La madre de todas las bombas, las deportaciones de personas sin papeles, las emisiones indiscriminadas de gases contaminantes… Ahora mismo nos sobran los motivos para detestar los Estados Unidos de Donald Trump, un magnate sin escrúpulos convertido en presidente por la voluntad de muchos norteamericanos, la voz de la América profunda, pero siempre será la meca musical para muchos de nosotros. La historia de la música, de la cultura popular en general, sería muy diferente sin la contribución del enorme país de las barras y estrellas. El protagonista de esta entrevista, Eric Fuentes, sin ir más lejos, nunca habría fundado una banda como The Unfinished Sympathy si no hubiera descubierto la escena de Washington D.C. Y claro, tampoco estaríamos ahora hablando de “Cemetery Of Virtue” (Fair Warning, ‘17), la penúltima experiencia de un músico y productor musical inquieto como pocos y un tributo a los artistas estadounidenses que le inspiraron.

Estás presentando un trabajo con cinco temas grabados en Los Angeles. ¿Qué estabas haciendo allí? Tengo entendido que surgió de manera espontánea.
En algunos momentos puntuales de mi vida he sentido fascinación por Norteamérica, como les pasa a muchísimos europeos, fascinación que casi siempre viene acompañada por cierta repulsión a algunos de sus valores como el consumismo, el imperialismo, la cotidianidad del uso de las armas de fuego, etcétera. Seguramente se trate de una fascinación poética generada por el influjo de la cultura estadounidense en nuestras vidas. La familiaridad que muchos europeos tenemos con lugares de Estados Unidos es muchas veces mayor que la que sentimos por zonas mucho más cercanas geográficamente.

Hemos crecido mamando su música, viendo sus películas…
Sí, su cine y la música nos han moldeado culturalmente, hasta el punto de que podríamos debatir si la cultura de un tío como yo y de tantos otros es norteamericana en muchos aspectos; si hablamos de música, lo es absolutamente: si mi colección de discos es en un noventa por ciento anglosajona significa que mi cerebro musical funciona de una manera anglosajona. Así pues la razón de mis viajes a Estados Unidos, sobre todo a Los Angeles que es uno de mis sitios favoritos, sea probablemente el encontrarme en la Meca de una cultura que, me guste o no, y le guste o no a el que se supone que debe ser mi entorno cultural catalán o español, es en gran parte la mía.

En “Cemetery Of Virtue” encontramos cuatro versiones de bandas que te han influenciado mucho musicalmente, pero ¿por qué estos cuatro temas? ¿Existe alguna declaración de intenciones detrás?
No, me he limitado a recopilar versiones que a través del tiempo he ido modelando de grupos de cierto ámbito musical; debían ser norteamericanos como condición principal (quien haya asistido a algun concierto mío habrá visto que toco una versión de Iron Maiden, pero son londinenses), ya que se trataba de un pequeño homenaje a su cultura musical.

También cuelas un tema propio.
Sí, también tuve un arrebato autoreferencial y quise grabar la que a mí particularmente me parece la canción más bonita que he hecho, “You’ve Got A Long Run”, precisamente porque grabarla en un marco como Los Angeles era una manera de colocarla en mi ‘hall of fame’ particular de este disco, al lado de Samiam, The Afghan Whigs, Shudder To Think y Sensefield.

¿Alguna versión que te guste en especial? ¿Cuál es más complicada de interpretar o ejecutar? He leído que “My Curse” de The Afghan Whigs supone una concentración e implicación extra…
Sí, esa es la más especial. Me ha costado años aprenderla a tocar entera, y sobre todo atreverme a tocarla en directo. Tiene la voz más pasional y visceral que nunca he tenido la ocasión de interpretar, y es un verdadero reto puesto que hasta su mismo autor, Greg Dulli, no se atrevió nunca a cantarla en disco o en público porque el desgarro emocional que le provocaba cantarla lo derrumbaba hasta perder la compostura.

¿Cómo fue la grabación en Los Angeles?
Fueron ocho horas de un sábado en un estudio de West Hollywood, en Santa Monica Boulevard, un sitio muy agradable en un monstruo de ciudad que no lo es casi nunca.

¿Cómo surgió grabar allí?
Llegué con las manos en los bolsillos y ahí conocí a Tyler Humphrey, un amigo de Oxi Ros de Nowayout. Le pedí un par de acústicas, me metí en la cabina y toqué las cinco canciones a dos guitarras.

Cuéntanos alguna curiosidad o anécdota de la grabación, por favor.
Mientras él ajustaba el Pro Tools yo salía a fumar hierba californiana, excelente, con los chavales que hacían trap en el estudio de al lado, y se percibía ese ‘flow’ y ese compromiso con que los afroamericanos abrazan la música, de una manera que me recuerda a la de los andaluces, sobre todo los gaditanos. Grabé las pistas vocales en poco rato, apareció la novia de Tyler y nos invitó a ‘cupcakes’, y después atravesamos Los Angeles de noche en coche escuchando la grabación. Paramos en un cajero ATM para sacar los cien dólares que le debía, y llegué paseando tranquilamente a Koreatown, donde me alojaba, feliz de haber grabado música en la cuna de dos estilos cruciales para mí, el punk-rock universitario y el thrash metal.

¿Pudiste ver o hablar con algunos de tus artistas versionados? Me consta que sueles escribirte con Sergie de Samiam. ¿Ha escuchado el resultado de tu grabación?
Sí, ¡le encantó! Ahora ha montado un nuevo grupo con Blair Sheehan de Knapsack. Se llaman Racquet Club y el mismo Sergie me contaba que este nombre le parecía muy bizarro para un grupo, pero que era idea de Blair. Comí con él en Los Angeles Times, donde trabaja.

Respecto al nombre del disco (cementerio de virtud), ¿a qué hace referencia? ¿Por qué pensaste que podía ser un buen título para este disco de versiones?
Cuando llegué a Los Angeles contacté con Rick Froberg de Drive Like Jehu, un ya viejo conocido de la escena indie barcelonesa por sus constantes visitas, pero en ese momento él estaba en Nueva York y no pude verle, pero me escribió “welcome to the Cemetery Of Virtue”, y me explicó que era una idea sacada del libro “Hollywood Babylon” de Kenneth Anger, que habla de la decadencia angelina y de los millones de personas que han viajado allí buscando la fama y fortuna y han acabado tirados en el Skid Row fumando crack. Los Angeles es la tierra prometida para la gente del cine, de la música y de la tecnología, pero también una gran máquina tragaperras en que todos se arruinan y solo a algunos les toca el jackpot.

¿Satisfecho con el resultado?
Mucho, y de que la gente de Fair Warning-RockZone haya creído en él y lo hayan publicado. Lo que era un ‘souvenir’ personal para mí ahora lo es para aquellos pocos que os hagáis con el disco.

A mí se me hace corto. ¿Te has quedado con ganas de grabar más versiones?
Siempre tengo versiones en la recámara, que pueden ser de The Smiths, de Kiss, de los Misfits o de Donna Summer, aunque la naturaleza variopinta de estos ítems dificulta el recopilarlas con un hilo común.