El showcase acústico ante una centena de fans invitados es una de las nuevas armas promocionales de las que gustan multis y cadenas de radio. Llego al Hard Rock Café madrileño un par de horas antes de que comience éste y ya hay gente haciendo cola. Me invitan a un trago y a que me cuelgue una acreditación con la letra de «Profit In Peace» –primer single extraído- ribeteada con banderas de fantasía antes de hacer la entrevista. Simon Fowler y Steve Cradock –voz y guitarra, atención y desdén, palabra y eructos, respectivamente- comparten mesa y cerveza después de una precaria prueba de sonido. Cada uno tiene dos enormes canutos -de no se sabe bien qué, ya que no huelen- y los roles promocionales perfectamente ensayados. Simon contesta y se muestra más o menos atento; Steve rehuye hablar. Eso sí, ambos comparten, además de un aliento cervecero inexpugnable, una procaz desidia hacia mis preguntas. Como yo hacia sus discos más o menos. En su reciente «One From The Modern» –como en «Moseley Shoals» (96), como en «Marchin’ Already» (97)-, además de tres o cuatro temas incontestables, hay minutos de bostezo para dar y tomar. También hay melancolía y tristeza -no sabría decir si bien o mal entendida- por doquier, pero Simon desestima un cuadro depresivo. «No son tan tristes, el desenlace de las canciones es esperanzador. La clave de todo está en el amor. Es lo único que realmente puede ayudarnos a arreglar las cosas. Pero más que nada reflejamos la experiencia de todos los días, hay guerras, hambre, estamos perdidos en el fin de milenio…». Y de todo eso –bueno, de la guerra de Kosovo en concreto- hablan en «Profit In Peace». Sin ánimo predicador, eso sí. «No, el rock no está para eso necesariamente. Creo que puedo aportar algo, aunque es decir otra vez lo que han dicho ya millones de canciones». Es lógico que, a pesar de los pesares, ellos sonrían ahora que los malos tiempos, los de «Ocean Colour Scene» –primer e ignorado disco-, ya han pasado. De amistades fieles sí pueden presumir, todo un Paul Weller les vuelve a avalar en los coros de «No One At All». Simon se infla al hablar de él. «Es un tipo muy importante, además es nuestro ídolo y siempre que podamos trabajaremos con él». Pero la conexión no se queda ahí. Steve Cradock y Liam Gallagher comparten la versión de «Carnation» en «Fire & Skill» (Sony,99), el disco de homenaje a The Jam. Steve emerge entre los vapores de malta para defender a su colega. «La experiencia con Liam fue maravillosa, hice una demo con todo grabado y él puso su voz. No hubo ningún problema, la grabamos en una hora y luego nos pasamos toda la tarde haciendo pequeñas jam-session, divirtiéndonos sin más. Liam no es un tipo problemático… a la prensa le gusta siempre hablar de esas cosas». Después de unas cuantas preguntas de tanteo, llegamos al quid de la cuestión, ese que les acusa de inmovilistas y ante el que se defienden airadamente y por separado. Primero Steve: «Me la suda que la prensa diga que somos inmovilistas. Es lo que decide la prensa cuando sale un disco, nos ponen la etiqueta de que no innovamos». Luego Simon: «Yo creo que sacar un disco con doce nuevas canciones es innovar, si la prensa no opina así, vale». Y a la hora de enjuiciar show-business, prensa y empresa musical vuelven al dueto. Tras un eructo de normando orgulloso, el rubio guitarrista acierta a decir: «En general no tengo demasiado respeto por el mundo del rock y por la industria musical». Mesándose sus cabellos de posgrado en Cambridge, con mesura y corrección, el espigado cantante argumenta: «La gente con la que he trabajado en la industria ha sido buena. Veo que hay más problema en las oficinas de management y de representación, tienen demasiada responsabilidad y no siempre hacen las cosas bien. Cogen una banda para encargarse de ella y se confunden intentando encargarse de la vida de los de la banda. Afortunadamente no dependemos demasiado ahora de managers y toda esa mierda, además la gente con la que trabajamos, nuestro equipo, nuestros técnicos son de puta madre. Por eso de momento bien. Nadie se mete en nuestras vidas». Antes de marcharme les pregunto cuáles son los discos que más les han impresionado últimamente, pero de verdad. Steve dice que Bob Marley, pero Simon lo piensa y asegura: «Johnny Cash… un disco suyo llamado «Cash»…». Por esta vez, me niego a buscar conexiones idiomáticas.


«One From The Modern» está publicado por Mercury/Universal.