Como un terremoto soñado pasó ayer Rihanna por el escenario del Palau Sant Jordi. La cantante de Barbados, que ayer ofreció su primer concierto en tierras catalanas, hizo honor al disco que da nombre a su actual gira, “Loud”, atronando con un volumen brutal el recinto situado en la anilla olímpica. Pero ojo, no se trataba solo de aturdir al respetable con esos decibelios, sino de hacer aun más intenso un concierto en el que hubo un poco de todo. Muy cercano a Madonna en espíritu y puesta en escena, asistimos a varios gimmicks dignos de mención: cuatro pantallas gigantes y cuatro cúpulas enormes que servían un poco de todo, un coche desguazado de atrezzo que protagonizó la primera parte del show, un improvisada barra americana con Rihanna ejerciendo de dominatrix, un tanque rosa gigante con dos cañones que escupían humo… El pase de ayer de la barbadense fue un verdadero festival de atracciones dignas de parque temático, teniendo como cumbre el momento en que una plataforma circular situada en la parte central del escenario se elevó sobre los aires con la artista cantando una de sus baladas encima de un piano de cola. Sobre la actitud escénica de Rihanna (que ojo, traía bajo el brazo un nuevo disco “Talk That Talk” que acaba de salir al mercado), otorgarle un rotundo diez. En todo momento se presentó felina, sexual y desafiante, abriéndose de piernas de forma continua y frotándose siempre que podía con algo (uno de los momentos álgidos fue sus escarceos amorosos simulados sobre el escenario con un fan), pura lujuria y curvas de infarto en movimiento. La cantante, que se cambió de ropa numerosas veces (lució biquinis imposibles de fantasía, un vestido hecho de chapas militares, vestidos de noche y hasta un frac, entre otros atuendos), dejó caer durante el show la mayoría de sus hits, rompepistas como “Man Down”, “Only Girl (In the World)” (que sirvió para abrir el concierto de forma volcánica) , “S&M”, “Shut Up and Drive”, “Breakin’ Dishes” y “Don’t Stop the Music”. La noche se acabó con unas coreadísimas “Umbrella” y “We Found Love”, con la que el Sant Jordi se convirtió en una pista de baile gigante. Ayer por la noche Rihanna se consagró como una de las grandes divas del pop y el r&b actual. Su poderío, carisma, presencia escénica y hitazos así lo avalan.