No. No traen disco nuevo bajo el brazo. The Flaming Lips se han pasado más de dos años presentando “The Soft Bulletin” (Warner, 99) por todo el mundo, pero aún no habían aterrizado por aquí. Finalmente, los de Wayne Coyne pisaron tierras barcelonesas para inaugurar la sala Razzmatazz. MondoSonoro estuvo ahí para sacárselo todo.

Wayne Coyne ya no es un chaval. La barba y las canas han entrado en el paisaje del rock alternativo, una escena que parecía que nunca iba a envejecer. Sin embargo, al combinar la venerabilidad de sus canas con su sempiterno chubasquero amarillo (incluso en escena) Coyne adquiere un aire de artista loco. Gestualizando como un expresionista abstracto al manchar sus telas, el líder de The Flaming Lips trata de explicarme un álbum, “The Soft Bulletin”, que para él ya es antiguo. Celebrado por la crítica e ignorado por el público -¿por qué no funcionó como el de Mercury Rev?-, “The Soft Bulletin” planteaba un paso adelante en la búsqueda de un sonido “que nunca se ha escuchado antes”. El resultado fue algo así como un tratado de pop orquestal. ¿El “The Wall” de la era indie? “No lo veíamos como un disco conceptual cuando lo hacíamos, pero puedo verlo ahora. Estábamos más centrados en abordar temas como el aislamiento personal y puede parecer que todo el álbum habla de la misma cosa. Pero sólo son canciones, aunque haya acabado sonando como un disco conceptual”.

“Probablemente haremos algo basado en un concepto como el suicidio o la depresión, alineación, la esperanza, la fe y todas estas cosas”

Junto con las enseñanzas de los maestros Wilson y Spector, en el álbum se escucha una clara influencia de las bandas sonoras, incluso la portada hace referencia al séptimo arte. “Escucho todo tipo de música y no creo que las bandas sonoras estén tan lejos de la música pop, quizás la portada pueda dar la idea de que intentábamos profundizar en este tipo de música”. Otro paso hacia la constante reinvención de un sonido (el de Flaming Lips) que halla su esencia en la propia búsqueda, más que en sus resultados. Cabe preguntarse entonces, qué debemos esperar de los Lips en el futuro. “No sé lo que haremos hasta que no empecemos a hacerlo, ni si será algo completamente nuevo o si va a ser algo viejo. Lo que sí sé es que probablemente haremos algo basado en un concepto como el suicidio o la depresión, alineación, la esperanza, la fe y todas estas cosas, quizás trataremos de combinar conceptos como navidad y espacio exterior. Será más conceptual que “The Soft Bulletin””. Es evidente que las composiciones de Coyne tienen una carga lírica importante, pero parece su verdadera obsesión es encontrar la clave de un sonido cada vez más grande. “A veces este gran sonido sale de no saber qué sonido queremos, partimos de sonidos pequeños que, afortunadamente, al juntarlos crean este gran sonido, pero no creo que lo pudiésemos pensar antes. Ahora hay tantos aparatos y samplers que las posibilidades son mucho amplias que años atrás. Es muy excitante hacer música actualmente, no sé por qué no todo el mundo quiere estar en una banda, con todos estos aparatos que producen sonidos alucinantes, hay tanto que explorar y experimentar…”. ¿Se trata de una búsqueda que avanza en la única dirección de encontrar un gran sonido? “Quizás en el contexto de “The Soft Bulletin” todas las canciones suenan grandes y complejas, pero no creo que lo sean tanto. Quiero ser complicado, pero también simple, quiero ser dramático pero también normal… somos impredecibles, a lo mejor avanzaremos en distintas direcciones al mismo tiempo”. Hay tiempo para hablar de “Zaireeka”, un disco que casi nadie puede escuchar porque requiere un equipo con cuatro reproductores de compactos sincronizados. ¿Estará la gracia del disco en su secreto? “Un segmento de nuestra audiencia le gusta esta faceta experimental, sé que no estaba pensado para todo el mundo. La idea era poner cuatro compactos a la vez y tratar de ver como los sonidos se acoplaban ellos solos y como a la vez se destruían. A veces suena genial y a veces se jode pero lo genial es que es inesperado”. Afortunadamente, The Flaming Lips siguen siendo ese grupo dadaísta que sabe servirse de objetos ya existentes para crear nuevas formas huyendo así de la tan socorrida autorreferencialidad del rock. “La idea de “Zaireeka” salió de unos remixes de Beastie Boys. Normalmente estas mezclas son exactamente iguales entre sí y lo único que cambia son los instrumentos. Pero pusimos al mismo tiempo esas dos mezclas de Beastie Boys en la que la batería empezaba en un lugar distinto y se creó un sonido inmenso. Ahí fue cuando decidimos hacer este tipo de música”.