Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte IV)
Especiales / Tokyo Sex Destruction

Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte IV)

David T. Ginzo — 01-02-2016
Fotógrafo — David T. Ginzo

El tráfico en Lyon es cosa seria. Tardamos 45 minutos en un recorrido de 10 minutos a pie. Al llegar al barco para cargar teníamos un coche de policía plantado en la entrada al río. Íbamos a salir pronto y salimos casi dos horas más tarde de los esperado.

Ben se tenía que ir pronto para coger un tren. Acaba de dejar su trabajo y se coge una semana de vacaciones. Hacía mucho que no veía un caso así. Bueno, el caso del ilustrador de Tarbes. Igual es cosa del país.

Salimos pronto hacia Strasbourg y llegamos ya de noche. No había nadie cuando llegamos a la sala y nos fuimos a ver un poco la ciudad.

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La fotografía no está tratada con ningún filtro. Esta mole arquitectónica en España estaría iluminada con una intensidad bochornosa. Más allá del hecho de la propia contaminación lumínica que eso conlleva, me resulta agobiante la imagen de una iglesia, catedral o monumento clásico cualquiera que se extralimita con la iluminación. En cambio, el aire medio tenebroso que tiene una iluminación sutil produce, por contradictorio que pueda parecer, un efecto que tiende más hacia la calma.
Imaginar estas construcciones en noches cerradas como se pudieron ver un día y el efecto emocional que transmiten lleva a pensar en su potencial influencia para el desarrollo, no solo artís

Ben se tenía que ir pronto para coger un tren. Acaba de dejar su trabajo y se coge una semana de vacaciones. Hacía mucho que no veía un caso así. Bueno, el caso del ilustrador de Tarbes. Igual es cosa del país.

Salimos pronto hacia Strasbourg y llegamos ya de noche. No había nadie cuando llegamos a la sala y nos fuimos a ver un poco la ciudad.

desconocido (11)

La fotografía no está tratada con ningún filtro. Esta mole arquitectónica en España estaría iluminada con una intensidad bochornosa. Más allá del hecho de la propia contaminación lumínica que eso conlleva, me resulta agobiante la imagen de una iglesia, catedral o monumento clásico cualquiera que se extralimita con la iluminación. En cambio, el aire medio tenebroso que tiene una iluminación sutil produce, por contradictorio que pueda parecer, un efecto que tiende más hacia la calma.
Imaginar estas construcciones en noches cerradas como se pudieron ver un día y el efecto emocional que transmiten lleva a pensar en su potencial influencia para el desarrollo, no solo artístico, si no social. Por eso es conveniente visitar estos sitios, creo yo, por experimentar la historia más allá de los ojos abiertos por la máquina que le ponen al protagonista de La Naranja Mecánica que pueden llegar a ser los nuevos dispositivos; solo que en nuestro caso no nos obligan a usarlos e incluso nos hacemos adictos a ellos.El local no tiene wifi, pero sí el piso superior en el que dormimos. La adicción a la revisión constante de las redes sociales la he sentido en mis carnes varias veces y comprendo que cuando alguien cercano me da el toque es porque me estoy pasando de verdad.
Digamos que en gira, cuando puedes desconectar de ese mundo paralelo y revisar otras imágenes y frases en tu memoria cada vez más vaga, la discontinuidad de conexión también puede acentuar esa adicción y hacer paralelo o secundario al mundo más cercano y palpable.La sala está en el sótano de un pequeño local. Bajar por unas escaleras minúsculas una pantalla de bajo 8×10 fue un esfuerzo considerable (para los no iniciados en esto os resumo la idea de su tamaño diciendo que en el gremio se le llama “nevera”).
El escenario era alargado y ni siquiera entrábamos todos con el equipo. Además, justo delante había una columna de más de un metro de ancho en pleno centro. El techo era bajo y abovedado. El clásico garito punkarra de toda la vida. Al equipo enchufamos los micros de voz y bombo (que ni siquiera había suficientes para todos) y a correr. El día que más fuerte hemos tocado hasta el momento y probablemente el más pequeño.
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Hay gente que se espanta al ver el volumen con el que tocamos, y por desgracia hay ciertos técnicos que se lo toman como si fuese la idea propia de un amateur. No es que tengamos el culo pelao de hacer mil cosas en la música (o igual sí), pero la condescendencia que utilizan a veces al hablar con nosotros como si no supiésemos qué estamos haciendo resulta bochornoso.En el Mudd fue llegar, enchufarse, probar una canción, y estaba todo perfecto para el concierto. Todos contentos.Al acabar de tocar estuvimos con una chica que pedía hacernos una foto poniendo la mano con el signo que hacen los seguidores de Daesh (o como quiera que se le esté llamando hoy en día). Es un poco extraño negarte cuando nadie sabe siquiera de lo que hablas o quizá ni escuchan, así que lo conviertes en otra cosa mientras pones cara de desaprobación al resto. Poca gracia tiene aún así, muy poca.El piso tenía una temperatura exageradamente alta. Al subir la primera vez el calor me echó fuera de nuevo y me tomé unas copas con una gente que hablaba español. Un profesor y dos de sus alumnos, uno de los cuales había vivido 18 años en España y llevaba una camiseta con el clásico ojo Mod con colores de la República, Federico. Sí, como el chiste de Eugenio, es el primero que conozco.
Apareció más gente con bicis y nos movimos por un par de plazas en las que ponían música (creo recordar que escuché Camarón). Uno de los colegas se metió un fogón con la bici bastante memorable.
La retirada a tiempo era la mejor opción. Y creo que así fue.Eso sí, el calor de la habitación es espantoso.

27 de enero.

Si bajar el equipo fue un suplicio, subirlo nada más levantarnos y sin duchar ni desayunar fue una buena broma.

Hoy repetimos plan de barco, pero en la cuidad que no me gusta de Francia: París. Un locurón de tráfico, controles y registros hasta en el supermercado al lado del hotel… La panacea, vamos.

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La sala tiene un equipo en condiciones y tocamos con dos grupos más.
La cena estuvo bien y la gente que curraba en la sala fue encantadora.
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Lo malo de cuando las cosas salen bien varios días seguidos es que puede resultar todo demasiado monótono.
Recoger nada más acabar y al hotel. No parece un gran plan. Supongo que por eso, entre otras cosas, cada uno se busca un plan paralelo. Ir a un gimnasio, a correr, una piscina…
En París hay mil opciones pero ya hemos estado todos varias veces y ya nos las sabemos. Con tal de evitar el tráfico de la ciudad cualquier opción cercana tiene mejor pinta.Algo malo de estas giras es poder pillar algún catarro. Y casi siempre alguien cae.
Esta vez todos estábamos temiéndolo desde el primer día y ya ha llegado. Juandi lleva un par de días acatarrado y hoy tiene un mal día. Lo peor que te puede ocurrir en gira es estar malo. A mí me ocurrió en la gira alemana de 2013. Un día, después de acabar el concierto, subí a dormir al cuarto donde había cuatro colchones. Al entrar vi que se había convertido también en el guardarropa de todo el local. Si a eso le sumamos que la puerta estaba rota y que la cantidad absurda de humo de escenario que usaban durante toda la noche de rave se colaba dentro de la habitación, te encuentras con la peor gripe vista.
El tema se arregló saliendo de Solingen sin dormir y llegando a Nimes justo para la prueba de sonido. Menos mal.Ver bajo a un tío como este, que siempre es un “echao p’alante”, se me hace raro.
Mañana tocamos en Orleans. En mi cabeza veo un día relajado en un marco incomparable en el que igual encontremos un caldo caliente que le siente bien.

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