“Este es mi disco más natural”
Entrevistas / Laura Marling

“Este es mi disco más natural”

Carlos Pérez de Ziriza — 10-05-2020
Fotógrafo — Archivo

“Song for Our Daughter” (Chrysalis, 2020) es el séptimo álbum de la británica Laura Marling. Una colección de canciones sencillas, apenas sostenidas por guitarra acústica, piano y algunos arreglos de cuerda, con los que ha vuelto a su versión más concisa.

Un trabajo confesamente exento de cualquier atisbo de modernidad, remotamente inspirado en el libro “Carta a mi hija” (2008), de Maya Angelou, y cuya publicación – inicialmente prevista para este verano – ha decidido adelantar varios meses como una forma de poner su granito de arena en algo que miles de personas necesitan estos días desde sus casas: entretenimiento. Nos lo cuenta por teléfono desde su casa al norte de Londres.

¿Cómo estás llevando esta situación de confinamiento?
Bien, creo que estamos un par de semanas por detrás de vosotros, en España. Está empezando a ser un poco… está dejando de ser como un largo Boxing Day (N. del R: el puente del día festivo después de Navidad en Reino Unido) y más como una película de ciencia ficción, a medida que los días pasan. Con sus altibajos. Nosotros al menos tenemos un pequeño patio, y vivimos justo al lado de un enorme parque, así que no estamos del todo mal.

Este álbum iba a publicarse este verano, pero a diferencia de lo que han hecho otros muchos músicos, que han retrasado hasta entonces los discos que tenían previstos para ver la luz en abril y mayo, tú has hecho justo lo contrario: adelantarlo. ¿Por qué?
Pensé que ahora es un muy buen momento para escuchar música. Y también para entretener a la gente. Al menos yo lo veo así, me parece obvio. Es también el disco que más tiempo he tardado en publicar de todos.

“Tampoco me he sentido nunca particularmente en el foco de los medios, quizá porque siempre me ha gustado mantener la privacidad sobre mi vida”.

Es un trabajo muy sencillo en las formas, muy básico. Tan solo tu guitarra acústica, el piano y algunos arreglos de cuerda a cargo de Bob Moose (alguien que ha trabajado con Paul Simon, Bon Iver o Jose González). ¿Puede que sea uno de los discos más espontáneos?
Creo que los sonidos que he empleado responden a la necesidad que sentía de ser yo misma, no intentar aparentar ser más inteligente de la cuenta, y que las canciones reflejen eso. Algunos elementos son muy espontáneos, pero los coros están muy trabajados, las cuerdas son bastante intrincadas… yo diría que es el más natural de mis álbumes, creo.

¿Cuál es el origen del título? ¿Por qué “Song for Our Daughter”? ¿Es una forma de escribir acerca de una hija imaginaria que no tienes? ¿Te basaste en algún personaje de ficción?
Es una licencia ligeramente figurativa, tampoco todas las canciones del álbum tratan sobre ello. En realidad, creo que es como una versión más joven de quien soy yo misma, en realidad, más que una apelación a una generación futura. Es una visión retrospectiva en torno a mis propias experiencias, y al hecho de que nadie está preparado para ello, en realidad.

De hecho, es algo que creo que plasmas muy bien en “Blow By Blow”. ¿Podría decirse que es una forma de escribir aquello que te hubiera gustado que tu propia madre o padre te dijeran?
Más o menos. Es una forma de escribir sobre cosas con las que me he topado en mucha música y mucha literatura que he consumido últimamente. También me hubiera gustado tener más seguridad en mí misma, o más confianza en mí misma a la hora de manejarme con seguridad por la vida hasta ahora.

¿En qué medida te ha influido el hecho de que desde los 17 años seas una artista con cierta notoriedad en los medios, desde que debutaste en 2008? ¿Te ha restado confianza? ¿Te la ha dado?
Me resulta difícil decirlo porque no tengo ninguna otra experiencia al margen, que yo recuerde. Pero tampoco me he sentido nunca particularmente en el foco de los medios, quizá porque siempre me ha gustado mantener la privacidad sobre mi vida. Creo que mis experiencias son, en ese sentido, transferibles a las de la vida de cualquier otra persona. Supongo. Todos los vínculos emocionales que creas cuando tienes veintipocos años, y la forma en la que las cosas no salen como esperas, y todos los terribles errores que cometes (risas), eso es algo por lo que todo el mundo pasa. Es parte de madurar. Algo por lo que has de pasar.

¿Qué piensas entonces cuando lees que tu música, especialmente por tus letras, es inusualmente madura para alguien que acaba de cumplir los treinta años?
No lo sé (risas). Cuando era más joven, me sentía una persona muy madura. Pero ahora que he crecido, me siento tremendamente inmadura. Supongo que es una de esas grandes ironías. Creo que utilicé esa sensación de madurez como una forma de protegerme cuando era más joven. Una forma de protegerme porque no encajaba en ningún lado, era un bicho raro. Esa cualidad fue nutrida por la gente, por alguna razón, sobre todo cuando me decían que era muy reservada. Y también por mí misma, claro, porque al final conseguía que esa característica primara sobre otras.

