Manchester perdió ayer miércoles a uno de sus ciudadanos más ilustres. Mark E. Smith, alma y esencia de los históricos The Fall, falleció ayer miércoles 24 de enero a los 60 años, tal y como dio a conocer Pamela Vander, manager del grupo y actual compañera sentimental de Smith.

“Anunciamos con profundo pesar el fallecimiento de Mark E. Smith. Ocurrió esta mañana en su casa. Más detalles al respecto se darán a conocer en los próximos días. Por el momento la familia de Pam y de Mark piden privacidad en estos momentos de tristeza”, dice su nota que se publicó en las RRSS del grupo.

A pesar del impacto que una noticia de este tipo siempre supone, en realidad eran conocidos y notorios los problemas de salud de Smith, que durante la mayor parte de su vida había tenido problemas de alcoholismo. De hecho el pasado mes de marzo la BBC tuvo que pedir disculpas públicas por difundir erróneamente la noticia de su muerte. The Fall ya cancelaron el pasado mes agosto varios conciertos en EE UU después de que Smith fuese hospitalizado por problemas respiratorios. Y la última vez que tuvimos oportunidad de asistir a un concierto de la banda en España, en el festival Día de la Música en 2013 en Matadero (Madrid), sobre el escenario un dictatorial Smith que se dedicaba a putear caprichosamente a sus músicos subiendo y bajando el volumen de los amplis y lanzando por los aires los pies de micro, ya daba muestras evidentes de su deterioro físico.

En realidad esa fue la elección de este mancuniano con fama de conflictivo que siempre manejó a su grupo con formas despóticas -por The Fall han llegado a pasar alrededor de sesenta músicos, incluidas las diferentes parejas sentimentales de Smith- pero al que no se le puede negar su genialidad e influencia sobre varias generaciones de grupos. Fan entregado de Can, su obsesión en el Manchester idílico del after punk y la nueva ola pasaba por trasladar el rico mensaje de aquellos a una suerte de rock minimalista sobre el que cabalgaba el spoken word histérico y cortante de Smith. En realidad y tras 32 álbumes de estudio  -el último de ellos New Facts Emerge publicado este otoño- no es que haya diferencias sustanciales entre los comienzos y los últimos trabajos de la banda. Ese es también en parte del valor de The Fall: 40 años entregados a una idea, a una concepción de la música, sencilla si se quiere, pero rotunda, furiosa, inteligente e imperecedera.

Puede que Mark E. Smith sea una figura a años luz del glamour de un Morrissey o el romanticismo decadente de Ian Curtis, coetáneos suyos en aquel deprimido Manchester tatcheriano. Pero su figura representa mejor que ninguna otra (si acaso el único perfil similar sería el de Shaun Ryder de Happy Mondays) el espíritu socarrón, etílico y por momentos avinagrado de aquella ciudad marcada por la decadencia post industrial. Quien más quién menos todos los aficionados a la música que viajamos hasta Manchester esperábamos encontrarnos a Smith acodado en la barra de un pub, en un encuentro fugaz como el que protagonizó en el cameo en 24 Hour Party People, la película de Michael Winterbottom. Ahora sabemos que eso  nunca más será posible.