Tras analizar el auge del vinilo en un artículo especial, en esta segunda entrega ponemos el foco en los sellos y la parte más técnica de un revival que genera más entusiasmo que escepticismo. El vinilo ya es más que una moda efímera.


Como muestran las estadísticas del año pasado, el resucitado formato se ha consolidado. Según cifras de Nielsen, en 2018 se vendieron en Estados Unidos casi 17 millones, un 14,6 por ciento por encima del año anterior. Es el decimotercer ejercicio consecutivo en el que crece en un país donde suma ya un doce por ciento de las ventas físicas. Desde 2009, cuando apenas se vendieron 900.000 unidades, la curva ha crecido en vertical, en especial a partir del año 2013. En Reino Unido, otro mercado de referencia, suma ya un veinte por ciento de las ventas físicas, aunque su comportamiento en el 2018, con un crecimiento del 1,6%, ha sido más discreto de lo esperado.

Las previsiones globales a cinco años siguen siendo, no obstante, optimistas. Para una multinacional como Universal Music, el vinilo ya supone nada menos que una cuarta parte de su facturación, dato muy elocuente sobre la creciente pujanza del formato. “Como un fenómeno que empezó siendo anecdótico, daba la impresión de que se trataba de una moda pasajera que se iría como llegó, pero se ha ido afianzando año tras año”, nos explica Gabriel Domínguez, Director comercial de la empresa en España. “Su importancia no es ninguna exageración, es algo que ha venido para quedarse por unos cuantos años y que nos está permitiendo compensar, en gran parte, la pérdida de ventas que se produce por el incesante declive del CD. Lo demuestra el hecho de que en los centros más importantes de El Corte Inglés o FNAC su espacio representa ya aproximadamente el cincuenta por ciento, o más en algunos casos, del total de metros cuadrados de los departamentos de música”. Con más de ochocientas referencias publicadas sólo en 2018, Universal ha apostado sin titubeos por esta expansión analógica en la era digital. “Posiblemente, somos los que más títulos editamos”, asegura el ejecutivo.

Mark Kitcatt, director de la distribuidora Popstock!, corrobora esta visión optimista. “Cada vez se vende más vinilo, y más tiendas se apuntan a tener LPs. Quedan pocas que sólo tengan CDs y no vinilo. Algún hipermercado. Y tenemos grupos que venden tanto o mas LPs que CDs. Supongo que a veces se exagera un poco su crecimiento. Pero no es tanto que se exagere, es más que la gente entiende una cosa a medias, y se afirman cosas que no son verdad”.

 

Menos ruidoso

Insistimos de nuevo, por si no quedó claro en la parte anterior de este especial: el LP, en esta improbable segunda edad de oro, está a distancia sideral de ser el formato de masas que fue desde los años cincuenta hasta los primeros noventa, cuando la fiebre del entonces moderno y muy publicitado Compact Disc lo desplazó a la irrelevancia comercial en una estrategia promovida por la propia industria. Se trataba, entonces, de volver a vender a precio de oro el catálogo de referencias de los sellos, con un formato supuestamente indestructible, moderno y de sonido “perfecto”. Tras más de una década en que la discutible estrategia funcionó a pleno rendimiento, el mp3 y la pérdida de prestigio del CD como formato se volverían en contra de una industria que, desde su hundimiento, no ha conseguido reaccionar del todo. Pero ésa es otra historia.

Fernando Delgado, Director de PIAS Iberoamérica, sostiene que el resurgimiento del vinilo ha sido “menos ruidoso de lo que muchas veces indican los medios. Lo más destacable es que se ha convertido en la muestra del mantenimiento del formato físico, como una prolongación de la experiencia de escucha. No salva los números, pero hay ocasiones en que las tiendas demandan más unidades durante más tiempo”. El ejecutivo pone como ejemplo la prolongada vida del último LP de Father John Misty. No obstante, subraya que el vinilo, en su excelente momento actual, está lejos de compensar la caída de las ventas físicas, arrastrada desde hace años y años. “Lo llamativo es que se haya mantenido e incluso aumentado en algunos títulos y catálogos, pero sigue siendo un formato de consumidor-nicho o comprador selectivo. No es masivo, no es popular”.

