Es uno de los grupos más irreverentes y festivos en este momento en Aragón. Los Crâpulas nacieron como trío en 2015 y desde entonces no han dejado de ofrecer conciertos allá donde les han ofrecido. En ese momento ya publicaron un primer epé, con un título que ya daba muchas pistas de su actitud: ‘Lorca hetero’.


Ahora son un quinteto y acaban de lanzar su nuevo trabajo: ‘Amor, compresión y ternura’. Sus nuevas cinco canciones vuelven a tener regusto a las guitarras y la actitud de los grupos indie de los 90, pero con un enfoque propio de este siglo.
“Nuestra actitud es innata. No pretendemos nada con nuestras canciones, salvo tocar mucho en directo y que sea una excusa para seguir de fiesta. La música cuando coge tintes de solemnidad o de respeto por sí misma nos hace distanciarnos mucho. Hay grupos que van de irreverentes y, al escucharlos, nos parecen ridículos porque es una composición forzada y una pose que es muy difícil de digerir. Pero, por otro lado, hay cantantes o grupos que hacen canciones cargadas de sentimientos duros, canciones preciosas y que les pueden tildar de solemnes o de seriedad, pero creo que comparten con nosotros la misma irreverencia”.

Hice la entrevista por correo a Francho Pastor (cantante) y Raphael Charry (batería) y les comento que veo necesario grupos así y que me recuerdan mucho a Will Spector y Los Fatus.
“Son colegas de Los Crâpulas. Ya en una crítica de un concierto nos compararon con ellos y es algo que nos gusta porque lo vemos normal. Compartimos, quizá, la misma idea de hacer las cosas para armar jaleo, aunque musicalmente seamos diferentes en la propuesta”.

La banda la completan Dani Sanz (segunda voz y pandereta), Adrían León (Guitarra),  Francho Patillas (bajo), pero es Francho Pastor el que hace las canciones.
“Casi siempre la música nace un instante antes que la letra, porque utiliza la grabadora para ir sacando la historia de la canción; va totalmente ligada una cosa y la otra. Cuando va terminando canciones, nos las va presentando en el ensayo y cada uno del grupo aporta lo que cree oportuno. No es un proceso complicado porque más o menos todos tenemos una misma idea de cómo sonamos y con qué nos sentimos más cómodos”.

“No pretendemos nada con nuestras canciones, salvo tocar mucho en directo y que sea una excusa para seguir de fiesta”

‘Amor, compresión y ternura’ se grabó en Mozota en el estudio de Borja Lasala (Big City) y desprende un delicioso olor a guitarras lo-fi y (estudiada) actitud amateur, pero no pretenden encasillarse.
“Ese sonido nos es fácil y no podemos decirle que no. Cada vez hemos ido metiendo más miembros para tener más empaque en directo y porque las nuevas canciones pedían más arreglos. Evolucionar en nuestro sonido es algo en lo que pensamos constantemente, porque nos gustan muchos estilos. Cuando escuchamos algo nuevo queremos incorporarlo por diversión. No siempre es posible, por medios o conocimiento. Por ejemplo, ‘El Parque’, la grabamos porque queríamos hacer una canción que no llevara ninguna guitarra. Nos apetecía romper un poco con lo anterior”.

Queda claro que no les interesa ser un grupo revival, pero sí que les gustaría recuperar cierta escena musical perdida.
“Somos todos nacidos a principios de los 90, así que nos cuesta mucho saber qué ambiente se vivía en la época. Sí entendemos ese punto naive que había en los grupos de entonces, pero creo que ahora y siempre ha habido bandas que buscaban sinceridad y con ganas de pasarlo bien. Hay un grupo en Madrid que nos encanta, que se llaman Carolina Durante, y sin conocerlos personalmente creo que tienen esas mismas ganas de salir de farra. Ya están invitados al Candy Warhol cuando vengan. Por cierto, si Madrid tiene su sonido Malasaña, a nosotros nos molaría que hubiera un sonido Candy y hacer fortuna”.