tanto música antigua como música actual, en cierto sentido, los géneros nunca mueren. A veces nuestra percepción sobre los géneros musicales cambia, o ciertas distinciones comienzan a parecer menos interesantes que otras, así que a veces eliminamos géneros o los renombramos o los fusionamos. Pero es más una adaptación que una muerte.

¿Qué es la “machine listening” y cómo funciona?
La “machine listening” es nuestro término general para todo el procesamiento informático que hacemos en los bits de la música en sí misma. Esto suele ser secundario con propósitos de género, porque los patrones de escucha humana y las reacciones emocionales están mucho más relacionadas con las notas de la música; esto nos ayuda a identificar la manera en la que la características acústicas se comparten a través de las fronteras culturales. Ejemplo: la manera en la que el hip hop, en diferentes lugares e idiomas, siempre tiene una intensidad rítmica similar.

“Hemos eliminado las limitaciones físicas, pero las limitaciones de atención y conocimiento siguen existiendo”

La gente está escuchando más canciones gracias a las plataformas de streaming, pero ¿están escuchando menos géneros musicales diferentes? ¿O sucede lo contrario?
Es un tema circular. Cuanta más escuchas tenemos, mejores son nuestros datos y, por tanto, mejor podemos entender los patrones de escucha. Así que contar géneros nos habla más de nuestro propio entendimiento sobre los géneros que de las escuchas. En cierto modo, creo que no importa la respuesta a esta pregunta en este momento, porque todavía estamos empezando a entender el potencial de tener toda la música del mundo disponible al instante. Puede que no hayas escuchado la música que más se adapte a tus gustos y también puede que un artista jamás llegue al oyente que sería su mayor fan. Antiguamente, con el envío de LP’s o CD’s en cajas por todo el mundo, cualquier par de oyentes y artistas podían estar separados por una distancia física insalvable. Hemos eliminado las limitaciones físicas, pero las limitaciones de atención y conocimiento siguen existiendo. Estoy intentando trazar un mapa del mundo de la música para que sea más fácil moverse y así ofrecer herramientas a la gente para poder satisfacer su curiosidad.

He leído que se utilizan fracciones más pequeñas para generar nuevas etiquetas. Pero ¿habéis pensado alguna vez en desmontar alguna etiqueta base o género músical? ¿Tiene sentido hablar de indie o pop como etiquetas hoy en día?
Las palabras siempre guardan muchos significados. El “pop” de “afropop” es diferente del “pop” de “punk pop”. Igual que el “picante” de un plato coreano de arroz es diferente al “picante” de una cerveza de jengibre jamaicana. Las etiquetas son solo sugerencias para ayudar a referirse a los tipos de música y poder volver a ellos más tarde. Podríamos darles números en lugar de utilizar palabras, pero las palabras son más fáciles de recordar.

Has comentado recientemente: “Es más posible etiquetar entre los espacios que hay entre los géneros a medida que se estos se mezclan entre sí”. ¿Hay algo que haya hecho cambiar tu opinión? ¿Algún género que te haya sorprendido, que no pudieras encajar entre otros?
El ejemplo más claro es “escape room”, que es una etiqueta que inventé porque literalmente no podía pensar en nada que no fuese misterioso como aquello y que tuviera sentido. Es un tipo de música que involucra el laptop electropop como activismo y experimentación, el desdibujamiento del género en sí mismo, gente que creció pensando en el hip hop como música pop, en lugar de pensar que esos dos estilos fuesen estaciones de radio diferentes o diferentes estanterías de la tienda de discos. Es como una especie de música punk moderna, pero en lugar utilizar pinceladas de la música popular, como hicieron las bandas de punk en los años setenta, va más allá y experimenta con toda la cultura que se encuentra tras este estilo.

Dices que importan los valores cualitativos (emociones y experiencias de escucha) en vuestra manera de entender el consumo. ¿Cómo se mide esto?
Las emociones importan mucho más que cualquier otra cosa y la mayor parte de las veces somos terribles a la hora de medirlas. Por eso los patrones de escucha son mucho más potentes que procesar señales. Conseguir que un ordenador decida si un determinado fragmento de audio aislado de tres minutos es nostálgico o triunfal sigue siendo, en esencia, inútil, y probablemente no tenga sentido además de ser difícil. La misma música provoca emociones diferentes en distintos oyentes. ABBA significa algo muy distinto para mí con cincuenta y dos años de lo que significa para mi hija de doce que adora “¡Mamma Mia!”. Pero se pueden encontrar canciones nostálgicas fácilmente buscando las que son más populares entre las personas de una determinada edad y lugar. Los oyentes se guían por cómo se sienten y nosotros nos guiamos por las escuchas.