La visión de Gustavo Kisinovsky, hombre de PIAS en Argentina y responsable de Ultrapop Records, está oscurecida por el inasumible precio de los discos en aquel país y el desplome de las ventas globales: “El vinilo ha vuelto como objeto de merchandising de lujo para gente con buen poder adquisitivo y fans. Si se quiere agrandar la base de consumidores, hace falta que bajen los precios de los discos y los reproductores, hacer la experiencia accesible a todo el mundo, y que no sea sólo un chiste de chicos pijos, periodistas y melómanos. Lamentablemente, el cierre de fábricas y tiendas no parece indicar que vaya a ser así. Ojalá esté equivocado, pero todo indica que los costes de fabricación van a ser más altos”. En efecto, no parece una tendencia esperanzadora que se editen novedades a 27,99 euros o incluso más. Para Delgado, no obstante, tiene una explicación: “El precio lo marca el formato. Habría que hacer públicos los costes de un doble LP de 180 gramos con carpetas duras, desplegable de letras y un precioso retractilado, para que la gente se diera cuenta de que es un precio acorde con lo que queremos. Siempre me ha hecho mucha gracia la constante discusión sobre el precio de los discos, cuando nadie cuestiona los ciento veinte euros que cuestan unas zapatillas Air Max”.

A este respecto, Domínguez añade que “evidentemente el precio influye en la decisión de compra. Universal está haciendo un gran esfuerzo para ajustar al máximo sus márgenes, de forma que sus vinilos estén al alcance de la mayoría de los aficionados. Es más que posible que los precios puedan bajar, pero serán ligeros ajustes, nunca grandes diferencias respecto a los precios actuales, ya que tanto las materias primas utilizadas como las tiradas limitadas y el reducido número de fábricas que disponen de la maquinaría necesaria para producirlo, hacen muy complicado reducir costes”. En esta misma idea abunda Kitcatt: “Es un formato caro por naturaleza. Todos los atajos que se hacen para bajar el coste tienden a mitigar la calidad del objeto y cómo suena. No creo que bajen los precios mucho, a no ser que pase a ser algo que la gente hace para perder dinero. Supongo que siempre habrá cerveceros que los regalen”.

 

Buenas ediciones

Hay algo unánime: sellos y distribuidoras han respondido al renacimiento con una vigorosa política de ediciones y reediciones, hasta el punto de que ya son minoría los discos que no se publican en analógico. De las grandes distribuidoras a las multinacionales y los sellos más underground o minúsculos, todo el mundo se ha subido al carro. Fernando Velasco, de la tienda madrileña Bajo el Volcán, ha sido testigo en primera línea de esta sorprendente evolución. “Hace unos pocos años se editaba mucho menos. Muy poco. Ahora sale todo. Se está reeditando muy bien. Soy partidario siempre del original, pero las ediciones que sacan Rhino (Warner), Universal con Back to Black, Music on Vinyl, que es independiente, o Sony con Legacy, en general son muy buenas. Los discos suenan muy bien. Cada grande ha sacado su propio subsello dedicado al formato”. En efecto, las multinacionales han potenciado sus propias marcas diferenciadas, reeditando fondo de catálogo y novedades, y, además, apostando por precios contenidos, en general: además de las mencionadas, The Sound of Vinyl (Universal) y We Are Vinyl (Sony). Junto a ellas, sellos del prestigio de Sub Pop, 4AD, Merge o Domino lanzan prácticamente todas sus novedades importantes, además de suculentas reediciones.

El Director Comercial de Universal destaca la aportación de su empresa: “Cuidamos muchísimo la calidad del producto, casi el cien por cien de nuestros títulos se fabrican en vinilo de 180 gramos y sólo en las mejores fábricas (República Checa y Alemania). Además de las novedades, ponemos especialmente el foco en recuperar fondo de catálogo, cosa que el aficionado agradece enormemente. Estas reediciones mantienen portadas originales y la máxima calidad de sonido. Acudimos, cuando es posible, a las cintas analógicas originales para la masterización”. El responsable de Popstock! sostiene que “la música no afecta a todo el mundo de la misma manera, ni falta que hace. A los que les afecta más, el formato físico les importa mucho, y tenemos que hacerlo atractivo. Pero para nosotros, es un formato musical. No estamos para decir a la gente cómo tienen que escuchar a sus artistas favoritos. Prestamos mucho caso a que se masterice de forma adecuada, prensado sobre buen vinilo, y presentado de forma óptima”.

