25 años de ‘Blur’, la primera reinvención de Damon Albarn
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25 años de ‘Blur’, la primera reinvención de Damon Albarn

Raúl Julián — 08-02-2022
Empresa — Parlophone
Fotógrafo — Carátula del disco

En torno a 1996 y hartos de todo aquello que rodeaba al Britpop, Damon Albarn y Grahan Coxon decidieron echar la vista hacia los competidores del otro lado del charco.

Blur asimiló influencias como las de Pavement para retocar sensiblemente su sonido y completar ‘Blur’ (Parlophone, 97), un disco que, si bien no ha quedado como el más icónico en la carrera de los londinenses, podría considerarse primera muestra en firme del (acertado) inconformismo creativo de Albarn (y compañía).

Aunque visto ahora pueda parecer algo anodino e incluso infantil, lo cierto es que a mediados de los noventa aquella ‘batalla del Britpop’ librada entre Oasis y Blur resultó de lo más entretenida. Antes de que el streaming, las plataformas televisivas, Internet y las redes sociales fuesen una ventana abierta hacia todo, el espectáculo ofrecido por mancunianos y londinenses con motivo de los que serían respectivamente segundo y cuarto disco de su discografía –‘(What's The Story) Morning Glory?’ (Sony, 95) y ‘The Great Escape’ (Parlophone, 95)– generó ríos de tinta, declaraciones fuera de tono, y reavivó la eterna rivalidad de clases en Inglaterra. Sin embargo, también supuso el punto álgido de un movimiento que inmediatamente a continuación comenzó a quemarse y resultar algo sobado. Sobre todo para un Damon Albarn que, como quedaría probado posteriormente y a lo largo de décadas posteriores (con la creación de los revolucionarios Gorillaz, incursiones en música africana y óperas, el súper grupo The Good The Bad & The Queen, o excepcionales discos en solitario) albergaba mayor recorrido e inquietudes compositivas bastante más pronunciadas que las de los hermanos Gallagher.

Quizá por eso, la resaca de aquel confrontamiento (en el que en realidad no hubo claro vencedor ni vencido) derivó en ‘Blur’ (Parlophone, 97), un álbum con el que el cuarteto daba por cerrada su época manifiestamente británica, tras encabezar el revival mod en base a la intachable trilogía sobre la sociedad inglesa concretada en ‘Modern Life Is Rubbish’ (Parlophone, 93), ‘Parklife’ (Parlophone, 94) y ‘The Great Escape’ (Parlophone, 95). Las influencias de The Kinks, Madness, The Specials, The Beatles, Faces, David Bowie, XTC o The Jam pasaban a formar parte del pasado (o cuando menos a un segundo plano), y Blur se fijaban en la que hasta entonces había sido su archienemiga: aquella escena norteamericana ante la que habían reaccionado con la intención de recuperar la hegemonía perdida años antes a favor del grunge. En cualquier caso, la tendencia al otro lado del charco había mutado (o cuando menos se había diversificado) y el grupo no iba a fijarse en Pearl Jam, Stone Temple Pilots o Soundgarden, sino que apuntaron a grupos clave del indie yanqui de la época, caso de Pavement, Built To Spill, Guided By Voices, Superchunk o Sebadoh, grupos en los que el guitarrista Graham Coxon se inspiraría a conciencia.

El pretendido giro estilístico cristalizaría en ‘Blur’ (97), que vio la luz el 10 de febrero de 1997 sorprendiendo masivamente con sus preferencias y referentes. Y es que, mientras Oasis seguían a lo suyo y apuraban la fórmula del éxito en el grandilocuente (pero también infravalorado) Be Here Now (Sony, 97), Albarn y compañía confirmaban que para ellos el asunto estaba agotado y pasaban a la siguiente fase. ‘Blur’ (97) es un disco cargado de distorsiones, alejado en su inmensa mayoría de la inmediatez de entregas previas, con estructuras aristosas y menos convencionales, en las que el combo experimenta en base a sonidos inéditos hasta la fecha dentro de su catálogo. Una acrobacia arriesgada pero que sin duda podían permitirse, consolidadísimos ya como uno de los grandes nombres del país. Resultó, además, que la sorpresa inicial daba paso a un álbum magnífico que miraba de frente a los mejores trabajos de aquellos homólogos americanos en los que se habían basado.

“Beetlebum” hizo las veces de insinuante adelanto, un medio tiempo atmosférico que iba creciendo hasta acabar con la mítica línea de guitarra de Coxon y que, acompañado de un apropiado vídeo, sugería que todo aquello de “Country House” ya era historia. Un par de meses después de que el elepé estuviera en el mercado veía la luz el híper radiado “Song 2”, a la postre uno de los éxitos más globales del grupo, apurando un trazo punk melódico que también aparece sin tapujos en la excelente “Chinese Bombs”. En el extremo opuesto se situaría “On Your Own” que, a pesar de haber sido extraída como sencillo, resulta una de las más prescindibles del álbum (con ese amago de rapeo), además de seguramente el peor single en toda la carrera de los londinenses. Bastante mejor funcionaba “M.O.R.” –cuarto y último single seleccionado del producto–, tema acelerado, convincente y que de algún modo aunaba pasado y presente del cuarteto.

El lanzamiento estaba plagado de otras destacadas, desde la melancolía de “Country Sad Ballad Man” a una “Death Of A Party” que luce como hermana pequeña de “Beetlebum”, pasando por otro éxito en potencia como era “Movin' On”. También mantenían nivel la brumosa “I'm Just A Killer For Your Love” en contraposición a la delicada “Strange News From Another Star”, además de una “Look Inside America” que recuerda a “End Of A Century” mientras ironiza con respecto a la propia vida en Norteamérica, así como los ocho oscuros y misteriosos minutos finales con ecos a Suicide de “Essex Dogs”. Mención aparte para esa preciosa gema que es “You're So Great”, en la que el grupo apuesta por trabajar en baja fidelidad, dentro de un disco muy bien entendido por Stephen Street, el productor habitual de la formación. ‘Blur’ (97) ya no era un disco de brit-pop; era un disco de indie-pop con aspecto global que huía despavorido de localismos y que, desde luego, renegaba de las normas impuestas dentro de las fronteras inglesas. Un trabajo tejido entre el jugueteo despreocupado y la convicción del que tiene confianza ciega en sus opciones, en lo que en realidad resultaron ser dos caras de una misma moneda.

Damon Albarn supo adaptar sus voces a las nuevas texturas, Grahan Coxon disfrutó a lo grande exprimiendo sonidos inéditos de sus guitarras, y la sección rítmica formada por Alex James al bajo y Dave Rowntree a la batería volvió a lucir tan fiable y solvente como de costumbre. Un elepé que comenzó extrañando y descolocando, para inmediatamente después señalar a un grupo diverso y en pleno apogeo imaginativo, en el comienzo de una madurez creativa que tendría continuación un par de años después en ‘13’ (Parlophone, 99), cuando el Britpop hacía aguas definitivamente. Un hundimiento al que Blur, los más listos de la clase, supieron anticiparse para salir indemnes. Fue el movimiento ganador de uno de los grupos efectivamente más dotados de su generación, guiado a la par por la obsesión de Coxon por sus nuevos grupos favoritos y el talento estratosférico y carente de límites estilísticos de Damon Albarn. Quizás la primera prueba en firme de esa capacidad camaleónica del músico que, tiempo después, quedaría concretada una y otra vez en muy diferentes formas y maneras.

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