Distante, ausente e incluso preocupado es como encuentro a Tim. Estoy convencido de que no debe haber sido una decisión nada fácil el llevarse de gira a su pequeño. Ayer en Barcelona, hoy Donosti, el viernes en Calahorra. Demasiado trote, por mucho que cuente con todo el cariño de sus padres. Y es que una gira se hace dura a cualquiera, no importa su edad. Laetitia también tiene al niño controlado, demostrando lo fácil que le resulta ser toda una madraza por la tarde, para pasar a convertirse, por la noche, en una magnífica cantante, teclista y en una inquieta frontwoman. «La verdad es que sí que es duro, pero ya es algo mayor. A la hora de grabar el disco ya decidimos no salir, porque en principio queríamos haberlo grabado en Chicago, pero como era muy pequeño, al final lo hicimos en Bristol». Tanto comentario con respecto a lo duro de la vida en la carretera viene a cuento de la reciente gira de Stereolab por nuestro país. Actuaciones junto a Gorky’s Zygotic Mynci, un festival (el Serie B) y esa suerte de fiesta que se dio en llamar Pop Attack y que reunió en Barcelona a Scott 4, Luna, los ya citados Gorky’s y a ellos. «Fue algo caótico. Tocamos cuatro bandas en una sala pequeña. Tuvimos que hacerlo todo rápido, las pruebas, los cambios. Sentí por momentos pánico. Pero estuvo muy bien. Todas las bandas eran magníficas». Aunque mejor trasladémonos por unos instantes ocho años atrás. Por aquel entonces Tim y Laetitia andaban dando sus primeros pasos como banda, brindándonos las primeras sorpresas. Desde entonces ha llovido mucho y con fuerza. No solamente crearon su propio sello (Duophonic), sino que nos han obsequiado con infinidad de grandes álbumes, singles e incluso proyectos paralelos. «Sí, han pasado muchas cosas desde que comenzamos en 1991. Entonces hacíamos un sonido más básico y poco a poco hemos ido introduciendo más arreglos, más producción. En todas las bandas se producen cambios y nosotros lo hemos tenido tanto en los componentes como en una mayor progresión a la hora de hacer arreglos». De todos modos, no cabe duda de que, en sus últimos trabajos, ha resultado fundamental la colaboración como productor de John McEntire, que en esta ocasión comparte funciones con Jim O’Rourke. «Nos encanta la forma de trabajar de John. Su forma de grabar, de mezclar, de disponer los micrófonos. Realmente es magnífico y por eso seguimos trabajando con él». Sólo que nada tiene que ver con McEntire (también a cargo de la producción del reciente trabajo de Snowpony) el que Stereolab sean unos maestros en el arte de la evocación, en su destreza para hacernos viajar de Francia a Brasil a partir de esas interminables secuencias melódicas. Y eso es algo que llevaron hasta la perfección en «Doots And Loops» y sigue marcando las directrices de su reciente«Cobra And Phases Group Play Voltage In The Milky Night», un trabajo en el que nos sorprenden con sonoridades inéditas, con un universo sonoro que suponemos difícil de trasladar a los escenarios. «Al principio no era tan difícil porque como ya hemos hablado nuestro sonido era mucho más básico. El problema ha llegado con los últimos trabajos, sobre todo con el «Doots And Loops». En él existían un montón de arreglos y de producción que hizo que al principio tuviese miedo de cómo iba a sonar en directo. Pero de todas formas no pretendo que los directos sean una mera copia de lo que realizamos en estudio así que intentamos hacerlo lo mejor posible». Y volviendo a ese poder evocador del que antes hablábamos, no negaremos que la soltura con la que Stereolab utilizan en sus textos el inglés o el francés también debe contribuir a esa capacidad por trasladarnos a lugares exóticos. Sólo que eso es algo que no gustó demasiado a su público estadounidense. De hecho, los aficionados americanos no les perdonaron el no haber podido entender los textos de sus dos trabajos anteriores. «Al principio todas las canciones eran en inglés, pero luego nos dimos cuenta que Laetitia se expresaba mucho mejor en francés. El inglés es un lenguaje más analítico, es más preciso, sin embargo el francés tiene más fuerza. Realmente hay mucha gente a la que no le importa el idioma». En ese momento y justo cuando empezamos a hablar del temido MP3, volvemos a escuchar un llanto. Tim desvía la mirada y pierde todo el interés en nuestra conversación. Sin quitarle tiempo me despido.