El segundo disco de los cuatro de Birmingham podría ser su confirmación definitiva como una de las bandas con más calidad del Reino Unido. A la espera de la edición de “An End Has A Start” (Pias), a finales de junio, charlamos con Tom Smith (cantante) acerca de los detalles de su nueva vida. Los británicos estarán actuando en el Festival Summercase en julio.

La línea que separa la popularidad de la fama es tan fina que puedes traspasarla sin darte cuenta. “No somos estrellas del rock, no hemos vendido tantos discos… La gente a la que de verdad le gusta nuestra música sí nos reconoce y se para a charlar con nosotros”. Así que, de momento, la situación está controlada. La historia de Editors comenzó, como la de muchas otras bandas, en la universidad. Tras distintos nombres con sus correspondientes maquetas, en 2005 vio la luz su debut, “The Back Room”. Antes y después, editaron varios singles que terminaron empujando al álbum (¡a los seis meses de su publicación!) al número dos de las listas de su país. Les han acusado de copiar a Interpol y de moverse por las mismas aguas que Joy Division. No parecen estar de acuerdo. Su media de edad es de veintiséis años y admiten haber empezado por el brit pop. Pero, ¿cómo se salta de ahí al rock ochentero?

“Los rockeros están de moda, bailar está de moda, pero si me vieras hacerlo no te parecería nada cool (risas)”

“El primer disco fue más anguloso, tocamos lo que nos salía. Cuando creas, no estás pensando en la música que hacen los demás. Blur y Oasis fueron los primeros grupos de guitarras que me impactaron, las primeras bandas de las que me enamoré; hicieron canciones alucinantes que han sido muy importantes en mi vida, pero ya no escucharía sus discos, fue un punto de partida para descubrir lo demás, pero ahí no acabó la cosa”. Disco nuevo, vida nueva, pero nos preguntamos qué es realmente nuevo en la música de Editors. “No queríamos hacer el mismo disco otra vez, así que cambiamos de productor (Garret Lee). La idea era grabar un álbum más ambicioso, que nos hiciera sentir más seguros de nosotros. Por eso hemos introducido elementos nuevos: pianos (mucho menos importantes en el primer disco), guitarras acústicas, cuerdas, otras voces…”. El resultado es francamente demoledor y supera en belleza a su predecesor, porque la oscuridad da paso a la esperanza; la felicidad aguarda a la vuelta de la esquina. Editors mantienen sus tres ejes: amor, rock y una sorprendente tendencia al baile. Aunque alguno pesa más que los otros… “Yo me quedo con el rock (risas). En este disco están algunos de los momentos más heavies que hemos grabado como, con diferencia, ‘Escape The Nest’. Aunque ‘The Weight Of The World’ o ‘Push Your Head Towards The Air’ son de nuestras mejores canciones de amor. Los rockeros están de moda, bailar está de moda, pero si me vieras hacerlo no te parecería nada cool (risas). Smith apunta que “The Weight…” es algo así como su “Everybody Hurts” -con permiso de REM- “es la canción más bonita que hemos grabado nunca”; y también la más antigua: la han rescatado de una maqueta de cuando ni siquiera se llamaban Editors. “Nunca llegamos a tocarla ni grabarla como realmente queríamos, así que la aparcamos. Ahora hemos cambiado la letra y algunos trozos y se ha convertido en una balada preciosa”. El título que han elegido (“An End Has A Start”) es un perfecto resumen de lo que refleja el álbum. “Habla de la muerte como algo que no hay que temer, es una idea que ronda todas las canciones de este disco. Es una parte de la vida que hay que aprender a mirar de forma positiva, puede ser también algo asombroso”. Cualquiera diría que hablamos del más allá, desde un punto de vista religioso. “Es posible. No sé si hay algo después, no estoy seguro, pero no hay que tener miedo”. De algún lado tenía que venir el ambiente místico que se respira en “An End Has A Start”: desarrollos complejos en temas muy largos (esto explica por qué Editors no son un hype), coros fantasmales, explosiones de arreglos… “Nos parecía muy natural que las canciones tuvieran esos arreglos. No hemos tenido miedo de incluir cosas que luego no tocaremos en directo –para nosotros es algo que no tiene nada que ver con el disco-. Hemos tratado de hacer las canciones lo mejor posible porque éste es un gran disco, emocionante, con mucha vida, en el que pasan un montón de cosas”. También la voz de Smith alcanza nuevas cotas, más agudos. “¿Sabes? Creo que la guitarra de Chris tiene desde el primer disco un sonido propio, muy reconocible, así que para hacer algo distinto hemos tenido que jugar con otros elementos. En mi caso, he intentado llevar mi voz con las melodías hacia lugares donde nunca había estado antes”. No son sólo las guitarras. Por ejemplo, Editors ahondan en su afán por dejar morir las canciones cuando se acercan al final, para resucitarlas con un nuevo arranque de energía, hacia el éxtasis último. “No son simples canciones de pop, son más cinematográficas. Cuando algo es intenso durante mucho tiempo, llega un momento en que deja de serlo. Para que esa descarga afectiva, el abrazo final, funcione, necesitas un descanso, un momento de paz antes de que estalle la tormenta”. El diluvio de Editors está al caer.