“Antes era más difícil explorar y descubrir música, por ello, el vínculo y el apego al artista era el único modo de consumirla”

Perdona la suspicacia, ¿pero no crees que estamos excesivamente enfocados en cuántos artistas y cuántos géneros consumimos y no en cómo?
Yo lo veo de otra manera: antes era más difícil explorar y descubrir música, por ello, el vínculo y el apego al artista era el único modo de consumirlo. Cuando era niño, tal vez podía comprarme un álbum al mes. ¿Iba a arriesgar ese álbum en algo que no conocía y ampliar mi conocimiento? No. Iba a perderlo en otro álbum de Black Sabbath, que estaba seguro que escucharía cien veces. Pero eso no significaba que me gustase Black Sabbath cien veces más que otras bandas de metal, era solo que no podía sentir curiosidad sobre los demás.

¿Estamos denostando demasiado el streaming, entonces?
El streaming libera la curiosidad. Como has comentado, esto tiende inevitablemente a extenderse a más artistas, y parte de por qué digo que estamos todavía empezando a entender las implicaciones del streaming es porque no hemos proporcionado realmente las herramientas para manejar esta experiencia. Cuando tienes veinticinco discos y la radio, es fácil distinguir entre lo que te es familiar y la exploración. Ahora que puedes escuchar fácilmente cientos de bandas de metal en vez de un disco más de Black Sabbath, ¿cómo puedes hacer un seguimiento de lo que estás descubriendo? ¿Cómo ayudan las herramientas de interfaz de usuario, de un servicio de streaming, a formar vínculos de fans con algunos de los grupos que ahora pueden “descubrir” sin esfuerzo? ¿Cómo es el fandom, ahora que puede ser producto de una escucha curiosa, en lugar de estar limitado en tus compras por tu presupuesto?

¿Pesan más los singles, de nuevo? ¿Las canciones sueltas?
Creo que los incentivos están probablemente pasando de los álbumes a los singles, sí, pero no creo que esto implique que los artistas deban hacer menos música, solo que puede ser más efectivo lanzarla a lo largo del tiempo. Para mucha música la construcción del álbum ha sido siempre menos una unidad artística que una forma de acumular energía para conseguir que el oyente quisiera comprar un disco. Si ya no necesitas esto, probablemente no debas seguir yendo a comprarlo. Tal vez Ariana Grande y sus fans están más contentos si solo publica una nueva canción cada vez que la anterior cayera fuera de un Top 40, y por tanto cada canción recibe el foco de atención de esa comunidad.

“¡Estamos viviendo a través, o quizás entrando, en la verdadera era dorada de los EP’s!”

¿Es bueno o malo que se diluya el disco como concepto?
En el lado opuesto, esto que digo también puede ayudar a algunos tipos de artistas que hacen álbumes. Si “álbum” no es el formato forzado por defecto por la logística de compra, así es más fácil elegirlo, o las diferentes variaciones en él, por razones artísticas. Creo que estamos viendo exactamente este efecto, de hecho, más dramáticamente con el boom de los lanzamientos multicanción más cortos. ¡Estamos viviendo a través, o quizás entrando, en la verdadera era dorada de los EP’s! En la era del LP/CD, dominada por el álbum, un contenedor de música con solamente quince o treinta minutos de música parecía incompleto. En la era del streaming, un EP de veintidós minutos es de esa duración porque es así como se quiere que sea.

Los artistas odian las etiquetas y que les etiqueten. Tú has creado muchas… ¿Te deberían odiar?
Creo que los artistas odian estar limitados. Estoy intentando usar los datos para encontrar maneras de descubrir comunidades y, así, conectar grupos de artistas con audiencias. Esto es lo contrario a imponer un límite. Un artista puede ser parte de muchas comunidades, de la misma manera que a un oyente le pueden gustar muchos tipos de música, o puede compartir la misma música con gente distinta por diferentes razones. Nosotros ponemos nombre a estas cosas para poder hablar sobre ellas, depurarlas y desafiarlas, que es la misma razón por la que ponemos nombre a los barrios, a las recetas o a los movimientos en gimnasia.

Vale, lo de las etiquetas, concluímos como empezamos, te encanta. Con razón. ¿Cuál es la parte que menos te gusta de tu trabajo?
Que Spotify no está disponible en todo el mundo. Así que nuestros datos de escucha están muy sesgados hacia lugares en los que sí está activo. Sabemos mucho más sobre lo que la gente escucha en Boston, que lo que escuchan en Ürümqi. Tengo tanta curiosidad, personalmente, sobre folk-pop ruso o metal coreano, como por los dúos indietrónicos de Brooklyn. En todos los lugares del mundo la gente está haciendo música y yo quiero llevar la música a todo el mundo. No quiero esperar a que la gente cree torres de telefonía móvil y firme acuerdos de licencia para que la música pueda fluir, quiero que fluya ahora mismo.