 

Nueva fábrica en España

Efectivamente, los vinilos con más peso suenan mejor porque son más estables y resistentes a las vibraciones. Además, cuando es necesario y se tiene presupuesto, el audio se restaura, remezcla y remasteriza de forma cuidadosa. Los míticos estudios Abbey Road de Londres se han convertido en abanderados de la excelencia de todas estas técnicas, y están detrás de bastantes de las reediciones. Técnicas como el master a mitad de velocidad, perfeccionado por el ingeniero Miles Showell (a partir de la experiencia de lo que hacía Decca en los sesenta con los discos mono), se emplean como reclamo para que ciertos consumidores audiófilos vuelvan a comprarse los discos de Brian Eno, OMD o Siouxsie. Muchos de los vinilos que se fabrican hoy suenan con una nitidez asombrosa, que se beneficia del interés que ha vuelto a suscitar el formato. Una empresa austriaca ha anunciado el vinilo HD, sin que de momento haya trascendido el apoyo de los grandes sellos, imprescindible para que un invento de este tipo se consolide. Los tiempos no tan lejanos en los que salían vinilos con masters digitales comprimidos a tope, y por lo tanto distorsionados, parece que quedan lejos, y la cultura de ediciones y reediciones es, hoy, objetivamente espléndida. No puede sorprender, teniendo en cuenta el precio y el perfil casi exclusivo del consumidor de vinilo actual.

“Lo que nosotros aportamos -dice en este sentido Delgado, de PIAS-, es el cuidado del formato: 180 gramos, carpetas chulas. Es muy importante para el comprador que el vinilo pese: se gasta de 20 a 60 euros si merece la pena. Esto sucede, en general, en el formato físico: ya no puedes vender un formato cutre o simple”.

Sellos independientes locales como Repetidor apostaron por el vinilo desde el primer minuto, en momentos en los que el formato vivía horas muy bajas. Daniel Ardura, cofundador del sello mutualista -y miembro de la banda Alado Sincera- que cumple ahora una década de actividad, lo explica: Acabábamos de huir del sello donde habíamos publicado nuestros dos primeros discos, y recuerdo que una de nuestras ideas era precisamente publicar en vinilo. En aquel momento era minoritario, pero algunos sellos y bandas que nos gustaban (en España, Munster por ejemplo) nunca habían dejado de hacerlo. Si a eso le sumas que habíamos crecido con el vinilo y que estábamos a favor de la experiencia de escucha que supone, pues estaba claro. En poco tiempo conseguimos que fuera nuestro principal formato”. Daniel cree que su principal reclamo es “la propia experiencia de escucha. Partiendo de un buen o mejor sonido, establecer una sesión por fonograma de un máximo de 40 minutos, dividida en dos partes de 20, me parece un acuerdo justo entre el músico y el oyente”.

Respecto al hecho sociológico de su resurrección, “es un hecho que ha vuelto a ser importante y lo celebramos, pero ojo, porque también hemos visto cómo se ha encarecido el coste de fabricación (por falta de plantas en Europa y la escasez del petróleo), cómo ha subido el precio de los discos de segunda mano hasta el ridículo y -esto era inevitable- ya estamos viendo a gente escuchar buenos vinilos en equipos de mierda sólo por decorar el salón de casa y seguir la tendencia, así que…respondiendo a tu pregunta: Sí, ha vuelto a ser importante”.

En estos años, Repetidor ha fabricado esencialmente en la República Checa (GZ, vía Munster) y Holanda (Record Industry). Como en otros países, el auge del CD y el mp3 causaron la extinción total de las plantas de prensado en España. Por paradójico que suene (en realidad, no lo es tanto) en la era digital no resulta fácil ni barato poner en marcha una planta de este tipo, por la tecnología puramente mecánica que implica y, sobre todo, por el grado de especialización que requieren sus trabajadores. Es complicado recuperar un oficio o una técnica que casi desapareció, de manera que los sellos locales han tenido que recurrir a plantas europeas, con fechas de espera de meses.

Ya no tendría por qué ser así: tras alguna experiencia poco afortunada, acaba de empezar a funcionar una fábrica en Urduliz (Bizkaia): Press Play tiene capacidad de fabricar hasta medio millón de discos al año, según afirman, con los estándares más altos del mercado y especial atención al exigente proceso de mastering. Veremos cómo les sale la aventura, pero es un signo inequívoco de que el vinilo estará entre nosotros más tiempo. Ahora sólo falta que vuelva a ser masivo.

