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Qué un (ex) Bad Seed rinda pleitesía a Serge Gainsbourg es algo que entra dentro de lo lógico. Que facture un álbum de versiones del francés es, cuanto menos, interesante. Que lo haga dos veces es sorprendente. Tres ya es algo fuera de lo común. Pero que lo haga una cuarta empieza a tomar dimensiones de insana obsesión. No en vano, Harvey fue el primero en atreverse a llevar al idioma de Shakespeare el estimulante (y complejo) universo lírico del icono francés. Con Intoxicated Women, Havey da una vuelta de tuerca más a su obscuro objeto de deseo apropiándose de un total de quince melodías de las que Gainsbourg escribió específicamente para voces femeninas, entre otras las de Juliette Greco, France Gall, Brigitte Bardot y, por su puesto, Jane Birkin.

El disco se abre con una re-lectura en alemán del clásico Je T’aime…Moi Non Plus (Ich Liebe Dich… Ich Dich Auch Nicht), en la que se acompaña de Andrea Schroeder. Una especie de “más difícil todavía” con un resultado un tanto deslucido; la dura fonética alemana no parece la más adecuada para lo que es, esencialmente, la balada über sexual más francesa de la historia. Schroeder pone voz también a la oscuramente carnavalesca Striptease (originalmente escrita para Bardot) y God Smokes Havanes (Dieu Est un Fumeur des Havanes) con un excelente trabajo de cuerda de Bertrand Burgalat.

A lo largo del disco escuchamos también a Channthy Kak (Cambodian Space Project), Sophia Brous, Lyndelle-Jayne Spruyt, Jess Ribeiro y Xanthe Waite (de la banda Terry). Estas dos últimas interpretan, respectivamente, The Drowned One (La Noyée) y Baby Teeth, Wolfy Teeth (Dents de Lait, Dents de Loup), quizás las versiones más impactantes del lote. Sobretodo porque se trata de dos de las composiciones menos conocidas del francés, que toman aquí un carácter exuberante y delicado que les sienta realmente bien. Pero probablemente la más conseguida de las versiones sea la que cierra el disco; Cargo Cult (Cargo Culte) de Melody Nelson. Sus punteos de guitarra casi psicodélicos y la voz afectada del propio Harvey impulsan el tema con un carácter melodramático aún mayor que la original.

Con el paso de los años, Mick Harvey sigue aferrado a esa idea idílica de Europa tan intrínseca a la figura de Gainsbourg. Nacido en la lejana Australia, Harvey continua imaginado el viejo continente como una fuente inagotable de inspiración romántica. Y aunque cualquier homenaje al gran Serge es siempre bienvenido, su falta de actualización a los tiempos que corren convierte Intoxicated Women en un anacronismo curioso pero falto de un auténtico interés y, desde luego, un escalón por debajo de sus discos de versiones de los noventa.

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