“Short Movie” (Virgin/Music As Usual, 2015) es el quinto trabajo largo en cinco años de la británica Laura Marling, una exquisita colección de canciones que eleva su aura por encima de categorizaciones genéricas. Folk fibroso, pop de autor, rock espinado… poco importan las etiquetas cuando uno se topa ante obras de este calibre.

“Short Movie” es fruto del talento de una mujer que con solo veinticinco años destila en sus canciones la misma hondura que las grandes damas del cancionero clásico norteamericano. Su aliento es el de los creadores con marchamo inequívocamente atemporal. El lacre propio de aquellas voces que son capaces de iluminar los rincones más recónditos de nuestras entretelas.

Su nuevo disco es un portento, se mire por donde se mire. Y es fruto de una estancia de dos años en la ciudad de Los Angeles. Una vivencia capaz de impresionar a esta chica de Hampshire (Reino Unido), sumida en la vorágine vital de una gran urbe y de un sistema de valores que, socialmente, depara motivos para el contraste con ese imperfecto, pero alabado estado del bienestar que nos gastamos a este lado del charco. “No lo escribí solo por eso, por el hecho de estar viviendo allí”, comenta, pero sí asume que su residencia en Estados Unidos “sí que fue un factor importante”. Así, ahonda en la idea de que: “América es un país increíble que, a la vez, puede dar miedo. Por ejemplo, si no tienes un seguro privado, estás jodido”. Así que la distancia no se explica solamente en términos geográficos. “El dinero significa allí algo completamente distinto”, remacha.

Desligándose de la tutela del experimentado Ethan Johns (The Jayhawks, Victoria Williams, Tom Jones, Paul McCartney), quien había producido sus tres últimos álbumes, Laura Marling se encarga en esta ocasión de asumir la responsabilidad principal de su sonido. ¿Tiene este dato algo que ver con el deseo de darle mayor crudeza a su discurso? “Produje el disco con mi batería, Matt Ingram, y con el ingeniero de sonido Dan Cox, pero no fue porque lo quisiera hacer más crudo, sino simplemente porque tenía ideas muy simples sobre lo que quería hacer”, dice. Y se explica: “Ethan Johns es un arreglista increíble, y es muy bueno responsabilizándose del contexto sonoro en el que se enmarca mi voz, por ejemplo, pero esta vez tenía muy claro el vocabulario que quería emplear, y hacerlo de una forma simple, así que prefería hacerlo yo misma antes que decirle a alguien lo que debía hacer”.

El mismo título ya es una referencia suficientemente explícita a la industria del cine, una disciplina en la que se vio precisamente envuelta a mitad de grabación, cuando participó interpretando un papel en “Woman Driver”, un corto dirigido por Chris Perkel y que le deparó el Premio a Mejor Actriz en el último 72-Hour National Film Challenge británico, tras ser estrenado en el London Short Film Festival de enero de 2014. En él incluso avanzó alguna de las canciones incluidas en este nuevo trabajo, como “Walk Alone”. La información que circula por la red apunta a que las sesiones fueron cortadas de cuajo por la grabación del filme, pero ella precisa que, en realidad, el año pasado “hice un álbum completo que deseché, porque no me terminó de convencer, aunque ahora lo podamos ver como el precedente necesario para este. Y luego hice este”.

Su breve incursión ante las cámaras fue, pues, algo así como la espoleta para que “Short Movie” tenga la forma que tiene, ya que “no es un álbum dividido en dos sesiones que se interrumpen en el tiempo, sino solo una colección de canciones”. Una colección de canciones que perfila un universo completamente diferenciado para cada uno de sus temas. Cada uno con su atmósfera, con su cúmulo de referencias y ambientaciones sonoras, totalmente independientes las unas de las otras. Quizá también su trabajo más ecléctico. “Me gusta la descripción que haces del álbum, que te parezca ecléctico en el sentido de que cada canción sea un universo sonoro diferenciado del resto, porque he tratado de dar una temática muy diferente a cada canción. Son muy distintas las unas de las otras, como segmentos diferenciados”.


 

Pese a esa concepción casi cinemática de la composición, como si cada tema supusiera una viñeta individualizada y plenamente autónoma (como un corto, vaya), ella le quita hierro al tema de su incursión en el cine. “Ha sido algo muy divertido, la verdad, porque necesitaban a una chica que fuera cantante y pudiera tocar en directo, así que tuvieron suerte de dar conmigo”. Con todo, no se ve “abordando una carrera en el cine, aunque la experiencia fuera francamente divertida. En realidad yo no estaba actuando, porque simplemente estaba siendo yo misma delante de la cámara”.

También alberga bastantes dudas respecto a los reconocimientos de la industria. Nominada en los Premios Mercury de 2008 por “Alas I Cannot Swim” (Virgin, 08) y premiada en los Brit de 2014 por “Once I Was An Eagle” (Ribbon, 13), después de estar nominada también en 2010 y 2012, admite que le resulta “difícil” decir hasta qué punto considera importantes esos premios, porque se precia de “ejercer un gran control” sobre su carrera, de forma que le gusta “que tenga las dimensiones que tiene, porque nunca he pretendido tener más que eso”. Así que se explaya para reconocer que tienen su valor, pero con reservas. “Los valoro porque suponen un reconocimiento a mi trabajo, pero al mismo tiempo me granjean una atención mediática que no siempre es la adecuada”. ¿Pueden contribuir, no obstante, a acercar su música a públicos que la desconocían? “Bueno, de hecho lo hacen”, concluye.
Tampoco cree que su carrera haya ido demasiado rápido hasta ahora, pese a esos cinco álbumes despachados desde que debutó con poco más de diecisiete años. “No lo siento así, creo que todo ha ido al ritmo que tenía que ir”. Y el hiato entre su último retoño y su anterior disco es quizá la prueba, en su opinión, de que las cosas se están desarrollando al ritmo que deben. “Este es el lapso de tiempo más grande que he estado sin editar discos, totalmente desconectada de la música, y la verdad es que ahora siento que no podría volver a hacerlo de nuevo. No podría estar otra vez tanto tiempo sin componer nada”.

A Laura Marling se la tilda en muchas ocasiones de estar enfermizamente obsesionada con la música facturada entre finales de los sesenta y principios de los setenta, así que le preguntamos al respecto. Su respuesta es tan tajante que aún no tenemos claro si estamos ante una esencialista acérrima o ante alguien que, simplemente, puede que a causa del tedio provocado por los rigores promocionales, nos está vacilando un poco. “Sí, totalmente, más que ninguna otra cosa. Te diría que casi escucho de forma exclusiva música hecha en 1969”. Más condescendiente se muestra a la hora de hablar de esas comparaciones que la sitúan como directa heredera de Joni Mitchell, Rickie Lee Jones, Laura Nyro o incluso Patti Smith. “No me importa esas comparaciones. Tengo una influencia clara de Joni Mitchell, sin duda”, asume con naturalidad. Y reconoce: “Si alguna vez tuviera el placer de hacer algo con ella, ni me lo pensaría”. Los nutrientes sonoros son para ella algo completamente natural. “Soy plenamente consciente de mis influencias y estoy feliz con ellas, y me gusta que la gente lo detecte, porque eso significa que entienden mi música”. Laura Marling estará de gira por Europa en mayo. Así que solo nos queda cruzar los dedos porque a partir de entonces se deje caer por nuestro país. Difícilmente lo hará con mejores argumentos que los que alberga este nuevo álbum.