Nueva expedición al misterioso mundo de Julien Elsie. El pacense (afincado en Bilbao) publica con el revelador nombre de Yakutsk su cuarto disco en solitario, en esta ocasión de la mano de Luscinia Discos. Un trabajo inquieto que le define como un artista inconformista, añadiendo a su habitual folk oscuro el papel relevante de la electrónica, gracias a la colaboración de Demut, ingeniero asistente en la grabación. Dos obras del desaparecido pintor extremeño Domingo Frades capitalizan estas once nuevas canciones -con sorpresa final-. Hablamos con Julien sobre la gestación de este nuevo álbum, su carácter, intención y motivaciones.

Acabas de publicar ‘Yakutsk’, tu cuarto disco en solitario y, según Wikipedia, el nombre de la ciudad más fría del mundo, localizada en Siberia y con temperaturas que en invierno alcanzan fácilmente los 40 grados bajo cero. No puedo evitar empezar preguntándote en qué sentido representa el título a esta nueva colección de canciones.
Esta vez he intentado usar un título que no fuera demasiado evidente, que no diera demasiadas pistas, como pasó por ejemplo en el disco anterior y con el primero. También buscaba algo, una palabra, que ayudase a inspirarme con la temática de las canciones, y a la vez jugar con el doble sentido. Las bases electrónicas que se han usado y que son parte relevante del disco, los mantras de guitarras a veces sampleadas, las líneas contínuas de sintes…. he usado herramientas que de entrada son frías, para intentar dar sensación de calor.

Hablo de “colección de canciones” como mera forma de hablar. ¿En qué consideración las tienes tú? ¿Existe algún sentido conceptual? ¿Fueron todas compuestas en un mismo margen temporal?
Excepto una canción, que ha sido revisada después de 15 años, todos los temas se compusieron en el mismo periodo de tiempo. Cada vez que acababa una, ésta me iba llevando hacia otra. He buscado la conexión entre ellas, usando no sólo la temática, sino también jugando con el sonido como nexo de unión. Se han descartado también algunas canciones hasta intentar llegar a algo con cierto sentido. Siempre intento hacer algo conceptual, que tenga más sentido escuchar el disco en su orden, de principio a fin, sin saltos, y aunque esto no siempre es fácil de conseguir, creo que en este disco se ha logrado.

Se acentúa esa manera reconocible de afrontar la música por tu parte, desde una especie de folk oscuro profundamente evocador gracias a los textos y a tu voz, aunque con algunas novedades. A bote pronto destaca una mayor presencia de samples y percusión, a cargo de Demut. ¿Es quizá tu disco más experimental. ¿Existió intención de un giro en lo musical al afrontar este trabajo?
En el disco anterior ya trabajé con Demut en un tema y le propuse hacer más cosas. En principio la idea era darle la vuelta completamente a lo que había hecho antes. Siempre me ha gustado experimentar y tenía la sensación de que me había quedado un poco estancado en ese sentido, aunque cuando escucho los discos anteriores objetivamente, se intuye una evolución. Cuando pienso sobre esto llego a la conclusión de que cada vez que acabas un disco vas encontrando llaves para abrir puertas que te llevan a otros sitios si estás un poco atento. Lo fácil es quedarte sentado en el mismo sitio, estilísticamente hablando, si ves que eso funciona al menos a nivel artístico, pero en mi caso intento evolucionar, hacia donde sea, sin que me importen demasiado las consecuencias.