Has estado estudiando últimamente un master en psicoanálisis. ¿Te ha influido a la hora de afrontar el folio en blanco?
No estoy segura de que haya influido en mi forma de escribir, pero es interesante ver cómo te ayuda a ver lo que está por venir a nivel creativo. En todas las formas de creatividad, ya sea la escritura, o el cine, hay siempre una escuela del psicoanálisis que trata de entender ese impulso. Y también el haber sido paciente de psicoanálisis, obviamente, influye. Mi trabajo tiene que ver con eso. Hay muchas cosas a las que el psicoanálisis puede responder, sobre qué es lo que impulsa tu creatividad, qué historias cuentas y por qué las cuentas. He pensado más en todo esto en los últimos cinco o seis años, pero no creo que haya influido específicamente en mi forma de escribir.

“Hay muchas cosas a las que el psicoanálisis puede responder, sobre qué es lo que impulsa tu creatividad, qué historias cuentas y por qué las cuentas”.

Tuve la ocasión de entrevistarte hace cinco años y me contabas que prácticamente podías vivir escuchando solo música de 1969. O de principios de los setenta. ¿Sigue siendo así, o hay música del momento que te guste?
La mayor parte de la música que sigo escuchando es de aquella época. Y aún descubro cosas de esa era de las que no había oído no hablar, es sorprendente. Pero mi banda favorita en este momento, y creo que se ha convertido ya en una de mis favoritas de siempre, es actual: son Big Thief. Son increíbles. Así que ya ves, a veces hay cosas contemporáneas que se cuelan ahí también.

¿Alguna de esa música que descubres tiene reflejo en tus propias canciones?
He trabajado con Blake Mills en algunos de mis álbumes, él también es compositor, y se podría decir que él sí ha tenido influencia en mi música, porque es de esas personas que se aburren fácilmente. Trabajando con él, me di cuenta de que, inconscientemente, muchas de las cosas que escribía son producto de la misma época, y él me hizo cuestionarme hasta qué punto eso respondía a una cierta pereza por mi parte. No sé hasta qué punto eso me ha hecho cambiar, pero sí es una forma de pensar de la que he tomado nota. Su paleta, sus gustos, han influido en los míos.

En cualquier caso, en este nuevo disco has contado de nuevo con Ethan Johns, alguien que también parece un compañero perfecto a lo largo de tu carrera como productor.
Pues lo es y no lo es. He trabajado con él muchísimas veces, y nuestra relación ha cambiado mucho. Este disco lo hemos coproducido juntos, y todo ha salido estupendamente, claro, y ha sido una experiencia interesante para ambos, porque me ha permitido distanciarme de lo que había hecho con Blake Mills, y de haberme autoproducido, y también de mi trabajo con Lump, el otro proyecto en el que participo, y este disco ha sido como volver a una forma más tradicional de hacer las cosas. Y fue un poco shock para los dos, ya que yo venía de trabajar con las técnicas de Blake Mills. Yo soy como alguien a quien él Ethan (Johns) ha entrenado, desde hace mucho tiempo, en una forma muy tradicional de grabar, y ahora yo llegaba con una visión muy distinta del mundo y de cómo se hacen las cosas. Así que fueron sesiones muy… interesantes, por decirlo de alguna forma.

Ya que los mencionas, ¿tienes algo previsto con Lump, tu proyecto junto a Mike Lindsay, de Tunng?
Sí, terminamos nuestro segundo álbum en diciembre, y creo que saldrá a finales de año. Aunque, ¿quién sabe ahora mismo? Pero está hecho.

¿Es cierto que “Blow by Blow” y “For You”, dos cortes de tu nuevo álbum, son canciones inspiradas en Paul McCartney?
Sí, he descubierto a Paul McCartney tarde en mi vida, y me da mucha vergüenza no haberlo hecho antes. Toda su obra. Obviamente, los Beatles siempre fueron algo familiar, pero nunca había aislado la obra de McCartney de la de Lennon. Cuando eres más joven es como que Lennon te parece más cool, hasta que descubres la cantidad de grandes canciones que escribió McCartney. La inspiración me vino sobre todo tras escuchar “Jenny Wren” (N.de. R: de su álbum Chaos and creation in the backyard, de 2005).

Siempre da la impresión de que John Lennon está mucho más idealizado, quizá por el hecho de haber muerto de la forma en que lo hizo, hace cuarenta años, y que a McCartney no se le valora por igual.
Sí, creo que es uno de esos pensamientos binarios, un poco absurdos, en los que la gente cae, como su hubiera que pensar por oposición a lo otro.

¿Y qué puedes decir de “Alexandra”? ¿Retoma la idea de “Alexandra Leaving” de Leonard Cohen?
Sí, remotamente, pero lo hace. Me encanta Leonard Cohen, es probablemente mi compositor favorito. Y me encanta la forma en la que escribe sobre las mujeres. Puede ser visto como una respuesta controvertida a “Alexandra Leaving”, pero para mí es más una cuestión de curiosidad por el sobrevivir a la pasión que él sentía como hombre, qué le pasaba como persona y qué era lo que venía después.

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