 

Fiebre de novedades

El debut del trío femenino post-punk The Slits; los primeros dos LPs de Buzzcocks, en ediciones impecables. Come on Pilgrim y Surfer Rosa de Pixies y los dos primeros trabajos de Frank Black; Pink Flag de Wire y sus dos ilustres sucesores; el debut de Violent Femmes; las A Sides y otros álbumes destacados de la inabarcable producción de The Fall; el catálogo de Siouxsie and The Banshees; la obra inicial (y más interesante) de Kate Bush y OMD; las obras maestras de los escoceses Teenage Fanclub… álbumes que sólo podían hallarse rebuscando en tiendas de segunda mano, en ediciones cada vez más polvorientas (y caras), están resucitando cada semana en el formato en que fueron editados originalmente, pero con audios más nítidos, cuidadosamente restaurados a partir de las cintas originales. Recopilaciones lujosas como las de Soul Jazz, clásicos y discos perdidos de todos los géneros, bandas sonoras más o menos míticas…casi todo es susceptible de prensarse.

En el caso español, se han recuperado discos seminales de Aviador Dro, La Mode, La Estrella de David o Golpes Bajos, el debut de Mercromina, los primeros dos álbumes de Triángulo de Amor Bizarro y las obras magnas de Lagartija Nick Inercia y Sr. Chinarro El porqué de mis peinados. Por mencionar unos pocos. Triángulo de Amor Bizarro han hecho lo propio con todo su catálogo.

En no pocas ocasiones se trata de discos que se editaron sólo en disco compacto o en tiradas limitadísimas, cuando el formato había sido casi totalmente desahuciado. O incluso sólo en digital. El sello Sonido Costa Verde acaba de publicar como segunda referencia un doble con los últimos dos trabajos del cerebro de Disco Inferno, Ian Crause, The Vertical Axis/The Song of Phaeton, en lujoso doble vinilo con ilustraciones hechas para la ocasión. Y es que el resurgir del vinilo ha posibilitado la segunda vida de discos perdidos, o que en su momento no se valoraron en su justa medida. Es una de las mejores cosas que le ha pasado a la música últimamente.

La variedad de lo que hay hoy en las tiendas es amplísima: los sellos se permiten caprichos como rescatar la discografía completa de los padrinos del rock progresivo Genesis, editar en doble vinilo transparente Imagine de John Lennon, el debut de The Cranberries, o el de Television en vinilo azul; resucitar con todo lujo los discos del súper grupo artie de 4AD This Mortal Coil o… publicar en vinilo morado la obra de Deep Purple. El criterio detrás de la política de reediciones de los grandes sellos puede parecer volátil o caprichoso. No obstante, es evidente que mandan las efemérides temporales (los aniversarios dan mucho juego ahora, cuando discos legendarios como Beggars Banquet o el disco blanco de The Beatles han cumplido medio siglo), los tristes decesos (caso de David Bowie, Aretha Franklin o Dolores O´Riordan, por ejemplo; veremos ahora con Mark Hollis) y el olfato comercial respecto a la nostalgia: en no pocos casos se busca al comprador con cierto poder adquisitivo y edad respetable, para que recupere los discos de su juventud. El Record Store Day se ha convertido en fecha clave en la salida de referencias especialmente jugosas en tiradas muy limitadas, que en teoría sólo se pueden vender en las tiendas de barrio. Muchas veces el trabajo viene prácticamente hecho: el éxito del nuevo trabajo de The Breeders se ha prolongado con la reedición de su obra anterior al completo en reediciones exquisitas, tanto en las carpetas como en el audio. Incluso se acaba de reeditar su perdido EP Safari.

No se escatima en gastos: pese a que son bastante más caros, las ediciones de LPs largos suelen ser dobles para no comprometer el audio (no es recomendable meter más de veintitrés minutos de música en una cara de un vinilo, los puristas bajan a veinte) y casi siempre a partir de masters impecables e incluso nuevas mezclas con las que asoman todos los matices de la grabación. Aunque las discográficas ponen mucho cuidado en lanzar ediciones muy limitadas para no patinar -no pocas veces, de apenas mil o incluso quinientas copias a nivel planetario-, parece indiscutible que en los próximos años llegarán muchas más referencias, porque lo que se ha reeditado últimamente es apenas la punta del iceberg de sus amplísimos catálogos. Quién se lo iba a decir a los insensatos que empeñaron su colección a precio de saldo allá por el cambio de siglo.