Hablar de Reserva Espiritual de Occidente es hacerlo de un grupo inusual, una banda que busca en la provocación una nueva forma de belleza. Ahora presentan su disco “La noche blanca, un álbum desasosegante como pocos.

Hablar de Reserva Espiritual de Occidente es hacerlo de una de las propuestas más audaces que ha dado la escena madrileña en los últimos años; una rareza que aúna plasticidad y transgresión, neofolk y ritmos marciales, belleza y horror. “Lo que nos ha unido es un amor muy profundo por conceptos tan etéreos y abstractos que nos es imposible concretarlos en una biblioteca, un momento histórico o una colección de discos. Nuestro objetivo real no es provocar por provocar. Empleamos elementos que pueden resultar incómodos, pero todos ellos van vestidos con un velo romántico, trágico, místico. Se trata de construir un puente interno con la propia espiritualidad con el fin de vencer los miedos más profundos, los prejuicios más enraizados y, en definitiva, liberar el alma”, contesta Svali Wayne, que forma REO junto a Wences Lamas, Rubén Rodrigo, Mario Zamora y Fernando Rujas.

Atrás queda la caza de brujas que sufrieron hace unos meses, sustanciada principalmente en su versión de “Primavera” (un himno de la División Azul). “En la vida a veces ocurren cosas tan carentes de sentido que uno se ve incapaz de sacar conclusión alguna. No obstante, nosotros nos sentimos más unidos que nunca y eso es lo más bonito que nos podía pasar”. Pasemos página y volvamos a “La noche blanca”, un álbum desasosegante como pocos; un ritual que se nutre de amor, angustia y muerte: “Nos encanta lo sobrenatural, en todas sus representaciones; el culto a la Santa Sangre o el mito del Ankou. Nos hemos sentido igual de sobrecogidos e inspirados ante un paso de Semana Santa que ante las saunas iniciáticas del Castro de Ulaca”.