Las injusticias, los desafueros y la hipermasculinidad en el mundo funcionan como motor de “Xalá” (Atonal Industries, 2017), el nuevo álbum del angelino de origen costarriquense Dorian Wood. Un disco donde letras encarnadas se deslizan en un puñado de canciones que conviven entre el folklore y la experimentación. Un trabajo cantado exclusivamente en su lengua materna, que invita a la reflexión y a la autocrítica en una sociedad despojada de valores, y que nos sirve de excusa para conversar con el artista sobre la culpa, los toros o la carga de saberse hoy hombre.

Tu nuevo trabajo ha sido grabado en su totalidad en España, concretamente en la localidad de Vila-Real, en Castellón. ¿Cómo ha sido grabar ahí?
Lo grabamos durante cinco días en el auditorio municipal. Todo el disco se grabó en directo, sin cortes. Hicimos varias tomas y elegimos las mejores. Básicamente fue como grabar un disco en directo.

“Me considero un filtro de algo mucho más grande que yo. A veces miro una letra que he escrito y me cuesta creer que ha salido de mí”.

¿Cómo sucedió el encuentro con los músicos que participan en este disco, los españoles Xavi Muñoz (bajista de Laetitia Sadier) y Marcos Junquera (percusionista de Daniel Johnston)?
En realidad fue gracias a Born! Music. Ellos fueron los que me presentaron a Xavi y Marcos para que tocáramos juntos en mi primera gira grande por Europa, hace un par de años. Hubo muy buena química en todo momento y decidimos volver a trabajar juntos. Ahora no me imagino tocar con otra gente que con ellos. Son como hermanos para mí.

¿Lo de publicar un disco exclusivamente en castellano fue algo que tenías pendiente?
Durante aquella gira con Xavi y Marcos mi español no era muy bueno, ya que no solía hablarlo en mi día a día. ¡Me daba muchísima vergüenza no tener fluidez en el idioma siendo latino! (Risas). Había perdido la costumbre y me pareció muy bonito volver a hablar castellano todo el día. La experiencia me inspiró a escribir letras exclusivamente en mi idioma materno. Ahí fue cuando empezó el proceso que desembocaría en ‘Xalá’.

“Xalá” llega a escasos meses de la publicación de lo nuevo de Arca, en el que el productor coquetea por primera vez con el castellano de una manera poco o nunca antes vista. ¿Puede esto deberse a que por fin el idioma se está extendiendo a géneros pocos convencionales como la electrónica o el folklore experimental, como en tu caso?
Mi idea ha sido siempre beber de mis influencias, ya sea, Nina Simone, Scott Walker, Chavela Vargas o el grupo Swans, y dejar a un lado los prejuicios a la hora de incorporarle el castellano. Mi vida ha estado siempre repleta de inspiración, y de alguna manera ha hecho que me exponga mucho musicalmente, sin depender de la presión de tener que encajar en un género específico. Todo lo que hago sale de una forma o de otra porque tiene que salir así. Si este disco está cantado en castellano es porque un cúmulo de circunstancias me han llevado a componerlo así y porque es parte de quien soy. Tengo muy arraigada mi cultura latina y supongo que si ahora me decidí a hacer un disco como este es simplemente porque tenía que ser ahora y no antes.

“Hay tanta persecución, tantas leyes dañinas que siguen sin respetar a las mujeres como individuos libres que pueden tomar sus propias decisiones que me deprime”.

¿Por qué Xalá?
Es una palabra originaria de Costa Rica, que es de donde vienen mis padres y donde pasé cuatro años de mi vida. Significa algo así como “cállate” o “vete”. Un poco como el equivalente de la expresión mexicana “no mames”. El disco trata en su totalidad de la hipermasculinidad en el mundo. El hombre en su naturaleza más primitiva o agresiva dice y hace cosas sin sentido constantemente. Ahí es donde toca gritar ¡xalá! Para mí siempre ha sido una carga el ser hombre, no es algo con lo que no me siento muy cómodo. Ser hombre en este mundo es catastrófico. Si hemos llegado a este punto es por nuestra culpa y no de la mujer. De nosotros llega toda la presión que nos rodea, la inseguridad sexual y todo lo que tiene que ver con el patriarcado. ‘Xalá’ es como una exploración, una denuncia al hecho de ser hombre.

