Este verano Los Auténticos Decadentes visitarán nuestro país con ganas de demostrar por qué llevan treinta años poniendo a bailar media Latinoamérica. Y lo harán con un show que repasa buena parte de su carrera. De momento han confirmado el Portamérica (5 de julio, Carballeira) el Río Babel (6 de julio, Madrid), el Grec (7de julio, Barcelona), Gran Canaria (8 de julio) Es Gremi (11 de julio, Palma de Mallorca) y Las Dalias (12 de julio, Ibiza). La fiesta está asegurada.

Si el año pasado eran Los Fabulosos Cadillacs los que acudían a varios festivales españoles a revindicar su legado dentro del rock mestizo latino, este año le toca el turno a otro de esos grupos grandes, muy grandes, en su Argentina natal y en el resto de Latinoamérica. Sin embargo, y pese a sus treinta y un años de carrera, Los Auténticos Decadentes no son tan conocidos en nuestro país como los Cadillacs, e incluso es probable que mucha gente joven que disfruta de bandas como La Pegatina no tengan ni idea de quienes son. “A todo ese público joven que no conoce nuestra carrera les diría que lo primero que tienen que escuchar es nuestro disco Mi vida loca de 1995, luego que sigan con nuestro primer disco y después con Club Atlético Decadente de 2006”.

El que responde a mis preguntas sentado cómodamente en el sofa de un hotel de Ciudad de México es Moska, percusionista de la banda, al que se le da muy bien eso de convertirse en portavoz del grupo. Se explaya como buen argentino en sus respuestas, trufándolas de anécdotas que tan pronto pasan por hablar de la plata que le devolvieron a la mamá de un amigo suyo, ya fallecido, que había puesto pasta de su bolsillo para que pudieran grabar su primer álbum, o explicar la enorme influencia que ejerció “Casa Babylon” (1994) de Mano Negra, salpicado con el recuerdo de aquella vez que les paró la policia con Manu sentado en la parte trasera de su auto. Tres décadas dan para contar mucho y como el propio Moska me cuenta: “A diferencia de otros, que igual llevan más de treinta años sobre un escenario, pero en algún momento de su carrera hicieron un parón, nosotros nunca hemos parado. Nuestro crecimiento fue lento desde el principio, tanto en Argentina como en el resto, por eso nos parece muy lindo haber celebrado nuestro treinta aniversario. Eso sí, seguimos mirando para delante. Mi amigo Cucho siempre dice que ‘lo bueno todavía está por venir’”. Ellos achacan su longevidad a dos aspectos que consideran vitales para el buen funcionamiento del grupo. Por un lado el sentido del humor que salpica todo lo que hacen, desde su puesta en escena a su música trufada de estilos populares. Por otro, que desde el principio han funcionado como una cooperativa en la que cada uno de ellos tiene un rol asignado. “Y te diré más… una parte de los derechos de autor van a un un fondo común del propio grupo, y gracias a ese fondo pudimos comprarnos nuestra casa en el año 93”. Viéndoles de forma superficial y desde fuera, nadie diría que este combo de hasta doce componentes tenga las cosas tan bien asigandas y engrasadas, pero lo cierto es que si estamos hoy aquí es porque en breve se van a presentar ante más de 60.000 espectadores en Ciudad de México. Un hito que contrasta con las veintipocas personas que fueron a verlos hace dos décadas en su primera visita a la capital Azteca. “Nosotros nunca hemos querido vender nada a la gente. Ellos se creyeron la verdad”.

La verdad. La verdad siempre depende del cristal con el que se mira, y en el caso de los Decadentes hay muchos vidrios en los que poner el ojo. Se les puede acusar de facilones, de que las estructuras de sus canciones son simples, pero ellos tiene una respuesta para todo. “Nosotros venimos del punk. De una época en que lo que importaba de veras era la actitud y no si sabías hacer las cosas o no. Venimos del punk, del ska, del reggae, de la new wave… Una de nuestras mayores influencias fue la de Sumo, una banda formada por un italiano criado en Inglaterra que llegó a Argentina huyendo de la heroína, porque en nuestro país no hay amapola, y cuando llegó armó una banda de punk a modo de The Clash y cortó con todo el progresivo que se estaba haciendo en el país. Los Cadillacs en el 87 ponían entero el disco de Sumo antes de salir a tocar”. Y llegados a este punto la conversación deriva en lo mucho que la música española de la época les influenció en sus inicios. “Escuchábamos a Toreros Muertos, Los Inhumanos, La Polla, Kortatu, Loquillo… incluso hace unos años llegamos a hacer una colaboración con Los Chunguitos… Piensa que todos somos hijos de españoles o de italianos y para nosotros el pasodoble es algo muy común, incluso en Córdoba hay un ritmo muy parecido al pasodoble que le llaman cuarteto”. Y es que con Los Auténticos Decadentes la diversión está asegurada.

En directo desde México

Me encuentro en el Foro Sol de México, un enorme recinto que aprovecha una de las curvas del circuito de velocidad de la ciudad para realizar espectáculos de carácter masivo. Hoy se esperan cerca de 60.000 almas que han sido citadas para disfrutar con Los Auténticos Decadentes. Cuesta imaginar algo así en nuestro país. No se me ocurre ninguna banda, que no sea de la órbita anglosajona como Muse, U2 o Coldplay, capaz de congregar a tanta gente tan predispuesta a corear las canciones con una pasión de la que aquí carecemos. Y es que, ya desde primera hora de la tarde, la riada humana mayoritariamente joven, se deja notar en los aledaños de un circuito en el que todo resulta de lo más pintoresco, sobre todo visto con los ojos de un desubicado europeo.

Pasadas unas horas y tras la actuación de los teloneros, Los Auténticos Decadentes se hacen dueños del escenario. Si bien al principio suenan algo embarullados, poco a poco el sonido de la banda se irá asentando para desplegar el gran show de fiesta y baile que han preparado. De hecho una de las características de los argentinos es su capacidad para parecer varios grupos en uno solo, como si sufrieran una especie de disfunción de personalidad múltiple en función de quién se haga cargo del micro. Si Cucho y Moska representan el lado más canalla, Serrano ejerce el contrapunto más sereno y romántico de la banda con su aspecto de intelectual despistado. Un fantástico show de más de tres horas que ha desfallecido muy pocas veces y que ha logrado su objetivo: que todo sea una gran fiesta.