Cuando el cine y la música se dan la mano pueden pasar cosas tan maravillosas como las que tuvimos la oportunidad de presenciar el pasado sábado en la madrileña sala Joy Eslava.

Con motivo de la publicación en DVD y Bluray de la película “Los exiliados románticos”, los asistentes pudimos disfrutar del visionado de la misma inmediatamente seguido de un señor concierto de Tulsa. 70 minutos de metraje y 50 minutos de música en directo. Un formato novedoso que ya se testó con buenos resultados en septiembre con tres fechas en la Cineteca. Pero está vez el reto era mayor. Principalmente porque el entorno a priori no parecía el más propicio para ver una filme. Sin embargo, casi por arte de magia (y con la inestimable ayuda de unas propicias butacas), el espacio se convirtió en una improvisada sala cine, recuperando el sabor añejo de los tiempos en que fue uno de los teatros más importantes de la capital.

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La relación entre la música de Miren Iza y la película de Jonás Trueba no es meramente testimonial. Además de ser la autora de la banda sonora, a lo largo de la cinta se le puede ver interpretando muchas de sus canciones en lo que, más que un cameo, parece el hilo conductor. Al fin y al cabo los temas que conforman su último álbum, “La calma chicha” (Gran Derby Records, 15), giran en torno a ideas y sentimientos muy similares a los que muestra el filme. De hecho, según confiesa el propio Jonás, “Los exiliados románticos” está inspirada en gran medida en las canciones de Miren.

La película trata sobre tres amigos que emprenden un viaje por carretera en el que se reencuentran con amores del pasado, idílicos o efímeros, en busca quizás de un aliciente para revitalizar su existencia en plena crisis de madurez. La música de Tulsa mece el camino a lo largo de todo el trayecto, pero si hay un punto de especial emotividad esa es la escena en que el vehículo de los protagonistas es seguido por el de Miren (“la cantante”) mientras suena “Carretera”, rescata de su primer trabajo “Solo me has rozado” (Subterfuge, 07).

Tras el visionado se retiró la pantalla y la propia Miren apareció sobre el escenario, está vez en carne y hueso, para desgranar lo más destacado de su repertorio. Con una puesta en escena sobria y delicada (mención especial para las luces) todo cuanto habíamos escuchado en cinemascope se volvió tangible. Flanqueada por los teclados de Javier Carrasco y Jaime Arteche, con Alfredo Niharra a la guitarra y Ramiro Nieto a la batería, Miren comenzó su actuación sin su habitual guitarra bajo el brazo. Como una Beth Gibbons guipuzcoana, focalizó su energía durante la primera parte del concierto tan sólo en sus cuerdas vocales.

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Hay que reconocer que la inclusión de sintetizadores le ha sentado realmente bien a su folk-pop. Conforme avanzaba, la actuación no dejaba de crecer en intensidad y estremecimiento. Para cuando tocó “Los amantes del puente” la audiencia estaba ya totalmente sumergida en su envolvente armonía.

Pero todavía hubo tiempo para más. Con la acústica de nuevo entre las manos recuperó otros temas antiguos e invitó al compositor donostiarra Rafael Berrio a marcarse un dueto con ella. Los últimos diez minutos de la actuación, ya metidos en el tiempo de descuento y con el público en pie (la mayoría habíamos olvidado las butacas), fueron sencillamente excelentes. Se dejaron para el ultimísimo momento su “Oda al amor efímero”, ese himno que todos esperábamos y que tan presente está (musical y espiritualmente) en la película de Trueba.