Los derechos de las mujeres siempre ha sido un tema recurrente en tus canciones. ¿Crees que hemos avanzando algo al respecto desde que escribiste “La cara infinita”, probablemente tu tema más protesta en este sentido?
No. Desde luego, no lo suficiente. Aún vivimos en un mundo machista. Solo hay que ver las injusticias que aún se perpetúan en diferentes países. Estamos muy lejos todavía de la igualdad. Lo femenino sigue estando por debajo de lo masculino. Es complicado para mí aceptar el mundo como es. Hay tanta persecución, tantas leyes dañinas que siguen sin respetar a las mujeres como individuos libres que pueden tomar sus propias decisiones que me deprime. Los hombres ya han tenido su turno en este mundo. Yo, por ejemplo, me considero hombre en cuanto a género y, sin embargo, siento alivio y felicidad al ver a una mujer con poder. Creo que es mi deber escuchar lo que tienen que decir. Es fundamental oírlas siempre y tener en cuenta cada una de sus ideas. Sería fascinante un mundo movido por mujeres. Estoy convencido de que el matriarcado es lo único que puede salvar este mundo.

“El ser humano es tan profundo que explorarlo en sus diferentes facetas me parece primordial”.

La canción que da nombre al disco habla de uno de los mundos más masculinos, el taurino. Concrétanos.
En esta canción quería dar mi punto de vista sobre los toros. En la canción, el toro va contra el torero, y con la misma violencia que el hombre lo trata, él se enfrenta a él cargado de venganza. De repente, le pega una cornada y le “saca la cría”. Aunque el torero es hombre y como hombre no puede quedarse embarazado, el acto violento del toro es tan desmesurado que le saca una cría que no existe. En este caso, la cría puede ser la inocencia o cualquier atisbo de felicidad que existe dentro de él. No me considero una persona violenta y, de hecho, si hago música es en parte para descargar toda violencia que pueda haber en mí (Risas), pero como antitaurino esto es lo que siento respecto a este tipo de espectáculos.

“Martillos” es uno de mis cortes favoritos de ‘Xalá’. ¿Qué te inspiró a escribir la letra?
Prefiero no hablar de esa letra y evitar así posibles malinterpretaciones. Musicalmente me inspiré en los martillos de un piano. Tenía una fantasía erótica en la que yo soy un piano y hay un hombre que llega y me toca las teclas, y que los martillos me conducen al clímax, como también ocurre en la canción.

En general tus letras son muy crípticas, más cercanas a la poesía que al folk singer.
Me considero un filtro de algo mucho más grande que yo. A veces miro una letra que he escrito y me cuesta creer que ha salido de mí. Por momentos, la miro con aprecio y otras, con una especie de vergüenza de quién soy. Por momentos hay sentimientos tan oscuros en lo que escribo que hacen que me enfrente a mí mismo. Como decía antes, atribuyo todo lo negativo de este mundo al hecho de ser hombre. Sentimientos como los celos, la envidia, la venganza, la violencia… Me duele ver que aún florecen en mí sentimientos como estos cuando en mi vida procuro ser coherente en todo momento con el feminismo. A veces cuando escribo siento que pierdo el control y que las letras salen solas.
De todas formas, aunque no lo parezca hay mucho que me guardo para mí. Me cuido lo máximo que puedo para no llegar a ese punto en el que me hago daño. Es por eso que hay cosas de las que no prefiero hablar, no sea que se me malinterprete.

El cuerpo y sus diferentes formas de expresión son una recurrente en todo lo que rodea a tu música, ya sean fotos de promo o videoclips, como en el del single de salida ‘Corpulenxia’, donde apareces completamente desnudo, con un vestido de mujer o besando apasionadamente a un hombre travestido. Como si exponerse por fuera formara parte del juego cuando uno se desnuda por dentro.
Expresarme de forma honesta es para mí una especia de terapia. El ser humano es tan profundo que explorarlo en sus diferentes facetas me parece primordial. No hay nada más potente en este mundo que la emoción humana. Mi misión con mi música es dar voz al individuo, ya sean mujeres, personas de otras etnias o no-heterosexuales. Necesitamos defender la autoidentificación.

¿Hay gira a la vista?
El primer concierto lo haremos en el festival Cruïlla de Barcelona el 7 de julio, donde estaremos presentando el disco, pero será en otoño cuando empecemos con la gira grande.