Lejos quedan los tiempos bajo el acrónimo J.S.T. Más de seis años hace que vimos nacer una semilla folk en Vic que creció durante el 2012 con “The Relief Sessions” y que ahora arroja sus mejores frutos con “Dear Great Canyon” (El Segell, 14), una lucha por la profesionalización y la expansión desde la americana.

Una mañana cualquiera en Vic. Can Solà está levantando las persianas, el Forn de Sant Miquel despacha los primeros clientes y en la estación los trenes pasan –casi- puntuales. Joana Serrat lleva tiempo trabajando las canciones de algo que, de momento, sólo es proyecto. Tiene cuatro temas. Mira a la estantería y piensa en un tipo de sonoridad, materializada en dos productores. Ni corta ni perezosa abre el portátil, busca sus webs y les manda un mail. “Pensaba que no contestarían, con suerte que tardarían un mes o que dirían que no, directamente. Pero con Howard Bilerman pasó media hora y ya me había dicho que sí y además con un correo precioso; me caían las lágrimas”, comenta la anécdota Joana Serrat bien risueña. Si era por la mañana o por la tarde, en Vic o Barcelona, poco importa. La historia es bien real: la demostración de que los gestos más sencillos pueden ser lo más efectivos. Con esos correos Serrat tenía claro que estaba arriesgando. Era el momento de dar un viraje. La compositora transitaba el limbo en el que se encuentran la mayoría de músicos hoy en día: Profesionalizarse o… “Era tomar conciencia y decir: ‘Me dedico a esto’. Me expongo, tengo una carrera, quiero tener una continuidad y sobre todo una calidad”. Decidió emprender y dejar de lado el amateurismo. Para ello curró en una crepería, en servicios de catering… Todo para pagarse el sonido que anhelaba y que se tradujo en los costes (viajes, manutención y sueldo) de productor, músicos y alquiler del estudio de Paco Loco en Cádiz. “Y ni padres, ni empresas, ni acciones: ¡’Treballar, treballar i ‘treballar’!”, recita bromeando ‘la fórmula del sacrificio’.

Si la meta era explorar las aristas de la americana, de sonido folkie multi-capa a lo Fleet Foxes o Sera Cahoone, lo ha logrado. No cabe duda de que el disco suena más de allá que de acá. “Este año he escuchado mucho Futurebirds o The Wooden Sky, por eso vino Gavin Gardiner a grabar –¡que se apuntó sin cobrar, sólo interesado en la aventura!- y por eso grabé con Howard que tiene experiencia con Arcade Fire o Vic Chesnutt”, se expresa entre impulsiva y firme la cantautora. Bien, ¿y qué hizo Bilerman en el estudio? “En todo momento Howard mantuvo que las canciones ‘ya las teníamos’. Él diseñó el sonido, hizo que lo hiciéramos en analógico, todos en directo, sin maqueta… Él hizo que sonara así: ‘abellotado’”. El americano consiguió esa suciedad, ese folk rasposo que tanto valoran en América y al que tanto aprecio le tiene Serrat que, pese a que intuyo que lo más cerca que ha estado de Estados Unidos es cuando fue a Hotel2Tango (Montreal, Canadá) a grabar, tiene todo ese imaginario ‘yankee’ en sus raíces, en su familia. “Mi padre es muy cinéfilo y siempre miraba western, lo he mamado. De pequeños siempre nos despertaba con Neil Young, Bob Dylan, Pete Seeger o Xesco Boix”.

La creación en cada disco es un espejo diferente. Con “The Relief Sessions” debía matar fantasmas, en este “en cambio hay más madurez, los temas son más profundos y todo más pensado. ¿El ‘leit motiv’? La superación. El disco se llama ‘Dear Great Canyon’ porque en muchos momentos parecía que tenía que escalar una montaña”. ¿De ahí la división entre “Mountain Side” y el “Valley Side”? “El “Mountain Side” son tal vez las canciones más épicas, intensas y viscerales. A veces el camino se hace largo y costoso, pero otras es más tranquilo -como la segunda parte- dónde todo es más reflexivo, de bajada. Me gusta imaginar el disco en el momento que estás en lo alto con la canción ‘Summer On A Beach’, observando el camino recorrido”. La entrevista toca a su fin, estamos en el despacho de reuniones del Primavera Sound –su sello desde el pasado mes de octubre- y no paro de sacar símiles entre Serrat y Mila -protagonista de “Solitud” (Víctor Catalá)-. Ambas tan abstraídas y condicionadas por el paisaje. El paisaje como estado de ánimo, como motor creativo. “Yo concibo las canciones con perspectivas de campo y texturas, por lo que es vital el paisaje. Todo está ligado a tu entorno, de hecho el disco se llama ‘Dear Great Canyon’ por una montaña de Vic a la que llamamos así en broma. Es un sitio real pero a la vez mitológico, como la Arcadia de los Románticos: un estado emocional al que llegar. El disco busca conseguir esa luz que te acerque a la plenitud”.