La grabación se prolongaba durante casi un año en ZeroDB Studios. ¿Tuvo algo de peculiar este proceso? ¿Hubo en él lugar para que las canciones creciesen e incluso fuesen por otro lugar al pensado originalmente?
Tuve que pasarme un mes en Badajoz por una pequeña gira que tuvimos por allí. Había que organizar ensayos y me quedaban demasiados días libres, así que se me ocurrió intentar hacer algo y reservé el estudio. Realmente no tenía nada compuesto así que había que empezar de cero. Durante ese mes y junto al ingeniero, Oliver, y Demut, grabamos ocho temas. Las canciones se construían sobre un pequeño riff, o un loop de guitarras, y todo lo demás iba llegando. Al no tener nada claro, había que ir dejando que éstas fueran evolucionando sólas, dejar que ellas mismas fueran pidiendo su propio sonido, sin forzar la máquina. Hubo momentos de componer estructuras y riffs mientras los técnicos colocaban los micros para las guitarras, y acabar letras sobre la marcha a la hora en que nos íbamos a comer entre sesión y sesión. Una vez acabados estos ocho temas, y pasados unos tres meses, volví al estudio a grabar tres más y así dejar el disco acabado. Después hemos dedicado el resto del tiempo a reescuchar las canciones y trabajar en las mezclas. Hemos ido dejando fluir las cosas, sin presión, y sin ningún objetivo ni pretensión, y eso creo que al final se he reflejado en el resultado.

“Hemos ido dejando fluir las cosas, sin presión, y sin ningún objetivo ni pretensión”

En este ocasión, Sarah Vacher firma un artwork protagonizado por 2 dibujos de  Domingo Frades. ¿Cuál es la conexión? ¿Se trata de un simple homenaje a su obra o sientes que existe un nexo entre estas canciones y la poesía visual del pintor?
Domingo era amigo de la adolescencia. Nos encontrábamos en tugurios nocturnos y hablábamos de música. Era un apasionado de las bandas con guitarras y fan también de mis primeras bandas (Psychotráquea D, The Animal Crackers) en esa época. Más tarde empecé a conocer sus trabajos. Luego me fui a vivir a Madrid y desconectamos, él se fue metiendo poco a poco en el lado salvaje y acabó mal. Cuando alguna vez echaba algún vistazo a alguna obra suya, siempre pensaba que debería hacer algo. No como un homenaje, sino más bien como una manera de poder compartir algo, de hacer algo juntos, aunque físicamente ya no esté aquí. Después de acabar el disco pensé que tendría que estar ahí también.

No es un disco fácil de escuchar, en el sentido de una escucha pasiva, con la música relegada a un segundo plano en tiempos de MP3s y streaming. En mi opinión, es un álbum que pide al oyente atención y una mayor participación, y que ofrece una buena recompensa. ¿Lo piensas así? Y si fuese así, ¿es algo que te preocupa?
Bueno, a mí cuesta formar una opinión sobre mi propio trabajo. Prefiero que lo hagan los demás. Eso sí, siempre intento verlo desde fuera, desde un punto de visto objetivo, y crítico. Me cuesta trabajo porque cuando se están fabricando las canciones no pienso demasiado ni estudio si esto o lo otro puede entrar bien o mal en según qué sitio, o si tal o cual tema te va a hacer mover el pie. Soy bastante visceral componiendo, ese puede ser el adjetivo correcto, y de ahí las consecuencias. Me gustaría que este disco se escuchase así, igual, dejándose llevar, porque creo que a veces las cosas se miran demasiado con lupa, contínuamente intentando comparar con algo y buscando referencias no siempre acertadas, y pienso que sobran análisis tan detallados de una cosa tan etérea como es la música. Por supuesto aprecio mucho que se entienda lo que he intentado contar, aunque no me preocupa demasiado si no es así, lo entiendo.

En entrevistas anteriores le quitas hierro al hecho de pretender vivir de la música. Desechada esta idea y tratando de verlo de forma positiva, ¿cuáles consideras que son tus principales motivaciones para seguir?
Hubo un momento en el que creí que podría vivir de esto, pero estaba equivocado. Dejé hace años un trabajo con un buen sueldo y una vida “normal” porque no me dejaba expresarme. Ahora tengo muchas dudas, pero si el ganar dinero con la música fuese mi preocupación o mi objetivo, no podría seguir componiendo, ya que desviaría la atención sobre lo que de verdad importa. Que esta vez un sello como Luscinia haya querido sacar mi trabajo sólo con conocerme un poco a través de mis canciones, los que siempre están dispuestos a trabajar conmigo, la gente que me sigue…son parte y motivación muy importante para seguir adelante.